miércoles, 22 de abril de 2009

NUEVA 2

Día internacional del libro. Maldito día.

El jueves 23 de abril, día de la comunidad en Castilla y León, en el que las pequeñas librerías, sobre todo si son rurales, se ven prácticamente obligadas a cerrar, día en el que por estas lides se disfruta de una jornada festiva en Villalar, pueblo simbólico en el que los castellanos celebramos la derrota más amarga, ese día es el maldito día internacional del libro, según sus defensores porque en tal jornada de 1616 palmaron nada más y nada menos que Cervantes y Shakespeare, hecho matizable y a menudo matizado hasta el desmentido. Así que los pequeños libreros castellanos piensan, más bien, que la Unesco no sabía cómo tocarles las narices y tuvo, iluminada, esta idea. Eficaz. Desde 1996 el día es oficial.

En España el día del libro se viene celebrando desde 1930 y el hecho se adjudica al valenciano no se qué Clavel. Parece que fue Cataluña la región donde mejor y más naturalmente se afianzó la celebración hasta convertirse en tradición y que acompañaba al patrón de ellos, y entre el cascarón comercial que todo lo puede y la rosa que lo adorna el 23 de abril es uno de los días más celebrados por allí. También por aquí. Por allá y acullá pero, ay Dios, en pueblos pequeños como Olmedo, se hace difícil celebrar el Día Internacional del Libro.

Ya sabrán que Juan Marsé ha sido en este 2009 galardonado con el CERVANTES, el premio más prestigioso de las letras hispanas y del que se hará entrega oficial el mismo 23 de abril, a cargo de las majestades de todos los españoles. Sabrán también que el autor catalán (vaya artículo más catalanista, coño) ha aprovechado para chincar un poquito a los de la industria cinematográfica española, y que a alguno le ha sentado mal, pero es normal que a uno le siente mal que le retrieguen sus cosas malas. Más bien deberían estar agradecidos los del cine porque Marsé sólo se metió con los guionistas y, en realidad, no hay mucho que salvar hoy de entre nuestras pobres pantallas panorámicas. Si todo el tiempo que se dedica desde el sector a pensar y gestionar las subvenciones del Estado y la protección de los derechos de autor la dedicaran a pulir su trabajo seguramente les saldrían pelis más chulas.

Estaría bien, en ese sentido, que se quedaran en casa guionistas y directores de patético sentido del humor, lo mismo que gestores que tratan de hacer pelis americanas con presupuesto (subvencionado) español, o que realizan terribles versiones de libros más que decentes y que, a menudo, adquieren la categoría de obra maestra cuando se los compara con su versión cinematográfica. Por pedir yo pediría, incluso, que los actores vocalizaran pero lo mismo esto ya es pedir demasiado. En cualquier caso en el día del libro no es previsible que el Marsé se meta con el cine español más que yo. De hecho es seguro que no dirá nada al respecto. Y tengan en cuenta que yo cuento con la ventaja de que ni siquiera soy. Y me escurro.

El día 23 de abril es el maldito día del libro y por aquí siempre nos ponemos nerviosos y, a veces, despotricamos contra el cine español porque en La Tienda de Lope hay quien siente la necesidad de hacer algo y a mi sólo se me ocurre esto. Cada año se hace, sin embargo, tarde para creatividades extraordinarias y éste no ha sido menos. Al librero se le ha ocurrido hacer descuento los dos días siguientes al maldito: viernes y sábado, lo cual no indica mucha imaginación pero supongo que, al menos, cumple con el expediente. Compren sus libros un quince más baratos y llévense el último boletín ALICIA, en el que no nos metemos con el cine español, sino con Juan Marsé.

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