viernes, 1 de junio de 2012

Fuera de quicio I

Los que de manera más o menos habitual siguen este blog saben ya que el librero pasa de vez en cuando alguna racha de ausencia  cibernética y que, la mayor parte de esas veces, se debe a cierta querencia teatral. Enredado últimamente con una adaptación de EL CABALLERO DE OLMEDO este mes de mayo el blog de libros ha estado practicamente cerrado. Este trabajo -divertido- ya está terminado -salvo algún ajuste que aún se pueda hacer- y en buena parte vuelve el tiempo robado a este espacio. Sin embargo, FRANCACHELAS, el grupo aficionado al que el librero pertenece desde sus inicios -hace unos trece años- está también preparando obra, y todo apunta a que finalmente se pondrá sobre las tablas FUERA DE QUICIO, de José Luis Alonso de Santos. Por mi parte necesito escribir en LA TIENDA DE LOPE. Bien: el librero y yo hemos llegado a un acuerdo sencillo, práctico.

José Luis Alonso de Santos.
Fuera De Quicio es una obra de locos, tan de locos que los componentes del grupo no acaban de ponerse de acuerdo en su lectura. Esto implica que si yo escribiera aquí una sinopsis para alguno de sus miembros se trataría más bien de una versión del original, aunque desde mi punto de vista se tratase de la única interpretación posible. Voy a proponer en cualquier caso la lectura que yo he hecho, calcada -como comprenderán- a la del propio librero, a quien no le puedo negar su sinceridad para conmigo en esto: escribes lo que yo te diga o nada. Es decir, se tratará con esta cuestión de matar dos pájaros de un tiro. A saber: por un lado se avanza en la interpretación de la última obra que Francachelas piensa poner en marcha este otoño-invierno y por otro se actualiza el blog pues, al fin y al cabo, Fuera De Quicio cumple con dos premisas necesarias para aparecer en este espacio: es literatura de ficción y su original está escrito en español.

Bien, se puede empezar fácilmente por decir que literariamente es paupérrima. No pasa nada. Se trata de un guión, ocurre tantas veces que a nadie asusta. Si uno aborda su lectura como la de un cuento o una novela se sentirá decepcionado, no hay mucho en limpio que sacar, salvo cierta agilidad en los diálogos que, en cualquier caso, también está orientada radicalmente a su puesta en escena. Digamos que esta manera de plasmar las tramas en papel abunda entre la dramaturgia -que conozco- aunque no es condición necesaria y cabría decir al respecto que los grandes dramaturgos de la historia fueron también grandes escritores: pero no es el caso de Alonso de Santos.

El librero ha sido y aún sigue siendo una de esas personas a las que interesa la pareja de dicotomías objetividad-subjetividad // realidad-ficción y sus pinitos literarios han ido más bien ese sentido. Encontrarse con esta obra ha sido una buena oportunidad de adentrarse de nuevo en dicha polémica -que cabría relacionar con la epistemología o teoría del conocimiento- y que, por empezar por algún sitio, diré que resulta que dice el librero que no le gusta planteada en esos términos o, mejor, que más le parece que la realidad es subconjunto de la ficción: las cosas son como las vemos, como las sentimos, y es imposible tener un conocimiento objetivo de ellas, libre de perspectiva.

Bueno, digamos que Fuera de Quicio tiene dos tramas:

1. Trama principal. Cuatro internos de un hospital psiquiátrico, dos hombres y dos mujeres, aprovechan la mínima oportunidad que se les brinda para tratar de pasarla juntos: quieren hablar, bailar o, directamente, saborear los placeres carnales. Aunque comparten edificio hombres y mujeres están separados y viven en pabellones distintos por lo que su encuentro a menudo implica incumplir las reglas. Su necesidad de encontrarse una y otra vez responde -debe hacerlo- al hecho de que el equipo médico no es tan moderno como el director dice todo el tiempo y el trato que se da a los locos no permite que se desarrollen afectuosamente ni de manera natural. De hecho, el centro sirve al Director de tapadera de un negocio de plantación y venta de coca, para lo cual se aprovecha de las internas, que son las encargadas de embolsar el polvo blanco para su posterior distribución, con la excusa de un taller terapeutico, algo alejado de un verdadero tratamiento psiquiátrico. Así que este par de parejas se busca la vida por su cuenta.

El caso es que cada vez que los cuatro internos logran reunirse para estar solos, compartiéndose, algo raro ocurre (extravagante, esperpéntico, misterioso...), algo que les saca radicalmente de su momento de disfrute y que les aturde e intriga tanto que no pueden sacáselo de la cabeza. Es un hospital psiquiátrico y es una cárcel porque Antonio, Antoñita, Juan y Rosa tratan de ser libres y no lo logran, no se les permite. Cuando cuentan los hechos extraños que han vivido son tratados con electroshock, lo que aún confundirá más sus mentes, su concepto de la realidad y por ello, también el del espectador, que no puede ver más allá de lo que ven ellos.

Así las cosas el humor de esta comedia es ácido todo el tiempo y se encamina hacia un final desalentador: justo cuando creen haber podido evitar la intromisón de sucesos externos en su último encuentro, ya listos para hacerse del todo la ilusión de su propia conquista -casarse, tener hijos, ser personas ordinarias...- un objeto simbólico hace acto de aparición: representa lo infructuoso de su intento, están todos bajo el control de su enfermedad. Hasta qué punto su enfermedad es la propia y hasta qué punto viene influenciada por el personal del hospital es la duda que me queda y, además, creo que es la duda que Alonso de Santos pretende dejar como poso. Creo que es suficiente conque quede la sospecha, las sociedades son así: una mezcla de visiones personales y perspectivas impuestas, de interpretaciones propias y de interpretaciones que nos vienen dadas . Estoy ya en el punto 2.

2. Trama secundaria. Esta otra línea argumental está compuesta, precisamente, por los extraños sucesos que ocurren cada vez que las dos parejas se quedan solas. Aparece la mujer del director muerta, en otra ocasión encuentran al Director y a la Madre Superiora follando, aparece muerta la enferma Santa Teresita de Jesús,  aparece, como resucitada, doña Asunta, la esposa del Director, y, finalmente, la cosa se desmadra tanto que los sucesos se convierten en una película de espías indefendible desde la cordura. Hay, por tanto, asesinatos y una investigación, sospechosos y vueltas de tuerca que descolocan tanto a los protagonistas como a los espectadores... pero algo estrictamente real queda siempre: la sospecha. Desde la perspectiva de los locos hay un intento desesperado por parte del personal de la clínica porque ciertos hechos -que suponen que tienen que ver con el negocio de la droga- no se conozcan. 


Bien, en realidad el punto 2 se puede explicar más, se puede explicar hasta el infinito, pero me parece difícil que pueda explicarse mejor, que vaya a sacarse nada en claro con ello. La otra versión que hay en el grupo tiene el empeño de dirimir qué es verdad y qué mentira de cuanto en la trama que a mi me parece secundaria ocurre. Es decir, esa versión con la que no estoy de acuerdo toma el punto 2 como trama principal y, efectivamente, en ese caso se hace necesario explicarla. Creo que ahí está la diferencia fundamental de las dos versiones. 

En unas horas hago otra entrada, en ella plantearé mi esquema, cómo veo las escenas. A ver qué les parece a los teatreros y a quienes quieran participar de la polémica. Por cierto, de momento abro comentarios.






lunes, 21 de mayo de 2012

Nº 45

Vaya por delante que andamos liados: el librero y yo. Más él, eso es cierto. EL CABALLERO DE OLMEDO es una de las mejores obras de Lope y, por lo mismo, una de las mejores obras del siglo de oro, así que una de las obras destacadas de la literatura española. Por aquí la conocemos bien, la verdad. Aún así llevamos unos cuantos días releyéndola y adaptándola, por eso andamos tan liados. Aportamos lo que podemos a un espectáculo que desde el ayuntamiento de Olmedo se está poniendo en marcha y que va a tener como principal protagonista la participación popular. No es que sea algo novedoso, es que se quiere que sea algo bueno. Particularmente estoy disfrutando con el proyecto entre otras cosas porque estoy con los de siempre y con ellos siempre me entiendo bien. Otra cosa es el blog: casi no leo, qué voy a escribir. Bueno, a lo que vamos: dos libros:


Cuando Lázaro anduvo
Fernando Royuela, 2012.
Alfaguara, 2012. 400 páginas.
Pvp, 18, 50 €.

Sé de este escritor (Madrid, 1963) poco más allá de que es amigo de mi amiga Azucena y que tenemos su último libro en la tienda porque ella nos lo dijo: dijo, concretamente, que pidiera alguno del que echar mano cuando tuviera algún regalo que hacer. Y también dijo que se trataba de una buena novela, que le había gustado mucho. Creánme si les digo que Azucena anda sobrada de referencias y, por tanto, que hay que hacerle caso. Contraportada: Lázaro, un anodino empleado de banca y padre de familia, muere en el hospital en el que es ingresado de urgencia. A las pocas horas resucita. Sus hermanas, Marta y María, están a su lado. Nadie es capaz de asimilar, en pleno siglo XXI, esta auténtica resurrección, que trae consecuencias inimaginables para cuantos le rodean.



1. Cuando Lázaro anduvo.

Cuando Lázaro anduvo, todas las mentiras del mundo tenían lugar. Los mercados financieros, sin ir más lejos, despuntaron al alza y los inversores respiraron. Durante varios meses habían estado a punto de desplomarse. La inquietud se respiraba en el ambiente. De un momento a otro el desastre habría de suceder. Después de la quiebra de Leman Brothers, la gente empezó a temer que los ahorros de su vida apalancados en valores bursátiles y en fondos de inversión en caída libre fueran a esfumárseles para siempre. Las hipotecas subprime y el papel tóxico habían socavado los cimientos de la economía globalizada. La Reserva Federal americana, actuando en contra de sus políticas ultraliberales, acudió a inyectar liquidez en el sistema y la euforia no se hizo esperar. De la noche a la mañana, las bolsas mundiales detuvieron su descenso y empezaron a reaccionar, pero Lázaro estaba muerto y no pudo percatarse de lo ocurrido hasta días después de su resurrección.

A Lázaro los mercados financieros nunca le importaron demasiado. La obsesión generalizada por la acumulación de riqueza nada tenía que ver con él. Después de más de veinte años trabajando, había podido juntar algún dinero para cuando los tiempos vinieran flacos, unos pocos ahorros que invirtió sin empaciencia, sin ambición tampoco, en productos financieros que el banco en el que trabajaba iba ofreciendo a los pequeños ahorradores como él. Nunca creyó ir a necesitarlos de veras. Sin embargo, los días difíciles se le habían presentado de imprevisto cuando en el banco anunciaron rl proceso de "reestructuración de plantilla", en razón, según dijeron, de las excepcionales circunstancias económicas que estábamos atravesando y lo elevado de los gastos corrientes, a todas luces insostenibles por más tiempo en un mercado en recesión. Lázaro, por lo tanto, fue a ingresar en esas excepcionales circunstancias y, tras la firma del finiquito y un adiós muy buenas, su vida se ralentizó. Por lo menos, podía contar con el sueldo de Margarita, su mujer, profesora de instituto, que sin ser nada del otro mundo les serviría para ir tirando. Así que Lázaro cogió el cheque y se lo entregó al director de la sucursal del banco en el que tenía guardado su dinero, que a la postre era el mismo que lo extendía. "¿Qué puedo hacer con él?", le preguntó. "Tenemos un fondo de inversión  en renta fija que está yendo muy bien, aunque yo que tú, dadas las excepcionales circunstancias, tomaría un poco más de riesgo. Ya sabes: a mayor riesgo, mayor rentabilidad, y éste es un buen momento para arriesgarse. Ya que lo preguntas te sugiero que inviertas en bonos de mercados emergentes." Total, que el dinero del finiquito fue a parar a un fondo de alto riesgo sobre cosechas futuras de mandioca en Paraguay, que al poco entró en caída libre y que siguió cayendo y cayendo durante los meses posteriores como si arrojado a los infiernos de la especulación internacional.

La insolación.
Carmen Laforet, alrededor de 1960. 
Destino, 2012.  320 páginas.
Pvp, 19, 50 €.

Entrada de amigas. Mari es otra de las habituales de nuestra librería y me habló de esta novela que inicia -ya en la etapa de madurez de esta gran autora- una trilogía que a día de hoy está incompleta. Por supuesto que la leeré. De momento ni siquiera unos párrafos: prólogo -interesante- de la novelista:

POR QUÉ DE ESTA TRILOGÍA.

¿Por qué escribimos los novelistas?
En primer lugar, vamos a narrar algo. Cuidada o descuidadamente, con más o menos talento, vamos a narrar.
No me propongo en este prólogo hacer un estudio de la novela. Ni siquiera de la novela moderna. Ni de la novela de última hora en el mundo. A veces, a fuerza de estudiar un tema que me apasiona, he sentido esta tentación. Sin embargo no me he dedicado al ensayo, sino a una creación personal que considero aún en sus balbuceos. 
      El novelista va buscando su camino. Unas veces como Dios le da a entender, otras con esa voluntad de estilo renovadora, que va marcando caminos y haciendo descubrimientos en cadena. Para mí, en la novela hay algo más importante que la pura técnica, auqnue creo que la técnica tiene hoy día una fuerza enorme de estímulo y de interés de descubrimientos.
          Es curioso observar, sin embargo, que muchos de los grandes novelistas que han sido fuentes de un período grande de técnica, rara vez tuvieron idea de esta importancia renovadora suya. A veces si no se estudia con cuidado se pierde el contacto que une a una de estas fuentes casi subterráneas con toda una época de la narrativa.
             Tomo un ejemplo, y no creo hacer descubrimiento alguno, al decir que Pío Baroja es quizá uno de los filones más seguros, más profundos de la novelística actual en el mundo, de la preocupación por la nueva técnica. Pío Baroja, aparte de influir en otros escritores, fue inspirador clarísimo de técnicas originales de Hemingway y de Dos Passos y a través de estos novelistas norteamericanos principalmente, lanzó al mundo el interés por una nueva técnica narrativa que ha florecido en los últimos ismos europeos. Pío Baroja, sin embargo, no creo que fuese consciente de este fenómeno, de este alcance de fecundidad de su técnica, que él iba inventando a su manera, según lo que en cada libro tenía que decir. No fue consciente de esto, creo yo, a la manera que, en cambio, pudieron serlo en su tiempo un Proust o un Joyce.
              Quiero decir con esto, simplemente, que dando toda la importancia que tiene al juego de la técnica, creo que un escritor puede ser muy grande y alcanzar una altura insospechada en este terreno aunque no se lo haya propuesto. Muchas veces tanto o más que aquél que ha puesto sus cinco sentidos en encontrar una novedad formal.
           Bajando de las alturas -puesto que me propongo, como digo, hacer un ensayo en este prólogo-, voy a hablar aquí de esta trilogía mía y de cómo la he concebido. 
   Me siento obligada a explicar la concepción de estas novelas que forman la trilogía TRES PASOS FUERA DEL TIEMPO, pues creo que con ellas -bien o mal- mi trabajo de escritor entra en una nueva fase de creación más continuada, quizá más consciente, y es posible que a algún lector le interese, aparte del puro entretenimiento de las novelas, conocer también algo del juego intelectual que las ha motivado.
   No sé qué alcance pueden tener. Es difícil que un autor pueda saber ni sospechar siquiera el alcance de aquello que escribe. Una obra concebida con verdadera ilusión y tratando de echar el resto con ella, puede ser un simple fracaso editorial o intelectual. Pero la verdadera vocación de un narrador -vocación que puede cuajar en algo interesante o en algo sin interés- no puede estar sometida a la preocupación de un fracaso. Un día uno siente que tiene que escribir y continuar escribiendo. 
   A mí, que comencé mi primera novela a los veintidos años de edad, la vocación de escritor creo que me ha llegado de una manera total y consciente sólo ahora. ¿Quiere decir esto que considero esta trilogía como lo mejor que he escrito? No, en absoluto. La considero un comienzo de lo que puedo escribir.
   Durante tres a ños he trabajado mucho para una sola novela: la que en esta trilogía lleva el nombre de JAQUE MATE. El material acumulado para esta obra estaba, en mi imaginación, destinado al fuego. Era un material que iba a servirme de base, sólo a mí, para comprender ciertas reacciones psicológicas y ambientales necesarias. Un día vi que en estos datos tenía, terminadas, tres novelas diferentes. Tres novelas que constituyen, cada una de ellas, un mundo cerrado y acabado.
   Siguiendo el orden de mi trabajo, con una técnica casi policíaca, yo debería de haber comenzado por publicar JAQUE MATE, después AL VOLVER LA ESQUINA y sólo al final LA INSOLACIÓN. He preferido después de pensarlo, conservar el orden cronológico que enlaza los tres libros, en un procedimiento que los despoja intencionadamente de todo truco técnico.
   Estos tres libros, La Insolación, Al Volver La Esquina y Jaque Mate, marcan tres momentos de la vida de un hombre y apuntan también tres momentos de la vida de estos últimos veinte años en España.
   La Insolación narra un primer impacto adolescente y completamente íntimo, con referencias apenas esbozadas sobre los años cuarenta, cuarenta y uno y cuarenta y dos en España. La narración es en apariencia un simple entretenimiento en que he tratado de dar el ambiente de arrebato y de interés que únicamente para un muchacho, Martín Soto, tienen los personajes y los sucesos que se narran.
   Al Volver La Esquina sucede alrededor de los años cincuenta, en Madrid. Tarto en esta novela de que el interés argumental no sólo no decaiga sino que aumente. Deseo que mis novelas entretengan al público y si no lo logro me parece que he fracasado en ellas. Pero en Al Volver La Esquina no cuenta ya sólamente la aventura íntima, amorosa y ambiciosa de un solo personaje, sino una serie de circunstancias exteriores, una serie de aperturas a la vida diaria que consciente o inconscientemente -rtechazándolas o sumergiéndose en ellas- pueden contribuir a lo que más adelante será el éxito o el fracaso de un hombre. No me propongo en esta novela, ni en ninguna, dar una secuencia histórica y documentada de los hechos del mundo y de mi país, sino captar, con la veracidad que me sea posible y dentro de las limitaciones argumentales del libro, un momento circunstancial al mismo tiempo que el momento íntimo del personaje que sirve de base a todo lo demás.
   En Jaque Mate la novela transcurre en estos años sesenta en que la escribo. La historia íntima del protagonista importa mucho, desde luego, pero mucho menos quizá, que todo aquello que le rodea y que él -marcado ya por una serie de compromisos y de impactos vitales- rechaza o acepta. El ambiente que le rodea es más denso. En el tablero de su vida están casi todas las piezas con que ha jugado la partida. Estas piezas -no todas ellas seres humanos sino también ambientes- creo yo que toman más altura que los sentimientos del protagonista. En el juego no hace falta que esas piezas hayan sido retiradas del tablero para el jaque mate que este hombre -conductor del hilo argumental de las tres narraciones- puede dar, o que pueden adrle a él, de tal manera que la partida quede terminada.
   Si he empezado hablando de la técnica de la novela en general -un tema al día entre nosotros, los escritores-, ha sido para explicar que admirando e interesándome mucho en todos los caminos nuevos de la narrativa, no he caído en la tentación de intentar ninguno en especial, ni tampoco -esto mucho menos- de agarrarme s slguno de los ya trazados que tienen éxito seguro como novedad. Todo en la vida es nuevo y todo es caduco. Se puede hacer buena o mala novela en cualquier estilo y con cualquier técnica.
   Creo que algún libro mío, hecho sin ninguna intención renovadora, ha dado paso y ayuda en la manera de narrar a otros autores quizá más interesantes -eso nadie lo puede saber por el momento- que yo misma. Pero tengo interés en explicar aquí que ni en el tema, ya tocado por mí y después por otros en los últimos años, ni en la técnica, he tenido voluntad de copiarme a mí misma ni de copiar a nadie.
   Quizá esta larga explicación se debe, más que a nada, al hecho de que forzosamente, por mi decisión de sacrificar a la claridad narrativa cualquier truco técnico, haya comenzado la trilogía por un impacto adolescente, por este tema que en sí puede tener interés, pero que por la cronología que retrato en La Insolación, no es un exponente de una psicología adolescente de masa ni de ola del momento.
   En esta estampa de adolescencia he intentado dar solamente una base. La base, quizá insignificante y perecedera, de unas sensaciones y unos deslumbramientos que, en el estanque del contorno vital que rodea al protagonista, son apenas una piedra que produce ondas y alboroto sin dejar ver lo demás; pero que al fin cae y queda en el fondo de esa ancha extensión.

Carmen Laforet
Madrid, enero de 1963.