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martes, 9 de diciembre de 2014

EL MAR DE LA TRANQUILIDAD, el que más me gustó vender la semana pasada.

7. Como de todo hay por el mundo y el mundo es más bien pequeño en esta parte a veces se produce en la librería alguna suerte de conflicto espacial (prefiriría decir metafísico pero no voy a hacerlo) que desencadena un infortunio recurrente (por cuanto que me lo estoy inventando, claro) y que, sinceramente, no acabo de encajar. Es verdad que hay clientes -y Jota es uno de ellos- que compran libros digamos que porque sí o, lo que es lo mismo, con la retorcida intención de leerlos. Me encargó LOS MISERABLES -que ya también se ha llevado- y mientras la novela de Víctor Hugo llegaba se llevó la semana pasada (la del 8 al 14) uno de los libros que están más visibles estos días en la tienda, al menos hasta que hagamos su presentación el próximo día 20 de diciembre. Es la primera novela de José Carlos Iglesias: EL MAR DE LA TRANQUILIDAD, ambientada en un pueblo de la comarca en la que vivo -podría calificarse como tierra de pinares- y en julio de 1969, esos días en los que Neil Amstrong pisó ese mar pero -supongo que por los nervios del momento- se hizo un lío con la frase que hubo de pasar a la posteridad con errata incluida. Es un libro amable y cuenta con una galería de personajes interesantes de entre los cuales apunto en una libreta ciertos gemelos que quizá me puedan dar mucho juego en otros menesteres artísticos. Lo pongo por poner sobre aviso al autor, este amigo mío defensor del medio rural que gusta de recrear en sus cuentos -véase GENTE SIN TINO o LA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE SAN NADIE- y también ahora en sus novelas.

José Carlos Iglesias, 2014.

267 páginas.
12 €

sábado, 6 de diciembre de 2014

Apuntes. Valente antes que Bernhard.

Me he enredado tanto en distintas lecturas que no tengo nada sobre qué hablar y lo tengo todo. Bueno, lo cierto es que he terminado la última novela de mi amigo José Carlos Iglesias y también el primero de los relatos autobiográficos de Thomas Bernhard. Hablo de EL MAR DE LA TRANQUILIDAD y de EL ORIGEN, respectivamente. También llevo días con el último poemario de Luis Julio González Platón, una evocación romántica y melancólica de La Liébana cántabra llamado, precisamente, ANTIFONARIO DE LA LIÉBANA. Mi favorito, sin duda, está siendo PALAIS DE JUSTICE, de José Ángel Valente, un libro cortito sobre lo traumático que para él supuso el divorcio de su mujer cuando vivían en París y que me llevo conmigo de finde. Puede que lo termine de mi segunda sentada porque además de corto es intenso. Destacaría también lo que de decepcionante está resultando la lectura de Bernhard, farragoso demasiado a menudo, muchas veces inocuo y más bien pocas intenso. Se me va el fondo entre tanta sobrecarga formal y me resulta difícil sentir el impacto que entiendo que se pretende de tanto afrontar subordinaciones de subordinadas y reiteraciones de reitaraciones. Seguiré leyendo en cualquier caso al austriaco, pero de momento  me resulta mucho más luminosa e impactante la concreción poética en la narrativa del español que la complejidad narrativa del austriaco. A ver qué.

martes, 19 de junio de 2012

La República Independiente de San Nadie.

Autor, José Carlos Iglesias Dorado.
Autoedición, 2012.
 112 páginas.
Pvp, 9 €.


Bueno, por si a alguno le recuerda este título a cierto anuncio de televisión ya le advierto de que sí, de que yo también lo he visto y, además, le digo que lo ha visto el melancólico y romántico protagonista del emotivo cuento que inicia esta colección de relatos que lo da nombre. No lo he leído, pero lo he escuchado. Hace unos días que  José Carlos Iglesias Dorado presentó su segundo libro en la Asociación Comunera Hacia Medina del Campo y allí pude oír el relato La República Independiente de San Nadie con la voz profunda de nuestro escritor como vehículo principal. Se trata de un cuento que concreta bien algunas de las señas de identidad de la escritura de este medinense al que conozco desde hace algunos años, por suerte un poco más cada vez. Sus relatos son humanistas, a veces melancólicos y el medio rural los protagoniza casi al completo. Sus personajes son de esos que ablandan el corazón de los lectores y uno se sonríe con extraña tristeza de alegría remota -como pasada o ficticia- con cada cuento que termina. Es la experiencia que he vivido y así la cuento.

Así que, efectivamente, tenemos nueve relatos interesantes, mundanos y que se alejan en su mayor parte de cierta pretensión efectista que rebajaba la calidad de los textos de su primer libro: GENTE SIN TINO. En su mayor parte se trataba de relatos atractivos, bien narrados, bien hilados y con personajes bien retratados, buenas historias que pecaban de cierta manía explicativa que lo dejaban a uno un tanto contrariado al final. Desgraciadamente me he encontrado con ello en SANCHO, EL DE AVELLANEDA: se trata de una historia preciosa, realmente bonita, en la que Iglesias Dorado me ha embaucado una vez más -como en casi todo el resto del libro-: es la historia de un vendedor ambulante que recorre la vieja Castilla con el pesar de una realidad sofocante de la que logra zafarse en los momentos de más intensidad del cuento y que se nos queda en nada por gracia de su último párrafo que, la verdad, no sólo sobra si no que, además, le quita la gracia al asunto.

Pero Peri Lope -ya lo saben- es un tipo honesto, dice lo que piensa. Este libro está bien escrito, está tan bien escrito que José Carlos Iglesias Dorado merecería con él ser publicado en editorial ajena. Sin embargo, también en esta segunda ocasión el autor se edita. Lo hace en  formato humilde y práctico, rústico y de bolsillo. Tampoco es que la extensión de lo escrito de para más y, afortunadamente, lo bueno está adentro. En este sentido un libro así sobresale entre la mayoría de lo que hoy en día se publica. Los relatos de Iglesias Dorado merecen la pena como los del más auténtico contador de historias y es lógico quedar satisfecho con su lectura y aún atrapado en las vivencias de los personajes que por sus páginas pasan.

Hay en la mayoría de relatos una reivindicación de la vida sencilla, de pueblo, del disfrute de las pequeñas cosas que -particularmente- me gusta mucho. Hay, en realidad, un retrato, cierta preocupación del autor por quienes piensan así, un respeto absoluto a quien a duras penas es arrastrado a la modernidad. También el reconocimiento positivo de la modernidad en las faltas de personajes tan imperfectos como entrañables. Quiero decir que no siempre el autor toma partida por determinada forma de vida, que es consciente de la evolución y que sabe que esta trae por igual progresos y retrocesos con los que los personajes han de lidiar a menudo irreflexivamente, anclados en sus prejuicios, acertados unas veces, no otras. Aquí, por ejemplo, podemos incluir el relato 11/07/2010, fecha que hace referencia al campeonato mundial de fútbol ganado por la selección, y que se desarrolla en el teleclub del bar de un pequeño pueblo donde apenas llega la señal televisiva. También QUIEN LE MANDA A UNO trata la misma temática, sobre el viaje a Benidorm de un abuelo que, en realidad, realiza sin convicción. Especialmente estimulante me ha resultado la lectura de ABUELO MANUEL, una reflexión implícita a propósito del progreso y a través de un personaje raro, anclado en la Historia y que, sin embargo, logra representar ese tipo de humanismo que lo emociona a uno en un país que ha sido tanto tiempo dos y que aún sigue siéndolo en determinadas ocasiones. Aquí Iglesias Dorado luce pluma sobria y demuestra una sensibilidad extraordinaria. Se agradece.

Precisamente Dorado vuelve a hacer honor de esa sensibilidad en otro gran relato: CAMPANADAS DE MEDIANOCHE, en el que evoca a la compleja -rica- personalidad política y poética que fue Dionisio Ridruejo a través de la búsqueda romántica de un electricista  reconvertido a iluminador escénico nada más y nada menos que con Orson Welles y con vocación -a su vez- de poeta. No me digan que no promete. Sepan que da. Hilando con cierto internacionalismo incluyo en este párrafo la mención al relato LA PARTIDA, en el que tres viejos amigos pierden a un cuarto -compañero de tute- y han de revolver entre la tristeza para dar con quien pueda continuar las sesiones de cartas, lo que les llevará a apañárselas con un pastor búlgaro, vecino nuevo, que traerá consigo un soplo de aire fresco al pueblo. 

En polos opuestos cabría poner LA PROMESA, relato un tanto desgarrador a propósito del trabajo en las minas con el que generaciones de leoneses han sacado adelante a sus familias castigando sus propias vidas, y LA MÚSICA DIVINA, relato optimista que cierra el libro y a propósito del músico de orquesta que se gana la vida tocando en las plazas de los pueblos. Un relato no exento de aire melancólico, tal vez trágico, de vida en la carretera y con un final de avutarda en el horizonte que -no sé bien por qué-  lo invade a uno de un sentimiento de resignación.

Y, en fin, me parece que el estilo de José Carlos Iglesias Dorado aún se ha depurado algo sin ser este malo en su primer libro. A destacar su sencillez -siempre difícil de conseguir- y su cercanía. Creo que busca resultar entrañable y lo logra, quiere toquetear las entrañas del lector y lo consigue, pero las acaricia. Es motivo de alegría su empeño en formar parte del circuito literario que tan poco espacio deja a los no elegidos y yo me alegro más que nadie: este sábado lo voy a tener en la tienda, nos hablará algo de su libro con sus propias palabras y lo hará acompañado por el librero -en fin, estas cosas pasan-, Ricardo Sanz Molpeceres -El Zorro Volador- y el escritor José Ignacio García, autor de varios libros de los que iremos hablando más adelante y ganador del Premio Miguel Delibes 2009, que ha tenido a bien dedicar unas palabras más generosas de la cuenta a los autores de este blog en el suyo: DE GRANA Y FOLIO. Estáis todos invitados: hablaremos del cometido que cumplen los concursos literarios, leeremos relatos y, bueno, literaturizaremos. O algo así.

Sábado 23 de junio.
12 de la mañana.
La Tienda de Lope.

martes, 5 de octubre de 2010

GENTE SIN TINO

Título, Gente sin tino.
Autor, José Carlos Iglesias.
Editorial, (autoedición).
Año, 2010.

100 páginas.

Bueno, resultó un día que le dio al librero por ponerse moreno de playa sobre la piel sosa de occidental estupefacto y ha estado una semana por ahí, en la costa levantina. No crean que en toda ella, en un punto concreto en el que se hablaban idiomas vikingos de acentos diferentes. Salió, dice, ileso, y lo he tenido por aquí demasiado pronto, pringoso de superficie. Esta mañana abrió la tienda con ganas de trabajar, pero creo que algunas han quedado secuestradas entre la oleada de clientes insatisfechos. Aún navegan a la deriva restos de la siempre asombrosa campaña de texto, y ya se sabe que muchos de ellos no se sabe dónde van a parar. Generalmente se amenza de muerte dos o tres veces al día, pero hoy parece que la única amenaza digna de tener en cuenta ha sido la de un tipo que aseguraba que se comería al librero de no llegar de "una santa vez" su libro de sociales. Esto es un error clarísimo, pues se quedará sin su libro igualmente, y puede que sufra, además, una terrible indigestión. Pero dice el librero que se le va acabando el humor. ¡En dos jornadas! Se lo estuvo cuidando estos días, con quijotadas y el libro de relatos que paso a reseñar. Por supuesto yo también lo he leído, a ver si nos enteramos...

José Carlos Iglesias es un tipo que pasó un día por la tienda: hola, qué tal. Estaba interesado en dejar algunos ejemplares de su libro en depósito y al librero le pareció bien: me parece estupendo, los pondré en el mostrador, a ver qué tal se venden. Tengo un blog, le dijo, si quieres leo los relatos y hago una reseña (quería decir: si quieres Peri Lope los lee y te hace una reseña). Estupendo. Ya paso otro día. Otro día fue uno de septiembre, calculo que seis o siete meses después y ni el llibrero ni un servidor habían leído más allá del título. Pero José Carlos Iglesias es un tipo agradable y mantuvo conversación amable con el de la tienda. Me dijo que hablaron de espacios en la red, y de libros: Bolaño, del que ya terminé hace días LOS DETECTIVES (a ver si lo reseño esta semana), Auster y algún otro  conocido de ambos. Del librero recibí la orden de leer inmediatamente GENTE SIN TINO y a ello me he puesto. Lo he hecho, claro.

Trece relatos cortos en los que la vida trata mal a  sus protagonistas. Historias tristes casi siempre y a veces sólo melancólicas en las que se busca la paradoja pero, sobre todo, la resignación como fórmula para, si no ser feliz, al menos no torturarse demasiado con la ilusión vana de mejorar lo que ni se puede ni se debe. Porque la resignación es mirar a las cosas de cara y supone aceptarse. No hay, de primeras, tal cosa en PASEN Y VEAN, en el que un hombre sigue el rastro de su padre perdido, pero dado el batacazo final del relato queda claro que sólo aceptar aquello con lo que se encuentra podrá ayudarlo en algo. En la TRAMPA DE NIEVE la resignacion pertenece al genero del gusto por las cosas pequeñas (o sencillas), y nada más minúsculo, como es bien sabido, que dedicar la vida a importunar con tinta impolutas hojas de papel blanco. El poeta muerto de EL BLUES DEL POETA MUERTO no protagoniza el relato. Lo hace la mujer que no supo apreciar el talento de él, al que menosopreció y abandonó por inútil ya antes de su muerte, pero cuya obra será reconocida a posteriori por la crítica y dará pingües beneficios que la protagonista ahora consume. 

Por cierto que otro concepto que atraviesa la obra es el del capitalismo depredador, protagonista absoluto de CIUDADANO CAN, un tipo que acaba solo tras no quedarle ya nada que comprar y nada a lo que enfrentarse, y con miedo de sí. En UN CUENTO CELTA, que es el relato más largo, el proganista es el más listo porque sabe valorar las cosas sencillas, es capaz de despreciar aquellas cuyo valor principal es material. Sin embargo, la recompensa que recibe también es material. Así que se crea esta situación ambigua de cuento de hadas en el que la chica se casaba con la bestia atraída por su alma bondadosa y era, por ello, recompensada con una belleza a su nivel, explícita y de aquellas que dan en llamarse superficiales, materiales y, por ello, más románticas a los  ojos de un público intelectualmente sano. El caso es que esta historia de futuros encontrados y merecidos hace especial hincapié en otra característica de los relatos de José Carlos Iglesias: a menudo los finales son aleccionadores, no de una manera directa pero sí tácita.


NACIDO PARA PERDER es la historia de un tipo al que se le ocurre reunir a los amigos de su banda de rock juvenil para montar un nuevo grupo, pero mientras esto se produce él baja escalones en el papel a desempeñar dentro del mismo hasta quedar relegado a permanecer afuera, con sus complejos que, esto sí, con el pasar del tiempo serán más bien símbolo de satisfacción personal y de moraleja para el lector. De nuevo la resignación de la gente sin tino se muestra como la manera más inteligente de obrar. Por eso en GENTE PA TÓ El Pati debe dar marcha atrás depués de haber tomado para si una existencia artificial (por ambiciosa) y que ni sus amigos ni el mismo pueden reconocer como honesta. EL CRIADO INFIEL no puede, después de muchos años, aceptar ya la rutina globalizadora y mercantilista de su señor y es por ello que decide traicionarlo, y en CAPITULACIÓN un hecho extraordinario hace recapacitar a su protagonista desde arraigados gustos belicosos hacia el placer de la lectura.

Así que resignación, amigos, gente sin tino que por el mundo va porque, al final, uno siempre puede encontrar consuelo  a LA HORA DEL TÉ, con los también infortunados Rimbaud, Gil de Biedma, Hierro, Carver, Bukowski, Kennedy Toole o Bolaño... para contar LA VIDA DE CRISTO (EN 33 PALABRAS) o atacar la nave soñada desde  la ilusión del barco pirata  que empuja ¡AL ABORDAJE! . 


Reseñados quedan, pues, estos relatos del amigo Iglesias, escritor autodidacta, leído, que nos presenta aquí a unos cuantos personajes valiosos, bastante atractivos, y con denominador común, más bien triste, y de esperanzas depositadas en un futuro que será salvado sólo por quien sea capaz de sacarle el jugo al presente, a lo inmediato a menudo desapercibido. En cuanto al sabor de boca que me han dejado debo decir que me han gustado más los planteamientos que los finales, quizá porque en estos últimos el autor pone demasiado peso, empeño tendente a veces a cerrar un círculo abierto y otras a transmitir ciertos valores que, sin embargo, reducen su efecto estético. Quiero decir que a veces la última vuelta de tuerca sobra (no siempre), al menos cuando esta es explicativa. Al otro lado de la balanza, ya lo había dicho, planteamientos originales protagonizados por personajes atractivos. Con estilo amable, sencillo, José Carlos Iglesias nos cuenta las vidas de unos cuantos perdedores nacidos para perder.