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jueves, 3 de marzo de 2011

MIGUEL DE CERVANTES


Resulta algo extraño escribir la biografía de un personaje que está en boca de todo el mundo. De Miguel de Cervantes no se sabe mucho y lo que se sabe está en conocimiento de todos. Así que he pensado en la posibilidad de inventarme su vida y la opción me ha parecido interesante.

Ahora bien, me he encontrado con un problema grande, pues me resulta difícil imaginar una vida que sea al menos tan atractiva como la real, porque el escritor Cervantes fue soldado (tres arcabuzazos recibió en la batalla de Lepanto), estuvo encarcelado -por lo menos- tres veces (por motivos distintos: bélicos, administrativos y penales),  y llegó muy tarde al éxito literario, después de muchos años de pasar desapercibido. Hijo de cirujano viajó, como viajara La Corte, de Madrid a Valladolid y de Valladolid a Madrid pero, además, vivió en Roma,  estuvo a las órdenes del cardenal Acquaviva, permaneció en Italia como soldado hasta que, tras la famosa batalla que le pusiera mote y antes de llegar de regreso a Barcelona sufrió el primero de sus encarcelamientos. Todo esto por empezar por algún sitio.

Digamos que fue a parar a Roma, de la mano del cardenal Acquaviva, gracias a la mediación del maestro Juan López de Hoyos, pues este mantenía algún tipo de contacto con el italiano y de ello pudo aprovecharse el joven y espabilado Miguel de Cervantes que -paradójicamente- pudo llamar la atención del cardenal gracias a unas redondillas que el maestro le hizo llegar aprovechando su estancia en Madrid, cuando ya se sabe que los versos del alcalaíno han sido a menudo despreciados, también por él.  Alrededor de 1568 Cervantes estaba en Italia. Entre el 69 y el 70 participa de uno de  los tercios que contra El Turco defienden por allí El Mediterráneo y en el 71 sufre los arcabuzazos que le dejan el brazo derecho y su mano perjudicados hasta el anquilosamiento, heridas por las que recibe el apodo de Manco de Lepanto.  Cuando el alcalaíno vuelve a España en 1575 su galera es apresada por corsarios bereberes y es llevado a Argel, donde pasa encarcelado 5 años, tras cuatro intentos de fuga (en uno de los cuales fue liberado su hermano Rodrigo) y que culmina en 1580 con el rescate pagado por unos monjes trinitarios. Hay que pensar que Cervantes fue un soldado reconocido como destacado gracias al capítulo de Lepanto, pues parece que el día en que finalmente acabo herido de gravedad estaba enfermo y con fiebre, pese a lo cual decidió tomar parte en la lucha.

En España las cosas no están bien a la vuelta pues su familia ha sido devorada por las deudas. En 1581 viaja a Madrid en busca de su recompensa por los años de servicios militares, pero lo único que consigue es relacionarse con poetas y, en general, formar parte del ambiente literario de La Corte. Como, finalmente, no encuentra cargo público del que ocuparse decide volcarse en sus quehaceres literarios y pronto empieza la redacción de su primera obra, la novela pastoril LA GALATEA. Tuvo una hija con Ana de Villafranca, reconocida, hecho este por el que fue excomulgado años después, y se casó con Catalina de Salazar. Pasó años escribiendo textos de diversos estilos (en el 85 se publicará la primera -y única- parte de La Galatea) y, por fin, en 1587 obtiene un puesto público como Comisario Real de abastos para La Armada Invencible, lo que le lleva a recaudar casa por casa, le cuesta muchos disgustos y sinsabores y termina con sus huesos en la cárcel de Sevilla. Se dice que esos meses que pasó preso fueron germen de la historia de don Quijote. Se está terminando el siglo dieciséis. En 1603 el matrimonio reside en Valladolid, capital del Imperio desde 1601 y, por fin, en 1605, se publica EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA, de éxito inmediato en las ciudades europeas más importantes.

Sin embargo, el mismo año en el que su vida parece resolverse en lo que sin duda debía ser una de sus máximas preocupaciones, el éxito literario, surge el desgraciado caso Gaspar de Ezpeleta, que también tiene una resolución y que consiste en culpar al escritor de la muerte de este hombre, a raíz de las heridas que recibe a la puerta de la casa de los Cervantes. El encarcelamiento es efímero. 

Al año siguiente viaja de nuevo a Madrid, y de nuevo tras La Corte (alguien debería escribir un cuento sobre este trajín cervantino, si es que no se ha escrito ya) y se instala muy cerca de la librería de Francisco Robles y la imprenta de Juan Cuesta. Con la colaboración de ellos dos, precisamente, saldrá a la luz en 1613 el tomo LAS NOVELAS EJEMPLARES. 

Cervantes escribió comedias que no trascendieron porque la moda la imponía Lope de Vega, con su nuevo arte, tan acertado que el cine, al menos formalmente,  depende de él de manera radical. Ya se sabe que los piques entre autores eran en la época dorada de la literatura española bastante habituales. Así que los fracasos de unos eran motivos literarios de otros y, en general, de chanza. También en ese sentido el alcalaíno debió de padecer bastante. Actualmente se le reconocen sus aptitudes para la comedia y, por ejemplo, EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS es considerada hoy una obrita interesante que cobra cada vez más adeptos entre especialistas.

En 1615 se publica OCHO COMEDIAS Y OCHO ENTREMESES NUEVOS JAMÁS REPRESENTADOS, además de EL INGENIOSO CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA, continuación de El Ingenioso Hidalgo..., y, aunque con problemas ecocnómicos hasta el final, felizmente reconocido como escritor importante de la época muere al año siguiente don Miguel de Cervantes y Saavedra que deja como trabajo póstumo LOS TRABAJOS DE PERSILES Y SEGISMUNDA, UNA HISTORIA SETENTRIONAL.

Así que, en fin, una vida que se conoce y que, una vez más, queda plasmada en otro rincón de la red Internet. Me quedaré con las ganas de inventar la vida de un hombre que, me parece, es lo suficientemente rica e interesante como para no tener que andarse con imaginerías. Lo que está claro es que este blog necesita de Miguel de Cervantes, el imprescindible.

jueves, 17 de febrero de 2011

y EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA IV


Maldita sea la estampa de cuantos gobiernan en el mundo: presidentes, delegados, profesores, carteros, libreros de mierda, secretarios, padres, madres, tíos y mascotas... qué puñetas hacéis que  la vida es tan complicada.  ¿No estábamos en plan de transcurrir tranquilamente? Pues el pavimento está levantado, maltrecho, y es tropezando como he llegado hasta aquí. Juraría que estoy malherido o herido mal, de mala manera, casi diría que desacertadamente o puede que sin intención. Triste me estoy poniendo. De verdad que sólo salvaría a unos cuantos políticos y a un par de banqueros. Los demás deberían ser tragados por la sima profunda del igualitarismo,  derechos al fuego en proyectada masa común, insignificante. Porque últimamente sangro, se me va la vida. Dice el librero que tengo los días contados. Ha llegado a asegurarme que hizo una vez una o con un canuto. Será que llevo dos semanas sin escribir por aquí.

No sé si tiene pensado un sustituto (substituto) para mi, pero es que sin ser muy listo se darme cuenta, por ejemplo, de que Sancho Panza y don Quijote son un par de maleantes y, a veces, más parecen salteadores  de caminos como, por ejemplo, cuando roban la bacía al barbero, el famosísimo yelmo de mambrino: es que se lo quitan con violencia. Don Quijote de la Mancha (piénsese en lo ridículo del nombre, por favor) y Sancho Panza son dos tipos peligrosos, van armados y si no les falta un verano es que les sobra. Las aventuras del caballero de la Triste Figura, como su escudero lo bautiza, son un verdadero desmadre: atacan enemigos imaginados en gentes pacíficas que ocupan los caminos, viajeros que unas veces acompañan a una doncella, clérigos que forman una procesión de velatorio, pastores, venteros y, en el colmo de lo maravilloso y de lo extravagante, liberan a un grupo de presos galeotes encabezados por Ginés de Pasamonte, uno de mis capítulos, paradigmático ello, favoritos y que merecería por sí una entrada, aunque no va a ser posible, al menos de momento. Es cierto que don Quijote se lleva muchos palos, pero es que los merece casi todos.

Una de las características que más llaman la atención es la capacidad de Cervantes de mezclar historias, crear paralelismos, contar dentro de los cuentos y, aún, divertirse al viejo juego de la metaliteratura, algo esto último que será el semillero de la segunda novela de don Quijote, diez años posterior. En 2010 descubrí a Roberto Bolaño y no creo que vuelva a él hasta la segunta mitad del presente. Los que ya se han iniciado en su obra o la conocen podrían perfectamente destacar la complicidad que a través de sus personajes más emblemáticos existe entre sus novelas. Pues bien, una vez más, Cervantes ya lo había hecho. Cervantes inicia historias que terminan mucho después cuando se desvela algún tipo de relación oculta entre lo que se contó y lo que se viene contando, como es el caso de la historia de Cardenio y Luscinda, y relaciona historias de personajes dispares que, sin embargo, tratan temas comunes, como esta que he nombrado y la de Dorotea que pronto será para don Quijote y Sancho la princesa Micomicona, una nueva vuelta de tuerca que para el escritor no parece suficiente. Abundan los cuentos e, incluso, los ensayos, los discursos humanistas... todo casi siempre muy bien hilado.Es lógico que tantos libros hayan partido de este, que tantas otras novelas, poemas y ensayos haya inspirado.

Este libro burlón y fino como pocos, flexible como ninguno porque se puede leer como y desde donde se quiera, contiene desde mi punto de vista un excedente. Al menos dos de sus historias nada tienen que ver con las aventuras del hidalgo loco, de manera que por una parte no aportan y por la otra despistan. Por supuesto que me refiero a EL CURIOSO IMPENITENTE y a LA VIDA (o historia o como más guste) DEL CAUTIVO. No es que que sean malas historias, y ni siquiera se desvía demasiado de los temas que interesan o se tratan durante el resto de la novela, aunque esto último más bien se debe a la universalidad de dichos temas: el amor, el honor, la aventura, el deber... son valores humanistas que Miguel de Cervantes trata como nadie pero, a lo que se va, lo que venimos leyendo es la novela de un hidalgo monomaníaco que confunde realidad con ficción o, en el mejor de los casos, que vive una ficción muy distinta de la del resto de personajes de la obra, o de la del resto de personas del mundo, una ficción que quizá por economía epistemológica es generalmente considerada como realidad.

Estas dos novelas, de extensión similar a las ejemplares (entre las dos vienen a sumar unas cien páginas) y también a la historia original de don Quijote (los primeros capítulos que comentamos -todos nosotros- tan por encima como esto de ahora) son en la conclusión que saqué hace tiempo y en la que aún hoy me reafirmo perfectamente prescindibles y de ellas debe prescindir el lector avisado, al menos en su primera lectura. Porque suponen una interrupción del camino trazado, del argumento. Sancho, el barbero y el cura, junto con Dorotea (la princesa Micomicona) y Fernando, Luscinda y Cardenio están ya con don Quijote después de que este pasara su penitencia entre peñascos y se dirigen al reino de Micomicón cuando se intercalan, seguidas una de otra, esta dos novelas. Y no me gusta, no me gusta ni un pelo. Más aún cuando ya se conoce lo que falta por venir: más ficción, más inventos y artimañas: don Quijote ha de volver a casa según el cura y el barbero, y para que esto se haga hay necesidad de nuevos cuentos que encandilen al loco.

Porque locos en esta historia hay uno, pero locuras muchas. Me acuerdo de las lopianas comedias de capa y espada cuando unos u otros personajes se disfrazan con la intención de engañar a don Quijote. Pero, claro, en Cervantes la lectura es más rica: los personajes, digamos de verdad, pasan a formar parte del mundo imaginado por don Quijote y así es fácil ver al cura o al barbero disfrazado de dama, por ejemplo, o a la ya nombrada Dorotea de princesa. Cuando, a menudo, Sancho cae en lo engaños que están sufriendo él y su amo es don Quijote quien vuelve a dar crédito a todo asegurando lque los encantamientos a los que está siendo sometido logran que sus aventuras maravillosas se presenten como hechos ordinarios, y las cosas extraordinarias, por ejemplo los gigantes, como objetos vulgares, sean molinos de viento o cueros de vino... así que el lector anda envuelto en estos ires y venires entre lo fantástico y lo real que hacen de la lectura maravilla.

De hecho, don Quijote vuelve a su aldea encerrado en una jaula que es carreta de bueyes y después de recibir el encantamiento de uno de los fantasmas que entre todos habla en la venta, de noche, con el caballero adormilado, alucinando con los disfraces de los que venían siendo sus compañeros de camino. Sancho se da cuenta de la engañifa pero le resulta imposible convencer a su amo.

Según el final se aproxima el discurso cervantino se va haciendo, en boca de varios personajes aunque principalmente en la del cura, más explícito y llega a su punto más álgido en los momentos en los que se trata, precisamente, la cuestión de los libros de caballerías, que don Quijote (mal) equipara a las crónicas de caballeros, estas sí, historias reales. Por extensión Cervantes acaba haciendo un alegato reaccionario al panorama literario (se supone que sobre todo sobre las tablas) y censor, y en el que viene a decir que no todas las obras merecen ser públicas y que, además, algunas son dañinas para la sociedad, refiriéndose, por supuesto, a las de menos calidad y, en realidad, no repartiendo mucho las bofetadas porque casi todas van a parar al dramaturgo por excelencia, el que daba al público lo que el público quería ver (casi siempre), Lope de Vega. Así que aboga quien fue censurado (en concreto la Inquisición portuguesa se ceba con esta obra) por censurar, controlar desde las instituciones la conveniencia de las obras. Y aunque no se puede negar que paja en el siglo de oro hay mucha tampoco que seguramente con medidas de ese tipo (esto lo dice Francisco Rico) nos hubiérmaos quedado sin una de las mejores épocas de la literatura española.

La obra termina de forma parecida a como empieza, con poemas inventados por personajes inventados, apurando la parodia hasta el final pues era uso que los libros de caballeros andantes se publicaran con las palabras de apoyo, a menudo en forma de poema, de colegas de profesión.

Don Quijote de la Mancha es una espléndida novela que es más que una novela. Es verdad que, como se decía en uno de los comentarios de la entrada anterior, se trata de un libro que conviene leer por capítulos sueltos, como si de cuentos independientes se tratara. Lo que yo recomiendo es que se lean los nueve primeros de un tirón y que luego se lea el resto, dejando afuera al impenitente y al cautivo que podrán leerse, esto sí, de la misma manera en que luego se podrán leer, si apetece, capítulos sueltos, después de la lectura previa o primera de esta historia realista y fantástica a partes iguales.

Les dejo con un pasaje de diálogo entre los dos protagonistas, ya de vuelta a casa, con don Quijote encerrado en la jaula, supuestamente encantado, y Sancho tratando de convencerle de que no hay encantamiento alguno sobre él. Es un pasaje que tiene cierto aire triste, melancólico, muy apropiado para un final, cuando Cervantes seguramente aún no tenía pensado continuar la historia. A veces creemos que hemos cerrado una puerta y luego nos damos cuenta de que la dejamos entornada, de que nuestro subconsciente pensaba distinto. Pienso que soy el subconsciente del librero, y no sé cómo piensa que puede deshacerse de mi. Bueno, a lo que voy:



- ¡Ah! -dijo Sancho-. Cogido le tengo:esto es lo yo deseaba saber, como al alma y como a la vida. Venga acá, señor: ¿Podría negar lo que comúnmente suele decirse por ahí cuando una persona está de mala voluntad: "No sé que tiene fulano, que ni come, ni bebe, ni duerme, ni responde a propósito a lo que preguntan, que no parece sino que está encantado?" De donde se viene a sacar que los que no comen, ni beben, ni duermen, ni hacen las obras naturales que yo digo, estos tales están encantados; pero no aquellos que tienen la gana que vuestra merced tiene y que bebe cuando se lo dan, y come cuando lo tiene, y responde a todo aquello que le preguntan.

- Verdad dices, Sancho -respondió don Quijote-; pero ya te he dicho que hay muchas maneras de encantamientos, y podría ser que con el tiempo se hubiesen mudado de unos en otros, y que agora se use que los encantados hagan todo lo que yo hago, aunque antes no lo hacían. De manera, que contra el uso de los tiempos no hya que argüir ni de qué hacer consecuencias. Yo sé y tengo para mi que voy encantado, y esto me basta para la seguridad de mi conciencia; que la formaría muy grande si yo pensase que no estaba encantado y me dejase estar en esta jaula perezoso y cobarde, defraudando el socorro que podría dar a muchos menesterosos y necesitados que de mi ayuda y amparo deben tener a la hora de ahora precisa y estrema necesidad.

- Pues con todo eso -Replicó Sancho-, digo que, para mayor abundancia y satisfacción, sería bien que vuestra merced probase a salir desta cárcel, que yo me obligo con todo mi poder a facilitarlo, y aun a sacalle della, y probase de nuevo a subir sobre su buen Rocinante, que también parece que va encantado, según va de melancólico y triste; y, hecho esto, probásemos otra vez la suerte de buscar más aventuras; y si no nos sucediese bien, tiempo nos queda para volvernos a la jaula, en la cual prometo, a ley de buen y leal escudero, de encerrarme juntamente con vuestra merced tan desdichado, o yo tan simple, que no acierte a salir con lo que digo.


Edición recomendada:

DON QUIJOTE DE LA MANCHA I.
Miguel de Cervantes, 1605.

Editorial Cátedra, a cargo de John Jay Allen.
Edición de 2005.
600 páginas.
9 €.

domingo, 23 de enero de 2011

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA III



Así que descansado el señor de su primera y solitaria salida, de vuelta a casa  pero aún encantado entre fantasmas literarios y deberes inaplazables logra, un día, enredar a un aldeano llamado Sancho Panza (o Zancas, o algo así), vecino del lugar, para preparar su segunda salida, la que los llevará directamente a la aventura más famosa del libro, la que todo el mundo conoce: los molinos de viento.

Hay que decir que estructuralmente la novela viene un poco retorcida. Digamos que lo que hoy se considera novela original, primigenia, termina justo tras el escrutinio, esto es, al final del capítulo séptimo. Sin embargo, cuando Cervantes decide continar la historia, seguramente gracias al hallazgo que es el personaje de Panza, incluye en esta primera parte el comienzo de la segunda salida, con la aventura de los molinos y la mitad de la del vizcaíno incluidas.

De esta manera, la segunda parte de esta novela dará comienzo en el capítulo nueve y a mitad del suceso que lleva a don Quijote y al vizcaíno a sacudirse de lo lindo, cuando hace ya algunas páginas que ha ensartado su lanza en una de las gigantescas aspas de molino con los que lucha ante el asombro del labriego. La razón  de que esta aventura sea dividida en dos y forme parte de dos bloques es que el autor, Cervantes (pero esto ya lo sabía usted, lector), pierde la pista de la historia del  trasnochado caballero. Hasta ahí sabe: don Quijote mantiene espada en alto frente a la de un rudo vizcaíno al que se ha empeñado en reconocer como encantador o secuestrador de la princesa que va en el coche y que, en realidad, es una señora, también vizcaína, a la que protege. ¿Y luego?  De lo que luego viniera confiesa el autor que no sabe más o, mejor dicho, que no hubiera sabido más de no darse un hecho extraordinario.

Es el propio autor, Cervantes, quien confiesa que halló en Toledo un texto arábigo de un historiador llamado Cide Hamete Benengeli, al que podríamos llamar el berenjeno, y titulado HISTORIA DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA. Qué les parece. Se trata de un hecho extraordinario a la par que ordinario. El hallazgo es extraordinario porque responde a la casualidad, a la suerte, y ordinario por cuanto que, de hecho, era típico de los libros de caballerías que hincaran sus raíces, sus orígenes históricos, en papeles y documentos a menudo extraviados o o de difícil catalogación, lo que les daba cierto aire legendario cuando no mágico. La crónica se mezclaba con la ficción en aquella época en la que la novela aún no existía como hoy la conocemos.

Don Quijote de la Mancha es la parodia de aquellos libros de caballerías (que no crónicas de caballeros) que tanto se leían en la época. Sin embargo está planteado como uno de tales. Cervantes no deja pasar ni un detalle y tras la inicial sorpresa que debía de ser para el lector de la época la historia de el hidalgo loco ("hidalguillo loco", llama don Rodrigo a don Alonso en EL CABALLERO DE OLMEDO, cinco años posterior) ya puede, tras ponerse cómodo y asir con fuerza el origen de la historia, seguir las aventuras estrafalarias y patéticas de este don Quijote. Todo lo que se cuente a partir del momento, desde este punto y hasta el final, es traducción de los texto aparecido en Toledo. El texto igual podría haber aparecido en una cueva custodiada por un animal mitológico, pero se trata, en cualquier caso, de un texto oculto que ha aparecido. Un origen misterioso el de los hechos acaecidos en aquel verano de 1614. Mes de julio.



Pues bien, don Quijote, acompañado de su alucinado escudero, ingenuo en su ambición y, por tanto, tonto del culo, arremete contra el vizcaíno que no es capaz de protegerse y este cae al suelo completamente doblegado y sangrando abundantemente tras el radical golpe que recibe en la cabeza, la cual apenas tenía cubierta por una almohada. Este se verá obligado a rendirse y aún tendido en el suelo deberá escuchar de boca de don Quijote que es obligación suya presentarse ante la sin par Dulcinea del Toboso para que sea ella quien con él haga lo que viera oportuno, ya que le ha perdonado la vida.

El el grueso de la novela ha dado comienzo con la incorporación del gran personaje que es Sancho Panza. Se trata de un personaje complejo porque su ambición, sus pasiones materialistas, lo llevan a creer en un loco, produciéndose así un estado ambiguo en su psicolgía, pues es por un lado el encargado en mantener lel vínculo con la realidad y por otro quien justifica las alucinantes andanzas de su amo pues, sin él, la persona que lo escucha y, como se suele decir, que le da cuartelillo, las aventuras de don Quijote serían imposibles, al menos desde que volviera a casa tras su primera salida. Podríamos decir que Sancho es tonto en varios sentidos y, aunque nunca lo he oído ni leído de esta manera, bien podría resumir que las andanzas de don Quijote y Sancho Panza son las andanzas de un loco y un tonto. A partir de esta combinación surgen algunos de los diálogos más inteligentes y cautivadores de la literatura hispánica.

En el que va a continuación, Sancho ha regresado junto con el barbero y el licenciado, a quienes se encontró cuando iba a visitar a Dulcinea según mandato de don Quijote, a las rocas de Sierra Morena. Allí espera don Quijote noticias de su amada y hacía penitencia por ella, igualito que los caballeros andantes. En realidad Sancho no llega a ver a Dulcinea, la labradora Aldonza Lorenzo en quien el loco ve doncella hermosa y otros patatines, precisamente porque por el camino se encuentra con el barbero y el licenciado, que buscan al loco hidalgo. Ya todos juntos entre los peñascos donde espera don Quijote y tras discutir los dos sobre cuestiones pertenecientes a la ínsula y prácticamente llegar a las manos se produce este diálogo:



- Echemos, Panza amigo, pelillos a la mar en esto de nuestras pendencias, y dime ahora, sin tener en cuenta con enojo ni rencor alguno: ¿Dónde, cómo y cuándo hallaste a Dulcinea? ¿Qué hacía? ¿Qué le dijiste? ¿Qué te respondió? ¿Qué rostro hizo cuando leía mi carta? ¿Quién te la trasladó? Y todo aquello que vieres que en este caso es digno de saberse, de preguntarse y satisfacerse, sin que añadas o mientas por darme gusto, ni menos te acortes por no quitármele.

- Señor -respondió Sancho-, si va a decir la verdad, la carta no me la trasladó nadie, porque yo no llevé carta alguna.

- Así es como tú dices -dijo don Quijote-; porque el librillo de memoria donde yo la escribí le hallé en mi poder a cabo de dos días de tu partida, lo cual me causó grandísima pena, por no saber lo que habías tú de hacer cuando te vieses sin carta y creí siempre que te volvieras dasde el lugar donde la echaras menos.

- Así fuera -respondió Sancho-, si no la hubiera yo tomado en la memoria cuando vuestra merced me la leyó, de manera que se la dije al sacristán, que me la trasladó del entendimiento tan punto por punto, que dijo que en todos los días de su vida, aunque había leído muchas cartas de descomunión, no había visto ni leído tan linda carta como aquélla.

- Y ¿tiénesla todavía en la memoria, Sancho? -dijo don Quijote.

- No, señor -respondió Sancho-, poque después que la di, como vi que no había de ser de más provecho, di en olvidalla; y si algo se me acuerda, es aquello del sobajada, digo, del soberana señora, y lo último: Vuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste Figua. Y en medio de estas dos cosas le puse más de trescientas almas, y vidas, y ojos míos.

Final del trigésimo capítulo.
Termino el próximo día ya con una propuesta de lectura: humilde.


P.D. Me surge una duda respecto a la condición del autor y del narrador. Cervantes había aparecido nombrado en el escrutinio como autor de LA GALATEA y, por tanto, como personaje. Sin embargo, a partir de la segunda parte, cuando la historia se convierte en la traducción de un texto arábigo, del historiador berenjeno, Cervantes aparece como narrador claramente. ¿Alguien puede explicarlo?

viernes, 24 de diciembre de 2010

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA II

Muchas cosas cabe destacar del que se ha dicho tantas veces que es el mejor libro de la Historia o mejor libro del mundo. Una de esas exageraciones que por aquí no se tragan y que quizá responda a una vieja necesidad consistente en aleccionar antes que cultivar, en ser aleccionado antes que cultivarse uno. Nadie duda por aquí que El Quijote es una novela sobresaliente, extraordinaria. Pero tengo un escritor, un músico, un pintor y un jugador de fútbol favoritos y de ninguno de ellos se me ocurriría la barbaridad de decir que es el mejor del mundo. Estas cosas son propias de radio fórmulas y el librero sólo pone Radio 3. En ese sentido me tiene bastante condicionado.

Durante las próximas entradas voy a hablar de la primera parte de Don Quijote de la Mancha. Voy a considerar este y el de 1615 libros distintos. Pienso, además, que así debe ser. Lo que se nos cuenta en el de hoy es una historia de humor protagonizada por un hidalgo viejo que ha perdido el juicio por culpa de la lectura abusiva de libros de caballerías, de manera que en lo que a esta cuestión atañe, el señor Quijana, o Quesada o Quijano, pues no se sabe bien cómo se llama y nada se dice de su nombre de pila, confunde realidad y ficción. Esto que todo el mundo conoce me gusta decirlo porque me sabe de rechupete.

El hidalgo se quiere hacer caballero andante, que es en algún que otro sentido como si ahora a uno le diera por hacerse sereno o pregonero. Por lo menos. Don Quijote de la Mancha  era un personaje desfasado ya a principios del XVII. Ahora no lo es tanto porque desde este siglo la diferencia entre la época de los caballeros andantes y la de la España en la que viven Cervantes y don Quijote no parece tanta, aunque hay que decir que la raza de los caballeros andantes se había extinguido hacía muchos decenios. Pero, vaya, que el tipo lo que quiere es enderezar tuertos y a eso va.

Los ocho primeros capítulos constituyen la primera parte de la historia original publicada en 1605. Cervantes supuestamente traza una crónica real de un personaje excéntrico cuya existencia conocería por medio de documentos u otras crónicas históricas, fidedignas. Ya se ha visto algo parecido en EL LAZARILLO DE TORMES, cuya historia, biografía, es presentada como una carta en la que parece solicitar perdón a algún poderoso a la vez que justificar su posición de cornudo, hecho por el que se le debe juzgar. Cervantes nos presenta los estragos, ejemplificadores, que sobre una persona culta e inteligente pueden hacer los dañinos libros de caballerías  y aprovecha para profundizar en la burla, sacando a la broma todo su jugo.


Fundamental, así las cosas, me parece tomar conciencia de los hechos que se nos plantean: un hidalgo, venido a menos, cuyo nombre no se conoce a ciencia cierta, vive en un lugar sin concretar de La Mancha, y ha decidido salir a los caminos a ejercer la muy noble profesión de caballero andante. Un hombre maduro, seco de carnes, saldrá tras vestirse y armarse de manera inadecuada para con todos los tiempos imaginables en busca de aventuras sobre un caballo viejo y delgado como él al que llamará Rocinante, en clara referencia a los caballos de tiro:"Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner efeto su pensamiento, apretándoles a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer". Y una madrugada del mes de julio sale al campo y comienzan las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Ya en el campo don Quijote se da cuenta de que para poder comportarse como un caballero deberá armarse como tal. La venta por la que los protagonistas de la historia pasarán varias veces se erige como castillo que ha de tener un dueño y señor y, por tanto, donde podrá ser armado caballero. Evidentemente todo el mundo le toma por loco desde el principio y, mayormente, se le seguirá la corriente, aunque la tarde y noche que allí pase no estarán exentas de accidentes.

El caso es que le lector va familiarizándose con el loco aldeano manchego, que desde las primeras páginas se piensa caballero, cuestión esta que sólo tragarán los ignorantes como, hay que decirlo, el propio Sancho Panza, que aún no ha comenzado sus aventuras con su amo y no habrá podido presenciar la farsa del ventero, bastante guasón, armando caballero a don Quijote. En cuanto salga de la venta que desde el principio piensa como castillo  se topará con su primera aventura y rescatará de las garras de Juan Halduldo al mozo Andrés, que estaba siendo azotado por aquel, y se creerá victorioso. Tratará de obligar a unos mercaderes con los que se cruza en el camino a confesar que su Dulcinea del Toboso es la doncella más hermosa del mundo, pasaje este delicioso en el que los mercaderes alegan no conocer a la dama y don Quijote por su parte que eso lo hace, precisamente, más interesante o de mayor trascendencia. Al final  cansará a todo el mundo con sus razones y recibirá una paliza. En capítulos sucesivos sufrirá varios desdoblamientos de personalidad imaginándose otros caballeros de novela y, al final, será encontrado por el cura y el barbero, que lo llevan a casa. Una vez allí, durante los capítulos siguientes, tiene lugar el donoso escrutinio, uno de los pasajes más famosos de la novela, desde luego de forma merecida.

Se ha dicho que en este escrutino Cervantes aprovecha para hacer su propia selección, de manera que son claramente salvados de la quema AMADÍS DE GAULA, TIRANT LO BLANCH y PALMERÍN DE INGALATERRA como libros de caballería. Se salvan otros, como el propio LA GALATEA de Cervantes, pero estos ya son novelas pastoriles, o poemas u otros... El caso es que el cura y el barbero hacen una hoguera con la mayoría de la biblioteca caballeresca de don Quijote, reafirmando al final de este primer libro el objetivo para el que la historia fue escrita: ridiculizar este tipo de literatura, en la que tan a menudo se escriben como reales piezas fantásticas de escasa calidad literaria cuando no nula.

De hecho parece que hasta este punto habría de llegar el quijote original, como relato corto al estilo de las novelas ejemplares. En la edición que leo serían unas ochenta páginas y correspondería a los siete primeros capítulos. No obstante dentro de esta primera parte Cervantes incluye (se supone que cuando decidió alargarla) la segunda salida de don Quijote, capítulo octavo, la primera con su escudero Sancho Panza, en la que tiene lugar la aventura de los molinos de viento y la mitad de la aventura que sucede con el vizcaíno.

Para quien aún no se haya atrevido con esta obra aconsejo que empiecen por leer los siete primeros capítulos como si de una novela corta se tratase. Son encantadores. La prosa precisa de Cervantes, elegante, sin paja ni rodeos extraordinarios pero cargada de significados junto con lo maravilloso de los hechos que se narran han de hacerlo, según mis cálculos, irresistible. El resto vendrá después: cuando al tipo loco enrede a "un vecino labrador de muy poca sal en la mollera" en sus planes de manera que quince días después de descansar den comienzo las nuevas aventuras. Y, no sé por qué, y a pesar de estar Cervantes, sobre todo, parodiando, esta segunda salida resulta especialmente emocionante: debe de tratarse por la mezcla de ilusión y de patetismo que provoca, la gracia de la vestimenta del hidalgo y, no olvidemos, la del escudero, sobre su mula... conformando una de las parejas más extrañas de la literatura, vagando por los caminos que recorren otras gentes... Quizá sea su fuerza visual, plástica, lo que ha hecho a tantos llamar a esta novela la mejor del mundo: quizá ha pasado demasiado tiempo para que a alguien se le ocurra una imagen que pueda igualar la de un hidalgo mal disfrazado de caballero, cabalgando un triste saco de huesos y acompañado por un labrador rechoncho e ignorante que monta una mula. ¿Que a dónde van? Coño, pues a salvar al mundo de las tantas injusticias que sufre. Menuda pregunta.

Ah, felices fiestas.

martes, 7 de diciembre de 2010

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA I


La verdad es que no soy visitante habitual de la Biblioteca Nacional. Será esta la razón por la que no conocía el archivo que enlazo a continuación. Me va como anillo al dedo  (pero qué digo) porque en las próximas semanas pienso hablar de Don Quijote de la Mancha y es seguro que una vez pensada la cosa me de por transcribirla. Puede que lo mejor de la serie que comienzo a partir de hoy (está pendiente acabar con Lorca) sea la entrada presente.

DON QUIJOTE
en la Biblioteca Nacional

Gracias, Alfredo.