jueves, 28 de abril de 2011

LA TORRE VIGÍA

Título, La Torre Vigía.
Autora, Ana María Matute, 1971.
Editorial, Destino, 2010.

256 páginas.
Pvp, 19 €

El pasado lunes estaba tranquilamente terminando este libro mágico de Ana María Matute y sale la octogenaria en la tele y dicen los del telediario en el que se pasaba el reportaje que la  barcelonesa recogería no sé qué día el Cervantes que se le había, por fin, otorgado, como se sabía desde hacía no sé cuántas semanas o meses. Pero yo no lo sabía. Yo nunca sé estas cosas. Me entero cuando todo el mundo lo sabe ya. Ya no pongo en el blog ni a los muertos, y eso que hubo una temporada que me dio por publicar una reseña homenaje por cada uno pero, claro, se me han ido acumulando los cadáveres y el asunto apesta. Creo que los premios no los puse nunca, será que también se corrompen.

Me alegra, en cualquier caso, que una autora como la Matute se vea reconocida con un premio insigne y representativo como este. No sé por qué tengo la impresión de que leí a Matute en algún momento de la vida del librero pero no lo podría asegurar porque nada recuerdo de ello. Cuando me acuerdo de que no soy se me cruzan las reflexiones y cuando trato de aparentar que soy se me hacen nudos en la sesera, pero siempre hay una solución: uno abre un libro fantástico, y se tira a él y se zambulle, y nada como pez en el agua.

Más o menos a esta altura dejé ayer miércoles la entrada y por la noche vi entre puñetazos que se daban los del barsa y los del madrí (ese entrenador va a acabar con el madridismo como siga mucho tiempo en activo) de nuevo a la Matute recibiendo ya el reconocimiento, leyendo unos párrafos de EL QUIJOTE y emocionándose y estas cosas. Repito que se lo merece, y quiero que vaya mi homenaje particular porque me puse más ancho que largo cuando dijo algo así como: por favor crean en las historias que cuento porque las creé.

Libro presente, primera parte de la llamada trilogía medieval, que sigue con OLVIDADO REY GUDÚ (1996) y ARANMANOTH (2008): la historia de un joven en su periodo de iniciación, a la vida en general y a la muy noble de caballero en particular, en un territorio desconocido, ficticio y difuso, nebuloso, que se aleja del realismo cuanto la verosimilitud de la historia le permite. En los comienzos me ha recordado a dos obras que forman parte de mi imaginario literario: una es EN BUSCA DEL UNICORNIO , de Juan Eslava Galán, novela ambientada en el medievo aunque más bien de corte realista y, sobre todo, de estilo peculiar y apropiado con la narración en primera persona que se hace, la de un personaje de época. Es necesario constatar que Matute fue primero, aunque no para mi. La otra obra es LA VIDA DE LAZARILLO DE TORMES, con la que tiene en común el tono pesimista, la génesis (malqueridos por sus propios padres) que adelanta un mal sino, vergonzante en el caso de Lázaro y oscuro en el del protagonista de La Torre Vigía. Y, por supuesto, la narración en primera persona.

Ana María Matute aliña su historia con metáforas en las que radica buena parte de  su tono fantástico. Además, aparecen elementos naturales que ahondan en la sensación de inasibilidad del argumento, que se escapa por terrenos inexplorados y, efectivamente, inexplorables salvo que los ojos se cierren con mucha, mucha fuerza. Así, en el tercero de los capítulos, cuando el protagonista ya ha abandonado la casa de su padre y va en busca del castillo de Mohl, donde algún día será nombrado caballero, una noche en la que para a descansar en la oscuridad total ocurre esto:

(...) Súbitamente, un terror centelleante pareció atravesarme las entrañas. No era terror a la muerte, ni a criatura alguna: algo atroz y difuso a un tiempo, que me hacía temblar, como un poseído. Por entre las ramas de los árboles donde me había amparado distinguí el brillo lejano y frío de diminutos astros. Y vi, claramente, infinidad de noches transparentes o esferas errantes: praderas de aire y fuego se deslizaban bajo mis pies y sobre mi cabeza, inundándome de un resplandor tan vivo como ningún fuego podía producir. Con lúcido estupor como si de un sueño largo y pesado renaciese, me pregunté hacia dónde rodarían mis noches, hacia dónde erraban o caían todos mis días conocidos y olvidados. (...)

Será después de esta noche que llegue, por fin, al castillo. Y allí nos será narrado su segundo periodo de aprendizaje, después del primero, en su propia casa, cuando aprende de Krim-Guerrero a manejar la espada y a montar a caballo: Krim-Caballo. Todos los datos que sirven para crear al personaje cuyo nombre, como ya se vendría sospechando, no conocemos en ningún momento, todos esos datos, digo, sirven también para adentrarnos en el mundo fantástico que se nos propone poblar.

Lo cierto también es que el personaje me ha creado alguna duda, sobre todo en la primera parte del libro, y esto es consecuencia de su conciencia. El personaje que se narra es visto desde afuera, por los demás, como una especie de salvaje indomable ya desde la cuna y, desde luego, esta percepción se radicaliza según crecen él y sus excesos. Pero me llama la atención que el narrador, en su conciencia, se pliegue totalmente a la visión foránea que de él se tiene, visión que podría resumirse (y no puedo evitar cierto temblor) en que es un personaje sin conciencia o, en todo caso, que posee una conciencia que le es prestada. Creo que aquí sí hay un problema grave de verosimilitud, aunque ello podría consistir más bien en una falta: cierta superficialidad en la psique del protagonista. Otra novela bastante famosa se me viene a la cabeza ahora: EL PERFUME, de Patrick Suskind, un libro de mucha cáscara y muy poca profundidad que siempre me pareció más una gran anécdota (ciertamente extraordinaria y original) que una verdadera novela, en la que se hacía mucho hincapié en las cosas que pasaban y, sin embargo, no se contaba, de verdad, casi ninguna.

Pero ya quisiera Süskind parecerse un poquito a la Matute. Su poética va en aumento, en el castillo, según avanza la novela, el misterio no lleva camino de desvelo alguno, más bien al revés, la historia se difumina entre terrores, sucesos extraños, seres inexplicables, batallas y guerras que no parecen de este mundo... Y, al final, lo único imposible (esto me llevo como recuerdo principal) son las realidades de las reales historias de caballeros: los patrones de honor y valentía en este libro son ideales que no tienen sitio porque esta, también, es una novela cruel, despiadada, y lo más importante es el halo que envuelve las cosas ocultas... prosa para soñar, y una narrativa contundente que bien podría leerse como quien lee poesía.

5 comentarios:

  1. Hace muchos años que leí este libro. Lo hice justo después de Olvidado Rey Gudú. He quedado vacunado definitivamente de los mundos de fantasía nórdica y hadas.
    ORG me gustó mucho más que esta novela, sobre todo porque, según el regusto que me viene a la memoria, recuerdo que la autora nunca pretendió crear un paisja idílico de nobles guapos y guerreros rubios.
    Algún día leeré algo de la primera escritura de Ana María Matute que, según parece, no es desdeñable.

    ResponderEliminar
  2. Se ha muerto Sábato. Otra necrológica pendiente.

    "El perfume" me pareció nada de nada. Fue de aquellos libros que me tuve que leer por no matar a un amigo que se empeñó que me lo leyese y terminé matando al amigo por obligarme.

    Del premio Cervantes lo que más me gusta es que el rey tiene que ir y tragarse el discurso. Es de los pocos días que se gana el sueldo. Y no es mileurista el chaval.

    ResponderEliminar
  3. Hola, Arrecogiendo, en realidad tampoco esta novela tiene mucho que ver con el mundo de nobles guapos y guerreros rubios. De hecho, está en las antípodas de ello. Leeré proximamente OLVIDADO REY GUDÚ. Hace tiempo que para mi los mundos de fantasía son más reales, más verídicos que los de realidad.

    Impenitente, murió Sábato y no escribiré nada al respecto. Gracias por el dato aunque, milagrosamente, de este hecho me enteré a tiempo. Siento lo del amigo muerto, si no era literato quizá pueda hacerle una necrológica. Del Rey prefiero no hablar, me cae mal sólo por ser Rey y sé que algo de injusticia hay en ello.

    Un saludo a los dos.

    ResponderEliminar
  4. Ahora lo estoy leyendo. Como visión sencilla y rápida de la E. Media me gusta. La superficialidad que parece desprenderse en ella no es sino el reflejo del propio sentir de aquella época, la conciencia es algo que no creo estuviera demasiado marcada, más se movían por impulsos y miedos que por raciocinios.
    Curioso es, yo me acababa de comprar este libro (por cierto el primero de Matute) cuando me entero de lo del premio.

    ResponderEliminar
  5. Hola, Pegatina, bienvenida.

    Bueno, la visión que proporciona Matute de la E. Media no sólo no tiene en cuenta los valores típicos caballerescos sino que, además, los traiciona, los tilda de falsos.

    En cuanto al tema de la conciencia hay, para mi, un problema de verosimilitud, porque no me creo un personaje que se piensa como lo ven. Creo que es algo más que superficialidad.

    Y de lo del Cervantes, qué decir: parece que eres tan despistada como yo. Pues ya lo siento.

    Un saludo. Vuelve cuando quieras.

    ResponderEliminar

Comentarios.