martes, 28 de julio de 2009

ESCENAS. A TORO PASADO.

Terminó el último festival OLMEDO CLÁSICO y por aquí ya se empieza a pensar en otras cosas. Tengo pendiente empezar con LAZARILLO y aún hablaré en pocos días de la última novela de Gutiérrez Solís, que estoy leyendo. Mientras tanto, ay, terminó el último festival OLMEDO CLÁSICO que a mi, buena ventaja, no me produce dolor de trasero. Un gran mal que sufre, al menos, un tercio de los espectadores sitos en la corrala cada año.

Por lo demás, más importante, este ha sido el festival más completo, la edición más rica de las hasta ahora celebradas en la villa del caballero. No voy a profundizar mucho no vaya a ser que me pierda por abajos desconocidos pero me decido a hacer un podio o, mejor, dos. Uno literario y otro escénico. Ahí es nada.

El podio literario está compuesto por las obras LA VIDA ES SUEÑO, EL CABALLERO DE OLMEDO y FUENTEOVEJUNA. Por supuesto se daba y acuda a nuestra selección de portada quien no lo sospechara. Quien busca referencias en este festival para disfrutar sobre su sillón las encontrará en estas tres obras paradigmáticas de la época dorada. No hay mucho, creo yo, que discutir al respecto. Por cierto que puede ordenar dicho podio como le plazca.

El escénico es más delicado para mi pues a penas me estoy iniciando en tan clásicos tablados. Sin embargo no hay nada como la sinceridad y es de esta manera como digo que la obra que más me ha hecho disfrutar este año ha sido LA VIUDA VALENCIANA, de la compañía Teatres de la Generalitat. Actores de primera categoría que se hacían entender perfectamente y con naturalidad, mediadores entre el texto, siempre rico, de Lope y los espectadores, no siempre iniciados, de la corrala. Una historia que en movimiento resultó ser muy divertida y la compañía valenciana manejó con seguridad y desenvoltura. Aquesto fue fluir. No me cabe duda de que ha sido lo mejor del festival. Una comedia de capa y espada, de esas que siempre me hacen dudar tanto...

El nivel de este año ha sido alto y es a partir de la necesidad de un segundo puesto en cualquier podio que me entra el tembleque. Tendré que concederlo a LA VIDA ES SUEÑO, de la companía Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid. El aparato ideado por Calderón es fácil de aprovechar plásticamente y no siempre bien aprovechado. Tuvimos los espectadores ocasión de comprobar bastante de lo primero y, sobre todo, desde un primer momento con el hipógrifo violento que dejara al público de la corrala con la boca abierta. Y algunos tardaron en cerrarla. Un buen Segismundo que era, efectivamente, hombre y fiera; y una Rosaura que fue hombre y, también, mujer, soldado rencoroso y dama sensible... Un texto, por supuesto, impoluto, con los versos más famosos de la literatura hispana incluidos... en fin... un escenario de columnas que lo mismo servían para la torre oscura que para el palacio luminoso, vestimentas modernas que no estorbaron a la representación y sí acentuaron su carácter universal... Para mi no fue la mejor porque esta obra cuenta siempre con las desventaja de que su lectura, a poco imginativo que se sea, es muy difícil de superar sobre las tablas. Quizá otro tanto, y puede que algún día hable de ello, le suceda a EL CABALLERO DE OLMEDO.

Lo de elegir un tercer puesto me es casi imposible. Cuanto más vueltas doy al asunto más me doy cuenta del nivel de este año. Ando entre dos cuya discrimanada no diré... y me quedo con los japos. Vaya por delante que la FUENTE OVEJUNA de la compañía japonesa Ksec-Act no merece para mi tal nombre. A penas se pudo ver la mayor parte de la trama central del libro de Lope y se pasó de puntillas por la secundaria, así que vaya desde aquí mi comprensión para alguno que sé que salió echando humo por no ver aquello que pensaba que se iba a representar: si en el folleto pone Fuenteovejuna que sea Fuenteovejuna y, si no, que ponga otra cosa. A mi el teatro japonés que ya pudimos ver el año pasado me parece alucinante. Uno se podría pasar horas mirando las caras de los actores y de las actrices, saboreando sus movimientos sustanciales y sus coreografías enérgicas. El tiempo que se toman en cada escena, los silencios. Quizá tiempo y silencio sean para mi las partes más destacables de las representaciones de estos. La justicia, tema central de la obra original, es explotada aquí con sensibilidad oriental y el resultado me parece fantástico.

Y nada más de momento. Felicitar a los organizadores un año más y expresar la sensación de que estas felicitaciones se repetirán en futuras ediciones porque sé que detrás de esto hay, sobre todo, ganas. Una gozada para todos y, sobre todo, un saludo para los piraos de la tertulia del constipado, que los he visto cada noche después de la función aunque no tuviera ninguno la ocurrencia fácil de mirar al cielo oscuro de vez en cuando: algo hubieran visto, aunque menos de cuanto yo oí: la de cosas que sé y que no sabía.

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