miércoles, 11 de julio de 2012

El médico de su honra.


Pedro Calderón de la Barca, alrededor de 1635.
Ediciones Castalia, 2010.
226 páginas. Pvp, 10, 80 €.

(OLMEDOCLÁSICO, 2012.
Teatro Corsario.
24 de julio a las 22:30.
Corrala del Palacio.) 

Pues nada, al lío. El próximo viernes se sube el telón de la última edición de Olmedo Clásico. Estoy terminando ahora la lectura de La Gran Zenobia, de Calderón, una obra muy interesante ambientada muy lejos de la españa del XVII, y caracterizada por elementos épicos y cuestiones de honor en los que la gobernanza es sacada a la palestra desde la seguridad que a los autores de palacio daba la alegoría.

Sin embargo hoy voy a hablar de otra obra: un drama. EL MÉDICO DE SU HONRA es una obra histórica ambientada en el siglo XIV y que tiene, por tanto, bastantes cosas en común con LA GRAN ZENOBIA: además de estar ambientada en cierto contexto histórico hay que apuntar que este también se encuentra alejado de la sociedad contemporánea del dramaturgo. Estamos en tiempos del reinado de Pedro I (el cruel). Son también los tiempos de su hermanastro Enrique,  quien fuera Segundo o Trastámara en su posterior reinado, tras la que es considerada por muchos como Primera Guerra Civil Castellana y que terminó con el asesinato de Pedro I a manos del propio Enrique. Ambos son personajes del drama y aunque los hechos narrados son previos a la Guerra los espectadores de entonces veían la obra ya con la perspectiva histórica que debe considerarse como parte del juego que planteaba en escena Calderón.

En la edición  que he leído Don W. Cruickshank insiste en llamar a la obra tragedia, al modo de las viejos clásicos griegos. A mi, la verdad, me falta mito, me falta destino y aún me falta sangre, que hay poca: un asesinato -de una inocente- en toda la obra no es mucho, aunque el personaje asesinado sea fundamental, que no protagonista. Digamos que el protagonista es el asesino y su final más patético que trágico, un destino no muy cruel: don Gutierre se verá obligado a casarse con Leonor pues así lo dispone el Rey don Pedro. Si el introductor se decanta por llamar a la obra tragedia es gracias a que, después de todo, el término es amplio e, incluso, ambiguo. Pero vayamos situando al futuro lector.

EL MÉDICO DE SU HONRA es una obra didáctica. Como bien se nos explica en la introducción es, sobre todo, moralista y trata la necesidad que tienen las personas de guardar sus apariencias. En el caso que nos ocupa esta preocupación -excesiva- es motor de todas las acciones principales. Mencía, casada con don Gutierre, tuvo un pasado con el principe Enrique que, finalmente, no evolucionó en compromiso, pero que el propio Enrique se encarga de reavivar cuando años después se produce el encuentro entre ambos, al comienzo de la obra: Enrique cae violentamente del caballo cuando -junto al Rey y su séquito- viaja a la ciudad de Sevilla. Entonces el príncipe será atendido en casa de don Gutierre y se producirá el reencuentro con doña Mencía. Enrique buscará intimar con ella y ella no sólo no aceptará su propuesta sino que, además y en su empeño por mantener las apariencias,  tomará decisiones que tendrán el efecto contrario, pues harán sospechar a don Gutierre, lo cual será por su parte motivo suficiente para matarla: una vez se ha producido la sospecha en él puede surgir para cualquiera la apariencia de su deshonra, lo cual es -desde su punto de vista- algo de más importancia que si el engaño se produjera de hecho. Por eso es el médico de su honra: don Gutierre no trata de dilucidar si su mujer es o no culpable (si lo fuera y nadie se percatara no emplearía tanto esfuerzo en hallar una solución), don Gutierre trata de curar su honra, de mantener su honor intacto. En general todos los personajes -salvando quizá al bufón Coquín- están  demasiado preocupados por su honra, lo que crea un red de apariencias que hace a todos desconfiar de todos y -dando una vuelta de tuerca- mentir por seguir aparentando para protegerse del juicio de los demás, un jucio que no es conveniente casi nunca y que según el momento habrá quien prefiera verdadero o falso, de manera que se llega a esperpentos -véase doña Mencía- como tratar de aparentar la realidad.

A nadie puede sorprender a estas alturas la preocupación de Pedro Calderón de la Barca por lo que es estrictamente real y lo que es apariencia, sueño o imaginación. Por aquí conocemos bien dos de sus obras máximas: LA VIDA ES SUEÑO y EL GRAN TEATRO DEL MUNDO. Ambas, como es lógico, tienen que ver mucho con esta de la que hablamos hoy. Hay elemtos en común, la caída de don Enrique con la que se inicia la obra aquí recuerda a la de Rosaura -¡hipógrifo violento!- en La Vida Es Sueño, por ejemplo. Y, por ejemplo, el papel del gracioso aquí -Coquín- recuerda a los personajes de El Gran Teatro Del Mundo, que saben -cuando no pierden el rumbo- que están representando un papel, algo que es alegoría de la vida terrenal de la época y aún de la más cristiana de ahora: representación previa ante Dios, quien habrá de juzgar su acciones de cara a la eternidad o vida real. En fin, sin la necesidad de entrar en cuestiones de religión puede verse fácilmente el potencial estético y lírico de estas argumentaciones que en El Médico De Su Honra son traidas a un plano histórico y práctico, con lo que se parte de los mismos medios para explorar otros fines: la condición hipócrita del ser humano por cuanto que toma sus decisiones más por la opinión que de él se tenga desde afuera que por lo que trata de ser -se entiende que en conciencia-. Dada la importancia de la lírica en las obras del XVII Calderón lo viste todo de seda fina, fina y se sirve de la metáfora de la salud como elemento fundamental que va ya en el título.

Por resumir: primera toma de contacto con el teatro barroco este verano y, la verdad, satisfecho. Una obra que me ha divertido y que me ha parecido que toca un tema muy interesante, este de las apariencias con el que me viene un dicho tradicional a propósito de la mujer del César que en el caso presente bien podría tildarse de maldición... y, en fin, en La Gran Zenobia, obra ambientada en la época del Imperio Romano que estoy terminando tendremos oportunidad de desarrollar un poco más algunos de los temas que han aparecido hoy. Hasta entonces.







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