jueves, 6 de marzo de 2014


Nº 71



Sergi Pàmies (París, 1960) se traduce a sí mismo  y esa es la razón por la que el libro de hoy aparece en este humilde escaparate hispánico, esto a pesar de que la versión original está escrita en catalán. Van pasando los cuentos de este autor por la librería (LA BICICLETA ESTÁTICA y SI TE COMES UN LIMÓN SIN HACER MUECAS son sus últimos libros) y ahora transcribo el primero de los 26 que conforman esta última obra suya:


Sergi Pàmies, 2013.
Anagrama, 2014.

158 páginas.
13, 90 €.


PRIMERA CANCIÓN.

Tengo una teoría: si te enamoras bajo la lluvia el amor dura más que si luce el sol. En los últimos años, y sin ninguna pretensión científica, he preguntado a cuantas personas he conocido en qué condiciones meteorológicas se han enamorado. En general, suelen contármelo sin reservas, con la mirada saturada de nostalgia o con una contrariedad que no se esfuerzan en disimular. Guardo setecientas quince respuestas archivadas cronologicamente y, con el rigor de un diletante, me atrevo a afirmar que la lluvia es beneficiosa para este tipo de sentimiento. De las respuestas también deduzco que nos apetece más recordar cómo conocimos un amor pasado que uno vigente y que, de entrada, no le damos ninguna importancia a si llovía o hacía buen tiempo (aunque puede parecer que la nieve favorece el amor, la estadística no engaña: que nieve es una catástrofe). Soy consciente de que todos estos datos, aparentemente inútiles, pueden llevar a pensar en una manía de coleccionista ocioso, pero lo cierto es que en momentos de desconcierto me han ayudado a tomar decisiones. Hace unos años me marché a vivir a una ciudad atlántica, y siempre que llueve, me pongo la gabardina y salgo a dar vueltas por las calles. Veo mujeres con bolsas de plástico en la cabeza y calzado inadecuado, bajo los porches de las plazas más céntricas o de las marquesinas de las tiendas de lujo, tiritando después de calarse hasta los huesos. Y veo otras que, con una heroica inconsciencia, salen al encuentro de taxis que nunca se detienen. Empapado, las observo con atención, buscando un revelador cruce de miradas, esperando que, con la violencia de un relámpago el amor los fulmine.

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