miércoles, 20 de agosto de 2008

La Celestina II

LOS SESOS DE CALIXTO POR EL SUELO

¡O mi señor y mi bien muerto! ¡O mi señor [y nuestra honra], despeñado! ¡O triste muerte [y] sin confesión! Coge, Sosia, esos sesos de esos cantos, júntalos con la cabeza del desdichado amo nuestro. ¡O día de aciago! ¡O arrebatado fin! (Acto decimonono de LA CELESTINA, tomado de EDICIONES B, a cargo de Mª Eugenia Lacarra)

En fin, este pequeño parlamento del criado Tristán representa uno de los pasajes más trágicos de esta obra que una y otra vez es considerada oficialmente como la más importante de la literatura española (en su calidad literaria) después de EL QUIJOTE. Calixto acaba de caerse de la escala con la que, a lo largo de un mes, ha estado visitando a su amada Melibea, a la que ya tenía desvirgada desde el primero de los días en que, con otros criados, aún vivos, hiciera su primera excursión. Consentida por la contraria, claro, dispuesta a dejar de ser dama. Cuando nosotros llegamos a este sesudo punto de la obra, Calixto muerto, no podemos reprimir una sincera sonrisa maliciosa que viene a decir que al protagonista le pasa lo que se merece. ¿Que por qué? Vamos viéndolo.

Desde el principio de la obra Calixto se nos presenta como el centro de las burlas de todos los personajes (Dorothy S. Severin, CÁTEDRA) fundamentalmente porque es parodia del amante cortesano. Es parodia porque todo lo hace al revés: no tiene paciencia, es directo en las formas, tan poco discreto que utiliza a una alcahueta como mediadora y, desde luego, más que amor romántico lo que busca es sexo. ¿Que por qué? A ver.

Calixto está salido como el pico de una plancha. No lo decimos de broma, es sólo por llamar la atención del lector. A nosotros no nos preocupa eso. Es decir, no nos parece mal que el pobre ande algo apurado. Sin embargo, el personaje sí nos cae decididamente mal, porque es un hipócrita. Lo es porque disfraza su verdadera pasión (simples ganas) de complejo amor cortesano, un amor del que no puede salir ileso porque no sabe cómo ejercerlo. Por eso es objeto de las burlas de prácticamente todos los personajes, especialmente de su criado Sempronio y de Celestina. Ahora bien, para que su descripción (grosso modo, por favor) sea completa no se le puede negar a nuestro Calixto la posibilidad de cierto punto trágico. Nos explicamos.

La posibilidad radica en que, efectivamente, el pobre Calixto pudiera verse obligado a actuar del modo en que lo hace. Es trágico en ese sentido, porque un destino fatal nos parece no poder amar con plena libertad a quien se desea cuando, además, se es correspondido. Así, Rojas estaría también denunciando un proceder social que debía ya verse como pasado de moda incluso en la literatura. No obstante, ni siquiera de este modo quedaría del todo justificadas las formas de Calixto, ya que parece contradictorio querer adecuarse a las señoriales reglas cortesanas del amor y desvirgar a la dulce dama a las primeras de cambio. ¿O no?

Así pues, Calixto es fundamentalmente un personaje cómico, tanto que incluso cuando se mata nos produce risa. Se trata de un humor no exento de cierto acidillo porque, al fin y al cabo, alegrarse uno cuando el héroe palma parece un poquito duro. Pero, oiga, esto lo leían a primeros del dieciséis, y lo leyeron en el diecisiete y, en fin, se estuvo leyendo bien hasta que metio mano la científica crítica especializada del siglo XX y la mangó mejor. Porque convirtió una comedia en una tragedia y se quedó tan ancha.

Pero bueno, nosotros, humildes libreros, nos hemos servido también de la crítica especializada, con la salvedad de que nuestra primera relectura tras los tiempos de instituto ha sido con una edición de Mª Eugenia Lacarra, defensora a ultranza de LA CELESTINA como comedia, y que ha acabado influyendo en tantos otros críticos hasta, con la adhesión de algunos, hacer de su punto de vista opinión imperante. Aún, sin embargo, quedan resquicios entre intelectuales máximos que insisten en lo trágico del final de la obra. Hay razones para verlo así pero son malas razones aunque, de momento, no vamos a ahondar más en el asunto.

Sepan, pues que no hay prisa. Que la Tragicomedia de Calixto y Melibea es, por encima de cualquier cosa, comedia de lo más fino que se ha escrito en español lo iremos demostrando más adelante. Vengan, si lo desean, con nosotros, que algo encontrarán que merezca la pena.

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