viernes, 5 de diciembre de 2008

LA CELESTINA VI

LA ALCAHUETA.
Estos señores de este tiempo más aman así que a los suyos. Y no yerran. Los suyos igualmente lo deben hacer. Perdidas son las mercedes, las magnificiencias, los actos nobles. Cada uno de éstos cautiva y mezquinamente procura su interés con los suyos. Pues aquéllos no deben menos hacer, como sean en facultades menores, sino vivir a su ley. [Auto primero, LA CELESTINA]

Bueno pues, después de todo, esta vieja puta alcahueta no es la primera en proponer sacar tajada de la enfermedad de Calixto: amor le dicen en la época. De hecho es el criado Sempronio quien plantea aprovecharse de la situación. Desde luego Celestina no dudará ni un segundo y, además, el mismo Sempronio sabe perfectamente que ese es el tipo de propuestas que puede hacer a la vieja. No de otras clases le interesan.

En el primer acto de la obra, éste del que tanto se discute su autoría, se presenta perfectamente al que a lo largo de las distintas ediciones se ha afianzado como personaje principal, hasta el punto de quedarse con el título de una obra que empezó llamándose COMEDIA DE CALIXTO Y MELIBEA, y se llamó posteriormente TRAGICOMEDIA DE CALIXTO Y MELIBEA. LA CELESTINA es el nombre por el que todos conocemos la obra y esto se debe a la fuerza de un personaje que en principio secundaba a los jóvenes enamorados.

En el anterior artículo dijimos que el criado Pármeno fue quien se resistió más a las tretas que alrededor de los deseos sexuales (sobre todo sexuales) de la joven pareja se estaban componiendo. El motivo principal de la desconfianza de Pármeno a cuanto se planteaba es, sin lugar a dudas, la desconfianza que la propia Celestina le provoca. Porque él la sirvió cuando era un crio y ella prácticamente le crió, así que lo que tenemos es una descripción estupenda de la vieja alcahueta. Y de primera mano, y carnes propias.

Pármeno señala que en su casa las sirvientas eran labranderas (pregunten si lo necesitan) que, además, robaban a las señoras de sus casas para pagar a la bruja. Que era ella conocida de todos porque todas las casas visitaba, que era grande su laboratorio de perfumes (falsos) y cosméticos (falsos) y afrodisíacos y otros productos propios de hechicería (falsa). Y asegura que vendió por virgen tres veces a una misma criada ante un mismo hombre. Pero, ay, amigo Pármeno, el propio criado sucumbirá al parlamento encantador de Celestina, al que promete oro y plata (más hacienda que el propio Calixto) y al que trata de sensibilizar con un discurso sobre la amistad que tiene que ver, directamente, con el criado Sempronio, que ya viene formando parte de un engaño que él mismo planteó, como decimos. Pármeno debe cuidar su amistad con Sempronio porque es éste un valor provechoso. Planteamiento bruto que no choca con el pragmatismo del que es clarísimo ejemplo las negritas que introducen esta columna.

Así, pues, Celestina queda presentada. Es para temblar, porque si es capaz de llevarse a su lado a quien sabe de sus artes, imagínense lo que puede hacer con un cazurro como Calixto.

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