martes, 2 de junio de 2009

UN DULCE OLOR A MUERTE

Guillermo Arriaga. Verticales, 2009. Original de 2007. 181 páginas.

Algunas historias son más duras que el contexto en el que se desarrollan. Eso es normal. Pero si este contexto es el de un pueblo mejicano envuelto en arena y pedregal, con las altas temperaturas propias del desierto y el viento árido que todo lo ametralla, en este caso que la historia que se cuenta sea tan siquiera dura como el lugar en el que acaecen los hechos da idea de lo extraordinario de cuanto se cuenta.

Y lo más extraordinario de todo es, sin embargo, la cotidianeidad que envuelve el relato. Porque lo que en el pequeño pueblo llamado Loma Grande sucede es digno de los mejores westerns, pero Guillermo Arriaga lo hace descender al nivel de la gente corriente, moliente como usted, aunque no como yo, claro. Yo soy otra cosa. Eso no debe olvidarlo el lector de este blog. Puede que un blog peligroso. Y digo también que los personajes de esta historia no son occidentales, así que, en realidad, se trata de tipos y tipas molientes como usted si usted viviera en Loma Grande. Por allí las cosas son de otra manera. Si matan a tu novia, amigo, puede que te toque vengarla, aunque ni siquiera estuvieras muy enamorado. Eso si no quieres ser un huevón por todos tus días restantes, claro.

La joven Adela ha sido asesinada en Loma Grande. Y a Ramón le toca la desafortunada tarea de vengar a una muchacha a quien a duras penas conoce, porque todo el mundo piensa que fue su novia. Y, efectivamente, lo que toca a partir de aquel momento es la muerte, una muerte que poco a poco va concretándose en el sospechoso El Gitano, un olor dulce que invade el pueblo y los pueblos cercanos y que invade aquella tierra como un elemento más de los suyos característicos. Hasta llegar a un final que ni sorprende ni falta que hace. Una buena historia no necesita de reconocibles originalidades.

El estilo de Arriaga es bastante lineal, de estructura sencilla y pocos recursos estilísticos que, sin embargo, aparecen oportunamente y nunca con la necesidad de destacar por sí mismos. Se trata, a mi entender, del estilo propio de un guionista de cine. Famosos son los textos que dieron lugar a las pelis 21 GRAMOS y a AMORES PERROS. Bastante mejor la primera que la segunda, quizá un poco pesada. Pero literatura y cine no deben confundirse, aunque este segundo venga dependiendo cada vez más, extraño suceso este, de la primera, arte inagotable e independiente donde los haya. Y me parece que el mejicano no sólo se desenvuelve bien sino que, además, tiene bastante que aportar en el arte de contar historias. De momento, esto es lo que de él he leído. Me constan libros de relatos y otras novelas. A ver qué tal.

Por cierto que si algún lector ha pensado en Cormac McCarthy como referencia a la que apelar para conocer a nuestro escritor de hoy pues sepa que encuentro yo un parecido más que razonable entre ellos. Y por falso que si a usted el McCarthy le da igual a mi me importa un pepino en este caso, porque me importa mucho menos. Y, dicho sea de paso, el que mola al Arriaga es Miguel Delibes. Ahí queda eso.

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