jueves, 13 de mayo de 2010

TRAICIONES DE LA MEMORIA


Héctor Abad Faciolince.
Alfaguara, 2010.
270 páginas.
19, 50 €.


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Es curioso. Acabo de terminar este libro y ya se me han olvidado algunas cosas. Disfruto mientras leo pero es verdad que, como a alguien le pasaba por ahí (no recuerdo a quién ni dónde), aún disfruto más haciendo las reseñas, porque suponen ellas relecturas que contribuyen a una mejor comprensión del texto, normalmente un repaso de los pasajes que más me han gustado. Voy anotando en trozos de papel estos pasajes, conceptos importantes porque hilan el argumento o, simplemente, curiosidades. Siempre repaso estas notas antes de sentarme a escribir. Y es curioso, en el papel correspondiente a TRAICIONES DE LA MEMORIA tengo escrito, justo debajo del título: "Prólogo: sobre pasado y futuro". Y creo que voy a tener que releer este prólogo. No me acuerdo de nada. Sin duda la memoria me ha traicionado. Lo hace a menudo.

El pasado y el futuro son conjeturas que el colombiano Héctor Abad trata en los relatos que componen este libro: UN POEMA EN EL BOLSILLO; UN CAMINO EQUIVOCADO; y EX FUTUROS. Los tres son autobiográficos, los dos primeros tratan de pasados y de futuro el último, así que la obrita también podría dividirse en dos partes. Los tres relatos van acompañados de fotografías que complementan la historia que se nos cuenta, que ayudan, sobre todo en los relatos de pasado (que, por otra parte, deben de suponer la mayoría de relatos que se han escrito en el mundo o que, por lo menos, yo he leído), a centrar la memoria, la mala memoria cuyos recuerdos Abad nos presenta, según palabras de Lichtenberg, como un cuchillo sin hoja al que le falta el mango. Se trata de rescatar estos recuerdos de la confusión y de la desmemoria.

El primer relato autobiográfico, Un Poema En El Bolsillo, es el más largo de ellos. No voy a decir que sea el más interesante pero sí que es el más complejo en su trama, de manera que en algunos momentos parece que se esté leyendo una novelita. Pero ya digo que se trata de una crónica: "Lo encontramos en un charco de sangre. Lo besé y aún estaba caliente. Pero quieto, quieto. La rabia casi no me dejaba salir las lágrimas. La tristeza no me permitía sentir toda la rabia. Mi mamá le quitó la argolla de matrimonio. Yo busqué en los bolsillos y encontré un poema." La historia que se nos cuenta a continuación mantiene la tensión de este párrafo premonitorio, al menos durante su primera mitad, pues la segunda es ya recreación en la resolución del problema: ¿es el poema que apareció en el bolsillo de su padre muerto un inédito de Jorge Luis Borges?

Coño, en cuanto vi por donde iban los tiros tuve que dejar la lectura que tenía entre manos y ponerme con esta. Y puedo decir que esta historia gana a la Memoria (¿no había un dios para esto?) en que, al menos, no traiciona. No hay un estilo pretencioso ni grandilocuente. Hay una confusión que aclarar y una buena historia que contar al respecto. Y una reflexión que recorre los párrafos: sobre la memoria, sobre los recuerdos del pasado que sustituyen al propio pasado, sobre las mentiras que a veces ni siquiera son mentiras: "recordamos las cosas no tal y como fueron sino tal y como las relatamos por última vez. El relato se convierte en una forma de olvido". Muy en la línea del propio Borges.

En fin, en la investigación personajes importantes, algunos famosos: la epidemióloga a quien dedica el libro (Bea Pina, quien ayudara a Abad en la investigación), María Panero, María Kodama, Jaime Correas, Harold Alvarado Tenorio (que aseguraba haber escrito el poema seis años después de que este apareciera en el bolsillo del padre), Carlos Levy (de la especie de los libreros), Coco Romairone, Jean-Dominique Rey, Guillermo Roux y Franca Beer... todos ellos ayudan a que se construya una historia bastante borgeana, la verdad, en la que la literatura, los libros, las librerías de viejo, los encuentros, desencuentros, cartas y suposiciones varias visten de la fina seda de la ficción unos cuantos hechos reales. Para acabar una perlita que ya conocerán, en el diario (o biografía sobre Borges) de Bioy Casares: "Murió Beppo, el gato de Borges. Según Fanny, la cocinera, al morir no maulló sino que exclamó: ¡Ay!". Y otra vez se me viene a la cabeza el gato de Carroll. Qué será.

El segundo de los relatos, Un Camino Equivocado, cuenta la emigración de Abad (y su mujer y su hija) a Italia. A Turín, concretamente. Como lo hicieran en calidad de refugiados, huyendo de su país, al que odiaba él, que había asesinado a su padre, enseguida contacta con una asociación que trabaja por ellos, como por otras personas que buscan en Turín la protección de una sociedad civilizada (o, por lo menos, civilizada de una forma bien distinta a la colombiana). Pero es precisamente ese reconocimiento, esa confesión, lo que lo avergüenza. En Turín, además, "fui informado de que yo no sabía hablar español". Así que este relato de pasado es también una toma de conciencia sobre algunas contradicciones fundamentales que sufrió Héctor Abad en aquella época, entre las que una especie de alienación lingüística (idiomática) se nos presenta como fundamental: "es horrible tener conciencia de la propia manera en que se habla". Sin pelos en la lengua saca los dientes a los nacionalismos, habla de la peligrosa Colombia, de la prejuiciosa Europa o de sus amoríos extramatrimoniales (¿es posible que exista esta palabra?)... de un pasado que fue presente de sus cuentos, inicio de su oficio de escritor y posibilidad de otras cosas que no fueron.

A lo que pudimos ser y no fuimos se le llama, según expresión de Unamuno, ex futuro. En plural el título del último relato. Hay momentos (un montón) de la vida en los que se hace necesario tomar decisiones, fruto de ellas desechamos ser de alguna manera, renunciamos a futuros que ya nunca serán presentes: estos son los ex futuros de los que habla el Abad, que un día decidiera, por ejemplo, dejar atrás Turín para siempre.

Nos dice que el oficio de la literatura tiene mucho que ver que estos ex futuros nuestros que vemos a veces en amigos, familiares, personajes de película o, ahí vamos, en nuestras propias invenciones: jugamos a ser otros y, también, a ser de mentira lo que nunca nos atrevimos a ser de verdad. No he podido resistir la tentación de pensar que quizá Peri Lope no sea más que un ex futuro del librero o, mejor, todos los ex futuros del librero. Da un poquito de pena.

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