martes, 21 de septiembre de 2010

CONFERENCIAS I

Durante un par de épocas distintas algunos arreones lorquianos me tuvieron confuso, nervioso, algo perdido entre deseos complejos, imágenes surrealistas, versos tan sencillos que suponían un reto perdido al intelecto pero un caudal noble de visiones, de esas que se leen como quien disfruta con la percepción de una imagen persuasiva, sin la necesidad de conocer a fondo sus ringurrangos ni cualidades específicas ni de adquirir nuevos conocimientos. Sólo dejarse llevar envuelto en la expresión bella. Para mi el surrealismo de Lorca consiste, sobre todo, en eso. Expresión bella.


Dicho así no hay por qué establecer diferencia alguna entre Federico García Lorca y el resto de los poetas que hicieron su obra en español. Por aquí no se pretende, en cualquier caso, establecer un canon ni destacar a los mejores, empresa esta imposible por un lado y, por el otro, pretenciosa, además de innecesaria. Esta guía que se va construyendo a paso lento trata tan sólo de ser una referencia, servirá a los que coincidan con el librero en sus gustos y para los que no, para tomar parte de una forma de lectura o para alejarse de ella todo lo que se pueda. Pero aún es pronto y tan sólo los cimientos van quedando listos.


El desconcierto de la obra lorquiana puede llegar a hacerse incorregible y es fácil sentir una atracción traidora, casi tramposa. En la juventud uno se acerca a los versos del granadino atraído por el contexto que lo encandila, que habla de él de forma tan generosa y, a la vez, tan poética. Porque, no sé si se han fijado, una las cosas que con él pasan es que se le nombra poéticamente. Los peridostas, los críticos han sido poetas cuando hablaban de la persona de Lorca.

La verdad es que tenía muchas ganas de dejar por aquí la huella del granadino y finalmente lo haré, pero a mi manera. POETA EN NUEVA YORK había sido la obra escogida antes de que cambiara de opinión. Andaba repasando parte de la obra en una edición de Galaxia (no venal) de la que el librero dispone, bastante lujosa, en papel biblia y todo, y fue cuando me decidí. La prosa de Lorca es rica como su poesía y, además, contiene el misterio de algunas de sus principales obras poéticas. Al menos en sus conferencias. Ya digo que leía en la edición de Galaxia titulada OBRA COMPLETAS. El tercer tomo de ellas, el de prosas, abre con su CONFERENCIAS, doce en total, cinco más que las que vienen en el libro que voy a recomendar. De entre ellas se echa especialmente de menos ARQUITECTURA DEL CANTE JONDO; POETA EN NUEVA YORK; y también RECITAL DEL ROMANCERO GITANO. Las tres se caracterizan, entre otras cosas, porque hacen referencia directa a otros textos o porque, directamente, dependen de reproducciones que Lorca hacía en audio. Así que de alguna manera se entiende que falte. Voy a hablar de ellas hoy, y en proximos días entro más en la edición de Comares, la que digo que voy a recomendar.





Cante jondo, de George Apperley
En ARQUITECTURA DEL CANTE JONDO Lorca empieza su conferencia así:


Sería renegar de mí si yo no dijese que esta conferencia es sólo una maqueta de frío yeso, donde las nervaduras son esparto y el aire, cal muerta de pared. No se puede decir misa en un segundo ni en una hora explicar, sugerir o colorear lo que se ha hecho en tantos siglos. Todos habéis oído hablar del cante jondo y seguramente tenéis una idea más o menos exacta de él; pero es casi seguro que a los no iniciados en su trascendencia histórica, artística o a los ignorantes de su ámbito emotivo evoca una falsa España de bajo fondo llena con los últimos residuos que dejó en el aire la bailarina del mal fuego y los bucles empapados en vino que lograron triunfar en París.



Tras quedar ancho pasa a distinguir canto jondo de flamenco, derivado este de aquel cante primitivo que debió de tener origen, según nos cuenta, en los ritmos primitivos de la India. Rítmicamente el flmenco es más concreto, el cante jondo parece inseguro, titubeante, conserva la magia y el misterio, al igual que su cante, de tintes orientales, frente al europeizado flamenco. Distintos, por tanto:

el cante jondo, acercándose a los primitivos sistemas musicales, es tan sólo un perfecto balbuceo, una maravillosa ondulación melódica, que rompe las celdas sonoras de nuestra escala atemperada, que no cabe en el pentagrama rígido y frío de nuestra música actual y quiebra en pequeños cristalitos las flores cerradas de los semitonos.

Así atrapa el conferenciante al conferenciado, el escritor a su lector. Mientras va explicando el origen del cante jondo, el de los gitanos mismos, lo esencial de la península que lo distingue de otras músicas indias y de otras músicas gitanas, pincha discos, pone ejemplos de canciones y artistas (La Niña de los peines, Manuel Torres...) de coplas de amor y de cárcel (tan típicas de la siguiriya) y profundiza en el sentimiento, más allá de la técnica y del espectáculo, en el duende del que se hablará otro día por aquí, pero con la mediación de ejemplos orales, cuestión esta que impide en algunos momentos que la lectura fluya. Y a pesar de todo: l

La siguiriya es como un cautiverio que quema la garganta y la lengua del que la dice. Hay que prevenirse contra su fuego y cantarla en su hora precisa y con religiosidad y sin frivolidad.


Ya se ve que aquellas conferencias debieron ser delicia. No recuerdo en cuál de ellas Lorca se refería a la necesidad que tenía él, como orador mediocre, de llevarlas a cabo como lectura de manuscritos. Asegura, además, en ese pasaje, que esta práctica se toma más en serio la conferencia que, además, hace llegarla al público de manera auténtica, completamente sincera, irreprochable.


Dibujo de Lorca
A propósito de POETA EN NUEVA YORK Lorca explica los sentimientos que trataba de hacer llegar al lector mientras acomete la lectura de varios poemas. Aquí también voy a transcribir el comienzo de aquella conferencia. Lean, por favor:



Señoras y señores:
Siempre que hablo ante mucha gente me parece que me he equivocado de puerta. Unas manos amigas me han empujado y me encuentro aquí. La mitad de la gente va perdida entre telones, árboles pintados y fuentes de hojalata y, cuando creen encontrar su cuarto o círculo de tibio sol, se encuentran con un caimán que los traga o... con el público, como yo en este momento. Y hoy no tengo más espectáculo que una poesía amarga, pero viva, que creo podrá abrir sus ojos a fuerza de latigazos que yo le dé.

El poeta (público al bolsillo, claro) se disculpa enseguida por la imposibilidad de cualquier oyente de apreciar la calidad de un poema en una sola escucha, y asegura que para el caso concreto aún es peor:  

por estar [los poemas de la obra que pasará a leer] llenos de hechos poéticos dentro exclusivamente de una lógica lírica y trabados tupidamente sobre el sentimiento humano y la arquitectura del poema,  [y que] no son aptos para ser comprendidos rápidamente sin la ayuda cordial del duende.

Luego pasa a los poemas en los que trata de explicar los sentimientos que plasmaba en ellos: la soledad, la geometría imponente de la ciudad, la angustia de sus habitantes, la vida de los negros, con sus ritmos, su espíritu y su aislamiento resignado:  

Yo vi en un cabaret -Small Paradise- cuya masa de público danzante era negra, mojada y grumosa como una caja de huevas de caviar, una bailarina desnuda que se agitaba convulsamente bajo una invisible lluvia de fuego. Pero, cuando todo el mundo gritaba como creyéndola poseída por el ritmo, pude sorprender un momento en sus ojos la reserva, la lejanía, la certeza de su ausencia ante el público de extranjeros y americanos que la admiraba. Como ella era todo Harlem.

Pero en el texto los poemas no aparecen. Hay que recurrir a ellos a algún otro modo porque si no la lectura no es natural. Me parece que es un error grave, ya que, al fin y al cabo, ni siquiera se hace referencia todos los poemas de la obra. De hecho ni siquiera el poemario está cerrado y algunos de los futuros aún faltan. El caso es que Lorca sigue recitando sus poemas y mostrando los sentimientos que trataba de provocar (cosa distinta es explicar los poemas, ya se sabe que eso es casi un asesinato) en el lector. Habla de Wall Street, de la multitud como masa, encuentra la salida en el bosque... en fin, cuenta su experiencia en Nueva York hasta que se separa de la ciudad para acabar en La Habana, con su SON DE NEGROS, ausente.






Por último, se echa de menos en el libro que comentaré estos días la conferencia-recital  sobre el Romancero Gitano, la más corta de las tres de hoy y en la que el poeta vuelve a llamar la atención sobre su sentido profundo, contra una imagen popularmente adulterada de sus poemas de esta obra:


(...) el libro es un retablo de Andalucía, con gitanos, caballos, arcángeles, planetas, con su brisa judía, con su brisa romana, con ríos, con crímenes, con la nota vulgar del contrabandista y la nota celeste de los niños desnudos de Córdoba que burlan a san Rafael. Un libro donde apenas si está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblando la que no se ve. Y ahora lo voy a decir. Un libro antipintoresco, antifolclórico, antiflamenco, donde no hay ni una chaquetilla corta, ni un traje de torero, ni un sombrero plano, ni una pandereta; donde las figuras sirven a fondos milenarios y donde no hay más que un solo personaje, grande y oscuro como un cielo de estío, un solo personaje que es la Pena, que se filtra en el tuétano de los huesos y en la savia de los árboles, y que no tiene nada que ver con la melancolía, ni con la nostalgia, ni con ninguna otra aflicción o dolencia del ánimo; que es un sentimiento más celeste que terrestre; pena andaluza que es una lucha de la inteligencia amorosa con el misterio que la rodea y no puede comprender.

Nos dice que él trató de mezclar en su obra el romance  típico, la narración de hechos de antaño, con el lírico, con la canción, y que es así como define el estilo particular de esta obra, en la que mezcla mito y realidad, misterio y geometría.


En fin, que aquí quedan estas tres breves muestras de lo que da de sí la narrativa lorquiana en sus conferencias. Espero que hayan gustado, a quienes no lo conocían, estos textos que Lorca leyó alguna vez delante de un público que, por fuerza, debió permanecer entre atento y alucinado. Supongo que muchos de los que pasáis por aquí habréis asistido a alguna conferencia interesante. También lo hizo el librero. Pero sé que en su fueroninterno hubiera deseado ser parte del público de cualquiera de las que comentaremos estos días, que quizá la hubiera cambiado por cualquiera de las otras. 

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