martes, 26 de octubre de 2010

CONFERENCIAS III

IMAGINACIÓN, INSPIRACIÓN, EVASIÓN.

Dibujo de Lorca
Bueno, ya se ve que voy siguiendo con el granadino. Este es una de mis capítulos favoritos. de sus conferencias. En él el lector accede a la noticia  en prensa de varias cde ellas, sobre la creación poética, dadas por Lorca en distintos lugares entre 1928 y 1930. Así que, generalmente, uno no está leyendo directamente a Lorca sino lo que de Lorca escribe algún periodista: en El Defensor de Granada, El Sol (Madrid), El Imparcial (Madrid), La Prensa (Nueva York) y Diario de La Marina (La Habana). Esto sí: entre lo que se nos cuenta hay mucho de las conferencias porque o bien el periodista transcribía entre comillas o ponía en su pluma palabras y expresiones que tomaba prestadas de las que el poeta pronunciara, algo esto último muy fácil de comprobar por el estilo de la redacción.

A lo que se va. El librero ha pensado desde el principio que soy un tipo original, que es alguien con imaginación, cree que soy una metáfora, ¿saben? aunque no sé de qué. Pero el otro día un lector le ha dicho que no tengo pies y menos cabeza. A mí estas cosas no me afectan pero el librero anda depre últimamente. Y me ha dicho (qué ser) que ya no le hago mucho tilín. Pero, vaya, no sabía que hacer tilín fuera uno de mis cometidos. Dice que que ya no le gusto y esas cosas. No sé, me siento amenazado, si digo la verdad. Si digo la mentira todo esto me da igual porque soy un tipo duro, pero lo cierto es que tiembla la caligrafía aún sólo apretando teclas. Sigo escribiendo y espero que se tranquilice mientras.

Bien, digo que dice Lorca que la IMAGINACIÓN (capacidad, como todo el mundo sabe, de crear -o quizá sólo recrear- imágenes) es un paso previo necesario para llegar al hecho poético. A través de la imaginación se crean metáforas, que son, según Lorca, descubrimientos antes que creaciones propiamente dichas. Es un primer escalón, base de toda poesía. La imaginación como lo propio de la inteligencia, del orden, de lo explicable, como hecho o capacidad del alma, como un mecanismo sofisticado  que es, sin embargo, incapaz de producir por sí emoción poética:

Oye el fluir de grandes ríos; hasta su frente llega la frescura de los juncos que se mecen en ninguna parte. Quiere sentir el diálogo de los insectos bajo las ramas increíbles. Quiere penetrar la música de la corriente de la savia en el silencio oscuro de los grandes troncos. Quiere comprender el alfabeto Morse que habla del corazón de la muchacha dormida.

Pero, sigue Lorca, el verdadero hecho poético sólo puede llegar de la mano de la INSPIRACIÓN. Frente al hecho del alma, al mecanismo, la inspiración se muestra como estado del alma, incongruente e inexplicable:

(...) la inspiración es incongruente en ocasiones, no conoce al hombre y pone muchas veces un gusano lívido en los ojos claros de nuestra musa. Porque quiere. Sin que lo podamos comprender. La imaginación lleva y da un ambiente poético y la inspiración inventa el hecho poético.

Cuando el poeta presta atención sólo a la inspiración, al hecho poético, de manera que deja atrás la imaginación (olvidada) se produce la EVASIÓN de la realidad y pasa a formar parte de una realidad poética. Así se entiende la poesía en Lorca: "como fe. No debe comprenderse sino recibirse en una especie de estado de gracia. El poeta debe rechazar con vehemencia toda tentación de ser comprendido. La emoción de la belleza como inexplicable. La poesía no se analiza. La poesía se ama."



JUEGO Y TEORÍA DEL DUENDE. 
Seguimos por el mismo camino: parece que soy producto de una imaginación estrecha aunque, bien mirado, podría ser fruto de la más pura inspiración del librero, lo cual es una tontería.
Soy el que lee y el que escribe y el alma de este blog. Este blog es una celda, lo que pasa es que ni siquiera si se me prestara la llave podría huir.

En esta conferencia Lorca trata de dar una "lección sobre el espíritu oculto de la dolorida España". Esto no es sólo algo bonito. Se enfrentan aquí duende, ángel y musa. Y paso a relatar un pasaje que aún me pone los pelos de punta: el vello fantasmal:

Una vez la cantaora andaluza Pastora Pavón, La Niña de los Peines, sombrío genio hispánico, equivalente en capacidad de fantasía a Goya o Rafael El Gallo, cantaba en una tabernilla de Cádiz. Jugaba con su voz de sombra, con su voz de estaño fundido, con su voz cubierta de musgo; y se la enredaba la cabellera o la mojaba en manzanilla o la perdía por unos jarales oscuros y lejanísimos. Pero nada; era inútil. Los oyentes permanecía callados.

Allí estaba Ignacio Espeleta, hermoso como una tortuga romana, a quien preguntaron una vez "¿Cómo no trabajas?"; y él, con una sonrisa digna de Argantonio, respondió: "¿Cómo voy a trabajar si soy de Cádiz?"

Allí estaba Elvira La Caliente, aristócrata ramera se Sevilla, descendiente directa de Soledad Vargas, que en el treinta no se quiso casar con Rothschild, porque no la igualaba en sangre. Allí estaban los Floridas, que la gente cree carniceros, pero que en realidad son sacerdotes milenarios que siguen sacrificando toros a Gerión, y en un ángulo el imponente ganadero don Pablo Murube, con un aire de máscara cretense. Pastora Pavón terminó de cantar en medio del silencio. Solo, y con sarcasmo, un hombre pequeñito, de esos hombrines bailarines que salen de pronto de las botellas de aguardiente, dijo en voz muy baja: "¡Viva París!", como diciendo: "Aquí no nos importan las facultades, ni la técnica, ni la maestría. Nos importa otra cosa".

Entonces la Niña de los Peines se levantó como una loca, tronchada igual que una llorona medieval, y se bebió de un trago un gran vaso de cazalla como fuego, y se sentó a cantar, sin voz, sin aliento, sin matices, con la garganta abrasada, pero... con duende. Había logrado matar todo el andamiaje de la canción, para dejar paso a un duende furioso y avasallador, amigo de los vientos cargados de arena, que hacía que los oyentes se rasgaran los trajes, casi con el mismo ritmo con que se los rompen los negros antillanos del rito lucumí apelotonados ante la imagen de santa Bárbara.

La Niña de los Peines tuvo que desgarrar su voz porque sabía que la estaba oyendo gente exquisita que no pedía formas sino tuétano de formas, música pura con el cuerpo sucinto para poderse mantener en el aire. Se tuvo que empobrecer de facultades y de seguridades; es decir, tuvo que alejar a su musa y quedarse desamparada, que su duende viniera y se dignara a luchar a brazo partido. ¡Y cómo cantó! Su voz ya no jugaba, su voz era un chorro de sangre, digna, por su dolor y su sinceridad, de abrirse como una mano de diez dedos por los pies clavados, pero llenos de borrasca, de un Cristo de Juan de Juni.

Se trata de un pasaje que me ha emocinado todas las veces que lo he leído. Un texto importante, que contiene mucho y que está escrito muy bien. Sobre el duende y la musa, que quedan aquí explicados en términos equivalentes a los de la imaginación y la inspiración. La musa como inteligencia, el duende como poder que viene desde fuera del artista, mayormente el cantaor, el bailarín y el poeta cuando se dejan poseer, sin miedo. El duende viene de afuera y con él hay que luchar (no contra él), con él dejarse llevar. El ángel corresponde a la gracia, pero es aún demasiado dependiente de lo real, de lo ya conocido. El duende provoca un estado diferente y tiene que ver con la inspiración más pura. Y más trágica.

Por eso si en Alemania el arte está caracterizado por sus musas y en Italia por sus ángeles, el duende caracteriza lo mejor de la expresión artística en España, siempre según Lorca. Porque si en todos los países la muerte es su fin, en España es el principio. Ante la muerte, nos dice, la musa cierra la puerta, el ángel llora y el duende, sin embargo, la recibe como necesaria, la esperaba:


En los toros adquiere sus acentos más impresionantes porque tiene que luchar, por una lado, con la muerte, que puede destruirlo, y, por otro lado, con la geometría, con la medida, base fundamental de la fiesta.

El toro tiene su órbita, el torero la suya, y entre órbita y órbita hay un punto de peligro, donde está el vértice del terrible juego.


Bueno, está claro que hoy en día el juego es terrible y está ligado a la muerte cuando torea José Tomás, el tipo del que dicen muchos que no es buen torero porque le cazan demasiadas veces. Pero sin entender de toros entiendo que él, al menos, respeta una regla básica: jugarse la vida. Personalmente las corridas de toros me parecen asquerosas pero hay que reconocer que esto es, precisamente, por sangriento. Lorca y la sangre y la muerte siempre han tenido mucho que ver. Por esto a Lorca se le puede considerar un poeta trágico, en un sentido muy distinto al de los clásicos griegos porque Lorca era trágico en sí, en su misma concepción de la vida. O esta es la visión que de él tengo.


Así las cosas al final de este Juego y Teoría del Duende el poeta nos deja una lista cuando menos curiosa. Poetas con ángel (Garcilaso, José Mora y Arcipestre de Hita), con musa (Góngora, Gonzalo de Berceo, Gregorio Hernández...) y con duende (Juan de la Cruz, Lope de Vega, Quevedo, Jorge Manrique...).


Entender a Lorca es darse cuenta de que no hay mucho que entender, un buen lector de Lorca es el que se deja llevar hacia la sensación y sorteando el significado. Supongo que él mismo se consideraba un poeta con duende, con la capacidad de llegar al centro del lector y sin la necesidad de explicar nada, un escritor inspirado... supongo que si no se consideraba tal cosa al menos aspiraba a serlo... 

Estas conferencias que presento me parecen fundamentales porque en ellas se nos cuentan estas cosas de primera mano, las sabemos por boca del poeta, nos hace llegar su sensibilidad y su obra cobra sentido.  Y, sobre todo, aliñado con su particular estilo resulta un gozo extraordinario leer teoría, divulgación. El próximo día las canciones de cuna y termino con las conferencias.

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