Nº 29
Bueno, a la fuerza dicen que ahorcan y hoy me ha tocado hacer una selección de esas tan nobles como cruentas, aunque no me he visto salpicado. Pero se que he hecho pupa. Esta semana pasada el librero ha catalogado aproximadamente cien novedades. Me quedo con tres.

ANTES DE EMPEZAR
Una cosa llevó a la otra.
A las siete de la mañana me disponía a ensayar la tercera sonata del maestro Keips (sublime) cuando se rompió una cuerda de mi contrabajo y emitió al romperse un sonido como el que emiten los gatos vivos cuando se les pisa la cola, fenómeno curioso porque precisamente la cuerda estaba hecha de tripas de gato muerto.
Pasada una hora, a las ocho, papá se negó a comprar el pan para el desayuno a pesar de haberlo hecho muy erguido y muy puntual cada mañana de cada día, cada uno de todos los días contenidos en los últimos cuarenta años. No dijo nada, papá. Solamente se negó, así, sin dar explicaciones.
A las doce, para cerrar la mañana, un joven vestido con camiseta color naranja se acercó a una mesa en la que Pedro Akira comía canelones en salsa napolitana, le dijo al oído dos palabras bien moduladas (Tome, Malparido) y disparó tres balas en su cabeza, que fue a dar con ojos muy abiertos al plato de los canelones. A diferencia de los dos primeros eventos, este último, afortunadamente, no sucedió en mi casa.

La niña tenía la cara oscura y los ojos como endrinas. La niña llevaba el cabello partido en dos mechones, trenzados a cada lado de la cara. Todos los días iba a la escuela, con su cuaderno lleno de letras y la manzana brillante de la merienda. Pero las niñas de la escuela le decían: "Niña fea"; y no le daban la mano, ni se querían poner a su lado, ni en la rueda ni en la comba: "Tú vete, niña fea". La niña fea se comía su manzana, mirándoles desde lejos, desde las acacias, junto a los rosales silvestres, las abejas de oro, las hormigas malignas y la tierra caliente de sol. Allí nadie le decía: "Vete". Un día, la tierra le dijo: "Tú tienes mi color". A la niña le pusieron flores de espino en la cabeza, flores de trapo y de papel rizado en la boca, cintas azules y moradas en las muñecas. Era muy tarde, y todos dijeron: "Qué bonita es". Pero ella se fue a su color caliente, al aroma escondido, al dulce escondite donde se juega con las sombras alargadas de los árboles, flores no nacidas y semillas de girasol.

Desde hace algún tiempo suelo afirmar que las pasiones desmedidas pueden terminar por incendiar a quien las vive. Y eso, creo, le ocurrió a mi amigo Antonio.
La historia que voy a contar, a muchos les parecerá extravagante; y no la hubiese escrito si no necesitara contarme a mí mismo lo que ocurrió en aquellos días. Es como si quisiera poner orden en unos hechos que yo mismo no entiendo y que, sin embargo, alteraron para siempre mi visión del futuro, la camaradería de un grupo con quien compartía diversiones y estudio y, sobre todo, la vida de quien hasta entonces había sido mi mejor amigo.
Todo empezó el verano del último curso del instituto. De los que formábamos el grupo, solo (...)
A la fuerza ahorcan, sin duda. Y si ya no puedo disfrutar del tacto del papel entre mis dedos, tendré que conformarme con la fría pantalla del ordenador para la lectura de tu boletín, Alicia. Tu lo has dicho : a la fuerza ahorcan, y ahora mismo me voy a buscar la soga...
ResponderEliminarBlanca (Luna de Castilla)
Ni se te ocurra. Como hagas algo así me toca rajar al librero, y no es que me de pena pero, vaya, resulta problemstico. Por lo de las fuerzas del orden y todo eso, ya sabes...
ResponderEliminarBueno, sinceramente, prefiero la edición ciberespacial de ALICIA que la física porque abre opciones como esta de estar parlando que, de verdad, aún me tienen maravillado.
Por otra parte, como ya habrás notado, el blog lo escribo yo, que soy más majo que el de la tienda y lo hago mil o dos mil veces mejor. Ese es un matao...
A ver si nos vemos pronto, Blanca. Un abrazo.
No encontré una soga lo bastante bonita como para que el ahorcamiento resultara minimamente estético, así que aún sigo dando vueltas en la noria de este bajo mundo, un año más...
ResponderEliminarA ver si la próxima vez que me pase por la tienda el matao ese está en su puesto y no haya desertado ;-)Me veo pidiendo cita...
Blanca (Castilla de Luna)