lunes, 31 de marzo de 2014

EN ESCENA: LA CASA DE BERNARDA ALBA.

El pasado día 22 de marzo, como parte de la red Platea del Ministerio de Cultura que el ayuntamiento olmedano ha tenido a bien conseguir para sus ciudadanos, pude ver -junto con muchos de mis amigos tertulianos- LA CASA DE BERNARDA ALBA de Federico García Lorca, a cargo de Antonio Saura para la compañía Alquibla Teatro. Me toca ser generoso por cuanto que a la mayoría no gustó y yo prefiero llevar la contraria. Unos cuantos apenas salvaron el propio tablado, aunque estoy de acuerdo en eso y yo también lo vi como siempre. Buscando la mesura y algo de objetividad tengo que decir que la opinión media estaba en un montaje aceptable y una interpretación irregular, según los personajes.

Este drama de mujeres rurales de los años treinta -más o menos así subtitula Lorca la obra- tan potente, tan eficaz y poético, en el que la madre aparece como autoridad dictatorial capaz de frustrar las libertades más básicas de sus hijas, encerradas en el luto por su padre y la obligación que corresponde a la casa de más nombre del pueblo, y que, desde mi punto de vista, tiene un componente trágico indiscutible que debe percibirse desde el principio, quedó flojo como esta oración llena de subordinadas. Pero espero que se entienda: si no es por Lola Martínez -que interpretó a Poncia-, capaz de canalizar la tensión supuesta entre Bernarda y sus hijas como si se tratara de una balanza -acrobática- a la que faltara una de sus bandejas o la misma soga que se va tensando a medida que pasan las escenas, si no es por ella el montaje se cae con todo el equipo del lado de las hijas, que sí compusieron una problemática creíble. El desequilibrio fue patente en todo caso por cuanto que a Bernarda le faltaba mucho de la imponencia necesaria para tener a cinco hijas bajo su yugo. Esto, a pesar de un montaje atractivo, minimalista y muy vivo. No faltaron pasajes emotivos como el de la llegada de los segadores,  y debo hablar de una buena interpretación en la mayoría de los casos. Ello dio como resultado un espectáculo que entre García Lorca y Lola Martínez está a punto de salvarse. Hasta aquí mi generosidad.

En la tertulia pronto se pasó de hablar de teatro a hacerlo de política. Con Suárez agonizando creo que se estableció cierta conexión psicológica entre los espectáculos teatrales que habíamos visto y este suceso de actualidad. Mucho sepelio últimamente: una semana antes se había muerto Mario y esta acababa de hacerlo Antonio Benavides -marido de Bernarda-. Al cabo de un día lo haría el primer presidente del gobierno de nuestra democracia. Qué maravilla es la ficción.

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