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viernes, 26 de diciembre de 2014

EL PEQUEÑO LIBRO DE SHAKESPEARE, libro de la semana.

9. La semana pasada (15 al 21) fue movidita. Es cosa de fechas. La navidad es ese engendro chorreante de buenismo viscoso que hay que comerse al final de cada año. Por aquí vendemos libros. Trato de no ser hipócrita, lo que pasa es que no me aclaro en esta época del año. Varias cosas interesantes. Vendí un ejemplar de LA TRILOGÍA DE LA GUERRA CIVIL, de Eduardo Zúñiga, un autor que me recomiendan una y otra vez. Me pareció interesante también un libro cuya lectura se recomienda para alumnos de la ESO titulado ROSA PARKS, LA LUCHA CONTRA EL RACISMO, de Paola Capriolo en Vicens Vives. Supongo que todo el mundo sabe quién fue la Parks a estas alturas de la vida.
Además el sábado 20 hubo en la librería presentación. José Carlos -autor- y un servidor -servidor- teatralizamos lo mejor posible la llegada de la noticia del viaje a la luna en julio del 69 al humilde pueblo de Cantarranas. Fue interesante vender algunos ejemplares de EL MAR DE LA TRANQUILIDAD. Y hablar de libros, tomarse un vino con buena música de fondo...
Pero el domingo 21 esta librería organizó junto con PIE IZQUIERDO el cuentacuentos CUENTO CONTIGO, como parte de una reunión informativa en la que se explicaron algunas de las actividades que el Espacio Escénico y cultural LA GUARDERÍA va a desarrollar en 2015. Esther Pérez Arribas contó con su público LA CEBRA CAMILA, A QUÉ SABE LA LUNA y LA BIBLIOTECA FANTASMA. De los dos primeros pude servir algún ejemplar pero creo que me produjo especial satisfacción vender el libro EL PEQUEÑO LIBRO DE SHAKESPEARE, en el que su autor acerca a los más pequeños los relatos -mitológicos, populares- en los que el dramaturgo onglés se inspiró para algunas de sus obras. A mi me parece una chulada de libro. Y ahora que termino la entrada me voy dando cuenta de que el libro está descatalogado. Toménselo con humor, que El Salvador nazca cada año también tiene su guasa.

Patrick Ryan.
(James Mayhew , Ilustrac.)
Oniro, 2009

80 páginas.

lunes, 1 de diciembre de 2014

LIBRO DE LA SEMANA

6. Yo a Poe lo conocí tarde y como en aquel momento ambos estábamos borrachos me temo que no hay testimonio fidedigno al respecto. Además Poe está muerto y yo, en fin, yo digo muchas mentiras. Pero es verdad que la semana pasada (del 1 al 7 de diciembre) vendí la edición juvenil de EL ESCARABAJO DE ORO y LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE a unos clientes de paso por 1 €, ya que se encontraba entre nuestro humilde catálogo de libros infernales. Esto está bien y, por si fuera poco, es cierto: hace casi doscientos años que no veo a este monumental escritor neoyorquino que siempre releo.


Edgar Allan Poe
Vicens Vives, 2014

160 páginas.
Pvp 9, 90 €

lunes, 10 de noviembre de 2014

LIBRO DE LA SEMANA

4. La semana que terminó ayer domingo nueve de noviembre ha sido extraordinaria como algunas otras cada año por cuanto que he hecho la mayor parte de mis ventas de libros fuera de la librería. Este fin de semana fuimos con los trastos a Alcazarén, pequeño pueblo cercano a Olmedo donde se ha celebrado la I Feria Luis Candelas para conmemorar el apresamiento del famoso bandolero que allí se produjo en 1837 y que derivó meses después en su ajusticiamiento a garrote vil. Es verdad que vendimos varios títulos interesantes -véanse la novela EL MUDEJARILLO, de Jiménez Lozano, la GUÍA ESPIRITUAL DE CASTILLA Y LEÓN, del mismo autor, así como un compendio de cuentos titulado YO VI UNA VEZ A ÍCARO, y también vendimos el apropiado RONDA DE BANDOLEROS, de Manuel Barrios, algún Benito Pérez Galdós, Bécquer, Rosalía de Castro...- el que me parece más interesante es este libro que editara CLAN en 2000 y que es una recopilación de cuentos de varios autores del XIX: Blasco Ibáñez, Fernán Caballero, Romualdo Nogués, Juan Valera, José María de Pereda, Luis Coloma, Antonio de Trueba, Juan de Ariza, Pedro Felipe Monlau, Juan Eugenio de Hartzenbush, Armando Palacio Valdés, Narciso Campillo, Emilia Pardo Bazán y Juan Martínez Villergas. Editado con cuidado, introducido  por Montserrat Amores e ilustrado por Marina Arespacochaga la verdad es que da gusto vender libros así.

Varios autores, s. XIX.
Clan, 2000.

290 páginas.
19 €.

sábado, 10 de mayo de 2014

Nº 75

De Rodolfo Fogwill (Buenos Aires 1941-2010) leí hace un par de veranos sus cuentos e hice una reseña que pretendía ser la primera de dos y fue la única. Bueno, hago un juego de palabras estúpido para salir del paso y ya está: Fogwill es único. Lo cierto es que me interesó su estilo analítico y sus historias tan originales, en las que ya lo onírico era un tema recurrido. Ahora presento este libro que es compendio por él realizado de sueños suyos que decidió transponer al papel. 



La gran ventana de los sueños
Rodolfo Fogwill, 1981.

Alfaguara, 2013
140 páginas.
17 €.

Claro que vivo. Pero esto es provisorio. Permanente es lo que no vivo. Se dice: "Ay... ¡si uno pudiera...!. Pero no. No pudiera, uno. Y aunque se pudriese conjugando como es debido, uno jamás podría. Y si alguien sí, nos duele. O huele mal. Siempre duelen o huelen mal los poderes del otro. ¿Y el poder de uno? Envíen a alguien ya mismo a buscarlo y verán que poder es más o menos fácil: se puede lo posible. Lo difícil es poder poder, poder hasta que se pueda poder lo que no se puede. Mas no se da. Y si se da cuando uno llega hasta el punto de acariciarlo, justo es ahí cuando o donde no se lo permiten. No se le permite. Lo, le, la, me, te: permutaciones del permiso del otro que nunca se llega a conseguir. ¡Y algunos creen que el español has suprimido las declinaciones! Rosa, rosae, rosarum, rosastre, la, le, li, lo, a él. Formas del roce entre uno y la palabra. Y entre uno y otro: el infinito divisible. El resto es silencio. Mmmmmmm de mudo. La mutación del alma, más buena letra y a otra cosa. Por ejemplo, al relato. Había una vez que yo soñé algo y lo olvidé. Ese sueño y sus no imágenes me siguen hasta hoy, cuando han pasado casi treinta y nueve años. A eso se llama vivir, o haber vivido, pendiente de un olvido. Es natural ahora, cuando el olvido roe las neuronas, pero aún recuerdo que aquella vez, hace casi cuarenta años, soñé y olvidé y desde entonces pienso que el grueso  de la memoria se compone de cosas negras hechas de puro olvido, vacía de sí, llena de olvido, hecha de puro olvido. Uno mismo termina hecho de puro olvido. La idea era recordar los sueños. Durante un itempo me propuse recordar los sueños, es decir, olvidar el menor número posible de sueños. Joven, pronto imaginé que bastaba tomarlos en serio y recordarlos al despertar y evocarlos un par de ratos después de despertar, para fijarlos en la memoria. Por un tiempo. Parece que el sueño sucede en un espacio (¿será la mente, la conciencia, el interior..?) al que vendrían a caer los sueño siguientes para desplazarlo a otro lado. La nada oscura. A veces pienso -y es como un sueño ese pensar- que si realmente uno tomase con toda seriedad el propósito de recordar los sueños y se aplicase a ello y se esforzase, podría llegar a recordarlos todos. Es decir, recordaría incluso los que fueron olvidados. Al menos su nombre, "sueño del pato que habla", "sueño del zapatito de la bailarina", etc. Pero venimos hechos de una materia incapaz de esforzarse mucho y muy poco propensa a tomarse alguna cosa con seriedad. Por eso, si uno quisiera recordar los sueños, podría anotarlos al despertar y ejercitarse en aprender a despertar en el momento justo de haberlos soñado: abrir esa ventana. Alguien se estará preguntando por qué ese relato de una muestra de cosas soñadas se llama "la gran ventana de los sueños". Ahora yo también me pregunto por qué razón elegí ese título. Es cierto que me gustó usar la palabra "ventana" y después de elegirla veo que alude a una ventana rara, que no se abre a ninguna parte. Es decir, se abre al sueño: pura imagen y tiempo que no suceden en lugar alguno. Y que ahora, malamente, se reproducen sobre papel como simulando una obra.

Y tal vez sean una obra. Obra del sueño u obra del dueño, siempre será más original que cualquier intento de ficción. Cualquiera -y a mí me ha sucedido- puede volver a escribir o a reescribir la obra de otro, pero nadie podrá resoñar tus sueños ni soñar los suyos con tu propio estilo de soñar, o de escuchar tus sueños.

jueves, 6 de marzo de 2014


Nº 71



Sergi Pàmies (París, 1960) se traduce a sí mismo  y esa es la razón por la que el libro de hoy aparece en este humilde escaparate hispánico, esto a pesar de que la versión original está escrita en catalán. Van pasando los cuentos de este autor por la librería (LA BICICLETA ESTÁTICA y SI TE COMES UN LIMÓN SIN HACER MUECAS son sus últimos libros) y ahora transcribo el primero de los 26 que conforman esta última obra suya:


Sergi Pàmies, 2013.
Anagrama, 2014.

158 páginas.
13, 90 €.


PRIMERA CANCIÓN.

Tengo una teoría: si te enamoras bajo la lluvia el amor dura más que si luce el sol. En los últimos años, y sin ninguna pretensión científica, he preguntado a cuantas personas he conocido en qué condiciones meteorológicas se han enamorado. En general, suelen contármelo sin reservas, con la mirada saturada de nostalgia o con una contrariedad que no se esfuerzan en disimular. Guardo setecientas quince respuestas archivadas cronologicamente y, con el rigor de un diletante, me atrevo a afirmar que la lluvia es beneficiosa para este tipo de sentimiento. De las respuestas también deduzco que nos apetece más recordar cómo conocimos un amor pasado que uno vigente y que, de entrada, no le damos ninguna importancia a si llovía o hacía buen tiempo (aunque puede parecer que la nieve favorece el amor, la estadística no engaña: que nieve es una catástrofe). Soy consciente de que todos estos datos, aparentemente inútiles, pueden llevar a pensar en una manía de coleccionista ocioso, pero lo cierto es que en momentos de desconcierto me han ayudado a tomar decisiones. Hace unos años me marché a vivir a una ciudad atlántica, y siempre que llueve, me pongo la gabardina y salgo a dar vueltas por las calles. Veo mujeres con bolsas de plástico en la cabeza y calzado inadecuado, bajo los porches de las plazas más céntricas o de las marquesinas de las tiendas de lujo, tiritando después de calarse hasta los huesos. Y veo otras que, con una heroica inconsciencia, salen al encuentro de taxis que nunca se detienen. Empapado, las observo con atención, buscando un revelador cruce de miradas, esperando que, con la violencia de un relámpago el amor los fulmine.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Nº 66

Hace tiempo que un buen cliente de la librería me encargó este libro del que paso a hablar ahora. Nada sabía de su autora y, de hecho, aquel pedido resultó fallido por mi culpa. El caso es que el libro no dejó de interesarme y hace unos días volví a pedirlo. He leído el primero de los  dieciciocho relatos que componen el presente libro y me ha gustado: un misterio inconfesable narrado con prosa minuciosa. Mar Sancho (Valladolid, 1972) ha publicado libros de poesía, relatos y novelas. De ella empezamos a saber ahora por aquí.
Mar Sancho.
Tropo Editores, 2012.
178 páginas.
Pvp, 17 €.
"Con tal atención  y ahínco procuraban mis ojos desquitarse de la privación en que durante diez años habían estado, que tenía suspensos todos los demás sentidos, y por todas partes hallaban impedimentos a su distracción, que así la sonrisa de aquel rostro angelical con su antiguo atractivo me embelesaba". Había abierto el libro por una página cualquiera y leído la primera frase hallada, pareciéndome incomprensible y a la vez repleta de significaciones. Era un tomo voluminoso, amarillento, con un  cansancio manándole del lomo. Recuadrado por guirnaldas vegetales el título en oro, Divina Comedia, precedía a un retrato oval de Dante y después, en letras esbeltas y de menor tamaño, decía Edición ilustrada por el notable artista inglés Juan Flaxman. La cerradura de la maleta había cedido con facilidad. A la primera incisión con el abrecartas, sin que fuera preciso recurrir como otras veces a herramientas más vigorosas, la cajita de la combinación saltó. Las ruletas de números rodaron por la tarima, primero raudas, después apaciguadas hasta caer inertes. La apertura de la tapa descubrió un interior de raso fruncido, como si de un joyero con música tintineante se tratase, y un contendio parco que se limitaba a una prenda de abrigo y un libro al que el ajetreo había descolocado del orden que hubo de ocupar en un momento inicial. Posé el libro sobre la mesa, embebido aún en su frase recién leída, y desdoblé el abrigo. Era rojo, de tinte intenso, y de un tamaño tan comedido que sólo podía pertenecer a una mujer. Al girarlo, su interior se mostró esplendoroso, más bermejo aún, y dejó escapar la remembranza de un perfume dulzón capaz de extirparme del pensamiento a Dante para sugerirme el porte de su propietaria. Hundí las manos en los bolsillos a la busca de algún hallazgo que me revelase nuevos indicios y, al fondo de cada uno de ellos, encontré un par de guantes suaves, con los manguitos más largos de lo habitual, que imaginé sugerentes, alcanzando casi el codo de una desconocida que, aún en el aeropuerto, rellenaría formularios de reclamación ante el mostrador de la compañía aérea. Cerré las fauces de la maleta y acaricié su lomo nacarado hasta apaciguarla, me senté después sobre ella, deposité el abrigo en mis piernas y, sin pretenderlo, abrí de nuevo el corpulento libro. "No sé si fue larga su respuesta, porque estaba ya delante de mis ojos la que embargaba toda mi atención. Hallábase sola y sentada sobre la desnuda tierra, cual si hubiese quedado allí para guardar el carro que había atado el biforme mosntruo".

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Carta a don Juan.

Carmen Laforet, entre 1938 y 1955
Editorial Menoscuarto,  2007

250 páginas, 16 €.

La editorial Menos Cuarto -dentro de la colección Reloj De Arena, dirigida por Fernando Valls- ha reunido en un volumen todos los cuentos de Carmen Laforet, esta escritora a la que me estoy acercando en 2012. Después de "Nada" y de "Siete novelas cortas" puse el punto de mira en sus cuentos, que puedo decir que me han gustado en líneas generales. El volumen que los reúne está dividido en tres bloques, de entre los cuales el del centro pertenece a los que Laforet reunió en formato de libro en vida, lo que obliga a pensar que son aquellos de los que la propia autora estuvo más orgullosa, puede que en realidad los únicos que hubieran debido pasar a la posteridad. A mi también me han parecido los mejores pero, como curiosidad, he de decir que me han gustado más los relatos de la primera época -su época juvenil- que los de la escritora madura que cierran el libro y que -se me ocurre pensar- aunque más experimentada quizá no albergaba ya la ilusión de los comienzos. Ya nos advierte en este sentido Agustín Cerezales -hijo y editor- cuando apunta que a partir de cierta época - la que coincide con el primer lustro de los cincuenta y su proyecto novelesco "La mujer nueva"-  sus relatos habían perdido para la autora la mayor parte de su sentido romántico, poco más que como fuente de ingresos económicos, textos que enviaba a los periódicos de manera rutinaria. Esas cosas se notan. Esto ha de tener que ver con su experiencia religiosa de 1951 -que narra en aquella novela-, en la que convirtió su agnosticismo racionalista en catolicismo sincero, profundo. Así que uno no ha de esforzarse mucho para imaginar el nivel de compromiso de quien vive así, desde una conversión que se siente necesaria.

Por resumir el tercer y último bloque del libro es el que contiene los peores cuentos. La verdad es que me he visto leyendo el libro sin reflexionar previamente sobre una cuestión que, habitualmente, me preocupa. Esta es: ¿es justo que sean publicados y divulgados aquellos textos que el autor no pretendió que trascendieran su intimidad? Creo que no, creo que es injusto y que quien toma por el autor este tipo de decisiones debe ser consciente de que comete injusticia con el autor aún cuando lo esté haciendo por el bien de la literatura, cosa esta que no ocurre necesariamente.

Uno de los cuentos que merece la pena es el  infantil "El secreto de la gata" (1). Único que de Laforet se conoce para niños y que está construido según la estructura habitualmente lineal de los relatos para adultos pero con la sensibilidad de la voz infantil y cierto aire de fábula que -como saben los papás- lo hacen cautivador. El librero ha probado a leerselo a sus chicos y ellos han respondido bien. Les ha gustado: cinco y siete años, y hace tiempo que leen sus propios cuentos. Debo decir que yo también me he dejado cautivar, y también que tengo cierta facilidad para ello.

En cuanto al resto de relatos de de este bloque la verdad es que suponen un mal cierre del libro. No porque todos sean malos, pero es que sucede que he captado lo que me ha parecido desinterés de la autora o, quizá, me he contagiado de mi propio sentimiento hacia ellos. Así, cuentos como "La Señora", "La extranjera", "La buena esposa y el turmix" o "Libertad", se me han antojado frívolos de tan flojos, excesivamente llanos. Tampoco es que otros como "El alivio" o "Recién casados" vayan mucho más allá, pero en ellos al menos se trasluce cierto interés por la indagación irónica en el costumbrismo de la época, algo que en los otros queda en retrato superficial. En cualquier caso conviene no perder de vista la perspectiva desde la que están escritos: la de una mujer que tenía un tanto revolucionado los clichés literarios de la época y en un contexto en el que Laforet más que alguien excepcional se presentaba en los dominadores círculos clasistas como intrusa. En ese sentido la visión de la España de posguerra y franquista que ella ofrece es -además de única- valiente.

El mejor relato de este bloque es "Don Pepe  y el vagabundo", que cuenta la historia de un pobre pedigüeño que entra en la casa de este don Pepe, por quien es sorprendido y que en vez de denunciarle a las autoridades le acoge de manera pretendidamente comprensiva para que desempeñe por ese día algunas tareas propias del criado de la casa. Está mayormente narrado desde la perspectiva del vagabundo aunque en tercera persona y es interesante la lectura que este hace del suceso que vive.

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Los diez cuentos incluidos en la segunda parte -escritos entre el 45 y el 53- son aquellos que Carmen Laforet quiso recoger y dejar a la posteridad, así nos dice Agustín Cerezales en el prólogo a estos. Es decir, se trata de los más reputados de entre los que componen el libro, los mejores para ella y -he de reconocerlo- también para mi. Una y otra vez aparece la mujer en el mundo conservador de la época como tema central, representado en la maestra rural como en "El veraneo" -un cuento que sin rodeos ni sucesos extraordinarios pone de cara dos perspectivas de la vida radicalmente opuestas al relatar el encuentro de dos hermanos, después de muchos años de vivir separados-  o la soñadora artista "Rosamunda", que vive ya de vuelta de sus mejores años, de la evocación de estos y de su relato a quienes, como el joven soldado con quien comparte vagón, quieran escucharla. Un cuento delicado, en el que patetismo y ensoñación derivan en impostura y reivindicación de la mujer que, como la propia Laforet, trataba de esquivar entonces las imposiciones que se pretendían naturales o necesarias.

Sin embargo, tanto en la lectura de "La edad del pato" como en la de "Al colegio" he tenido la misma sensación que cuando leía algunos de los cuentos del final del libro, que ya he comentado. Historias demasiado vanales que -esto sí- da la impresión de que son importantes para la autora, como evocaciones de su infancia o primera juventud. Algo más me ha gustado "La fotografía", en la que me da la impresión de que hace un juego de palabras con el título y el caso que narra, en el que una joven acude a retratarse a una tienda de fotografía en total decaimiento y de paso retrata la decadencia general de la España franquista, sobre todo la inmediata a la posguerra.

Mucho más me ha impresionado "Última noche" en el que la protagonista, la francesa Claude, hace una relectura de la última carta que su marido escribiera antes de morir en la guerra del 39, y a partir de la cual decide conservar sólo las partes que deben trascender, que deberá conocer en el futuro el hijo de ambos. En dicha lectura se ofrece un (auto) retrato psicológico de Paul -el marido- y en la acción de echar al fuego la mayoría de las hojas de dicha carta queda retratada también Claude. Un cuento sin duda inteligente y de gran calado psicológico(2).

"El regreso" relata la historia de Julián, enfermo psiquiátrico, al que le es concedido permiso para ir a casa en Nochebuena y que no logra encontrarse en su hogar, de cuyo mantenimiento tendría que ser principal responsable de no encontrarse internado, y que encuentra entonces abandonado a la mala suerte y dependiendo de la beneficiencia, por lo que regresa de nuevo la sensación de responsabilidad de la que interno se sentía liberado y que ahora  siente pesada. De final brillante y turbador, poderoso en la demolición psicológica, emociona.

"La muerta" es otro de los magníficos cuentos de este bloque. Está protagonizado por el sentimiento de culpabilidad de El señor Paco, que " (...) no era un sentimiental. Era un buen hombre al que le gustaba beber, en compañía de amigos, algunos traguitos de vino al salir del trabajo y que sólo se emborrachaba en las fiestas grandes, cuando había motivo para ello. Era alegre, con una cara fea y simpática. Debajo de la boina le asomaban unos cabellos blancos, y sobre la bufanda una nariz redonda y colorada". Véase como Laforet mezcla en este retrato en tercera persona la descripción  que al uso el narrador hace desde afuera, y otra más psicológica que es en realidad autorretrato: "cuando había motivo para ello". El señor Paco trata de justificarse de una manera que me ha recordado a la  Menchu de "Cinco hora con Mario", pero esta vez el sentimiento de culpablidad parte de la presencia espiritual de su mujer muerta, una vez que el señor Paco creía poder vivir liberado definitivamente de la larga enfermedad que su mujer sufriera.

"Un matrimonio" me ha parecido también un muy buen relato, mucho más romántico de lo que la autora le tiene a uno acostumbrado, y en él se relata la resignación del joven Pedro al tener que elegir entre su mujer y una posición social más alta, económicamente holgada. Aunque quizá el tema pueda parecer manido el trato de Carmen Laforet es una vez más exquisito y no cae en atajos sentimentalistas.

"El aguinaldo" es el relato -aún cabría decir la historia- más claramente religioso que recuerdo haber leído de Laforet. Supone una indagación en la experiencia del enfermo resignado y capaz de trascender el sufrimiento: una reconciliación individual que tiene que ver con el conocimiento propio y que, desde luego, debe relacionarse con la conversión al catolismo de la autora a principios de los cincuenta. El resultado es un cuento bastante emotivo, a la vez que descarnado y, por supuesto, espiritual. Interesante en caso de que uno sea católico y también en el de que no, pues en el primero puede suponer una recreación en el asunto y en el segundo un acercamiento curioso.

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Y, nada, para terminar parlo un poco sobre la buena impresión que los primeros relatos -escritos entre 1938 y 1942-, los que según los editores de este libro podrían llamarse "Cuentos de Andrea", me han dejado. Se trata en su mayoría de relatos que no fueron publicados nunca. Son más breves que la mayor de los del resto de su producción, que suelen rondar las ocho o diez páginas y aquí se quedan en tres o cuatro. "El Infierno" (1945), es uno de los publicados: es también un relato de tema religioso, pero en él no existe reivindicación de la fe ni del sentimiento católicos. Es más bien irónico y bastante filosófico, en forma de imagen, la de un monje que sufre penitencia por un pecado que le es perdonado, pero aquí el final -escrito por una Laforet rebelde de unos veinte años- es el siguiente: "Y después de alcanzar su cielo, vivió muchos años -y ése fue su infierno presentido- con el corazón florido como la retama..., dorado y amargo." . "Sorpresa" fue publicado en el mismo año, se trata casi de un cuento al estilo de los de príncipes y princesas, que se corresponde perfectamente con la jovencita que debió de escribirlos. Aunque apunta ya la desenvoltura necesaria de quien sería escritora de raza queda muy lejos de sus narraciones interesantes.

"La leyenda de Alcorah" es el cuento que abre el libro. Se trata de un texto descriptivo y fantasioso en el que se recrea Gran Canaria, donde se crió y pasó su adolescencia. Se trata, pues, de un homenaje a su tierra. Pero los cuentos más interesantes de este bloque están en el centro. Primero las tres fugas, cada una interesante a su manera.

Es "Fuga primera" un relato poético y muy irónico, un tanto burlesco, en el que la luna -"Yo soy la luna vieja de un pueblo de Castilla" cuenta a su interlocutor -la propia escritora aunque puede entenderse el lector- el coloquio que con una mujer soñadora tuvo y las consecuencias del mismo:  "¿Y fue feliz?", nos preguntamos al final del relato. Responde la luna: "Yo lo dudo. Las cosas a su tiempo. Fugarse de la vida propia es cosa de pura juventud. Fue una broma magnífica que le gasté... ¿No te hace gracia?...".

"Fuga segunda" está protagonizado -como apuntan los editores de este volumen- por la Andrea de "Nada" o por alguien que bien podría identificarse con la propia. En la historia logra por fin escapar de su viejo profesor de piano en favor del joven que la quiere. Se trata sin duda de la cara opuesta y del complemento perfecto a "Fuga Primera" y es, a  la vez, parte del relato de la escapada de la autora a Barcelona en 1939.

En "Fuga tercera" la huida hacia la libertad que parece dar comienzo en el relato anterior se hace explícita y se convierte también en despedida definitiva del mundo infantil: "¡No me importa nada ese después...! Todo en el mundo se paga y no quiero que sea pequeño el precio de esa inefable y azul locura que cuando se tienen 17 años representa cruzar el mar, sin permiso de nadie, para esperar el amor..."

Por fin, voy a cerrar esta reseña con "Carta a don Juan" (3), el relato también inédito que da título a este compendio y que es una vez más muestra de la sobriedad y elegancia que esta autora poseía ya en su juventud. Es la disculpa por el rechazo a un señor que -por lo que se deja entrever- debió de encapricharse de ella, y aún ilusionarse con la posibilidad de tenerla para sí. De nuevo la limpieza, la sencillez discursiva hacen del relato pieza delicada, pequeña delicia.

Y hasta aquí el resumen de mi última lectura a una de las personas que mejores páginas literarias dejó escritas en la España del siglo XX, referencia fundamental para entender el país en su posguerra, y de cualidades narrativas indiscutibles y eficaces. Aunque me apetece acercarme algo más a su novela lo cierto es que el libro que más me interesa ahora mismo es la correspondencia que mantuvo con Ramón J. Sender, "Puedo contar contigo", pues me encuentro muy intrigado por la biografía de Carmen Laforet y, por tanto, dispuesto a traicionarla. Una vez más. Maldito sea.




En el original------------------------------------------------------------------------------------------

 (1) Hace muchos años vivían tres niños en una casa con jardín, en un país donde nunca hacía frío. El jardín  de la casa siempre tenía flores, y por la enredaderas que colgaban de los muros subían y bajaban los gatos, hasta la azotea, o hasta la verja de la entrada.
En la casa había varios animales. Un gallinero estaba lleno de gallinas que alborotaban como locas cada vez  que ponían un huevo para la comida de los niños; y había un pavp que se llamaba míster Whisky, y que era el animal más tonto que se pueda imaginar, a pesar de lo cual paseaba libremente entre los parterres, con gran escándalo de las pobres gallinas, tan trabajadoras y tan encerradas, que se asomaban a la tela metálica de su gallinero para verlo pasar y le dedicaban insultos feroces:
- ¡Cloc, cloc... presumido! Cuello pelado.
Míster Whisky se ponía colorado y adoptaba un aire despreciativo.
- ¡Ordinarias!... -decía con un grito distinguido y chillón.

(2) Estas páginas las ha guardado Claude cuidadosamente entre sus joyas. Son ellas las que deben enterar al niño, cuando crezca, de la historia de su padre.
Lo demás que escribió Paul aquella noche: su miedo helado, sus cobardías y sus heroísmos, sólo Claude en el mundo lo debe conservar en su sangre, porque lo ha sufrido. El testimonio escrito lo devoraron las llamas.

(3) Y usted no pudo comprender mi risa, pero palidecía herido y suplicante. Y yo...  yo era lo imposible entonces. Lo que no se puede tocar y se desea. La ilusión venenosa de sueños solos. Al despedirnos me suplicaba aún sin palabras ¿qué? ... Que me dejase hechizar nuevamente, tal vez....
¡Qué pueril me parecía su deseo! Le hubiera acariciado...
Imposible, imposible. Nunca sabría llevarme a un mundo nuevo otra vez.... Pero le quiero mucho, no esté triste. De verdad que le quiero, dije al cerrar la puerta. Y no podía remediar reírme.
Me asomé a la ventana y le vi que se iba, despacio, por la esquina.
Su bello traje de demonio, negro, se había enganchado como en una zarza en mi risa y colgaba triste, desgarrado, con su carne morena de hombre estremecido del frío de la noche...
Me conmoví, señor, quiero que Usted lo sepa.

domingo, 2 de septiembre de 2012

La sonrisa del náufrago.

José Ignacio García, 2011.
Castilla Ediciones, 2011.

136 páginas. 12 €.

He hecho con José Ignacio García un acto de injusticia perfectamente conmensurable que ha consistido en tomar sus libros, empezar a leerlos y abandonarlos después por lecturas que consideré urgentes hasta llegar un momento en el que prácticamente olvidé que le estaba leyendo. Bien, la cuestión es que este autor vallisoletano reconocido con el Miguel Delibes 2009 por su obra ENTRE EL PORVENIR Y LA NADA -colección de cuentos- se me ha cruzado gracias a José Carlos Iglesias, a quien ya conocía. Ambos inauguraron en junio las jornadas literarias con las que el servicio habitual de esta humilde librería pretende verse complementado en adelante y fue durante sus preparativos que conocí personalmente a José Ignacio y que comencé a leer su obra.

LA SONRISA DEL NAÚFRAGO es su último libro de relatos. A este  le precedieron ENTRE EL PORVENIR Y LA NADA, la novela MI VIDA, A TU NOMBRE (2006) y las que también son colecciones de relatos VIDAS INSATISFECHAS (2000) y ME CUESTA TANTO DECIR TE QUIERO (1998).  Digamos que el portillano posee un estilo bastante sólido y un tanto barroco, casi diría que radicalmente castellano, normalmente apoyado en cierta facilidad metafórica y metonímica que no suele recargar los textos, y en el uso de un vocabulario amplio. Su narrativa aparece abundante en símiles también. En general puede decirse que se trata de un estilo bastante substancioso y que denota cierto placer del autor por la expresión. He de decir que aunque algunas expresiones me han rechinado, la mayor parte del tiempo la redacción me ha parecido sobria y elegante y me parece indudable que José Ignacio García atesora ya escuela y calidad suficientes como para que se esperen de él cosas importantes. 

José Ignacio García recuerda mucho a Miguel Delibes porque sus historias son las de personas llanas, conciudadanos corrientes a los que casi nunca ocurre algo especial. Tiene en común con él que trata de convertir a esas personas corrientes en héroes, que hace de ellos personajes de interés literario. Gracias a ello Miguel Delibes fue uno de los máximos exponentes del siglo XX, aunque cabe recordar también que estamos en el XXI.

El libro presente está compuesto por trece cuentos prologados por José Jiménez Lozano y que en su mayoría buscan la originalidad de las historias: más que el retrato psicológico de los personajes busca el de la trama que se sirve de los mismos, de manera que en sus relatos es más importante el suceso que la persona que lo vive, la anécdota que la vivencia personal. Hay excepciones y es según este criterio que unos cuentos me han gustado más que otros.

El libro abre con el relato EL MILAGRO DEL BUEY MAGO, que el autor debió de escribir para el compendio CONTAMOS LA NAVIDAD de 2009, en el que varios autores vallisoletanos -algunos de renombre- pusieron su granito de arena en un proyecto que relacionaba la navidad con la literatura y la ilustración. La historia está narrada de forma paralela a la del nacimiento de Cristo pero con personajes contemporáneos -una pareja pobre y con algo más que dudas respecto al origen paternal del recién nacido- que se ve en el metafórico aprieto de tener que traer al niño al mundo en una cueva, y que será "bendecida" por un regalo inesperado por parte del buey.

LA COLECCIONISTA DE ESQUELAS  es un relato en el que el autor hace un uso excelente de su prosa. Exacto en la contextualización  y en la ambientación, oscura e inquietante, que será razón del paradójico destino del abogado que narra esta historia escrita -por tanto- en primera persona. Esta ambientación reposa en un peculiar personaje que es anciana coleccionista de esquelas y con quien el narrador se cruzará uno de los tantos días que conforman sus ajetreadas semanas de trabajo.

WINE ROOM (DOS VERSIONES DE LA MISMA REALIDAD) es un doble relato que cuenta los sucesos acaecidos entre dos viajeros de un mismo crucero y de los que tienen visiones opuestas que se cuentan en primera persona. Desde mi punto de vista supone un posicionamiento bastante interesante que, sin embargo, no es aprovechado pues se queda en la anécdota.

De forma parecida MÍSTER LÁTIGO se conforma con poco más que el juego de palabras. En él se cuenta la historia de un entrenador amateur de fútbol que nunca verá a sus jugadores ganar ni un sólo partido. Es justo decir que en la presente se atisba cierta indagación en la cuestión del fracaso, de la persona fracasada o el destino, cuestión esta última que aborda el cuentista una y otra vez.

Nada me ha gustado EL ÚNICO HOMBRE ni MONÓLOGO MALINTERPRETADO, que se quedan en la anécdota pobre y llana, malamente salvables por suerte y gracia de la capacidad narrativa del autor. Sin embargo hay otro relato de corte similar en cuanto a que es especialmente corto y directo que me ha resultado mucho más interesante. Se llama ¿TERESA INTERESA? y aunque quizá como relato al uso pudiera parecer algo cursi me he encontrado también con un texto que líricamente es más que notable: en él se relata la vida de una mujer maltratada, desde afuera, como si se cantara a un icono.

En realidad estos relatos son los que menos me han gustado. En todos ellos José Ignacio García luce una capacidad narrativa indiscutible, fuera de toda duda. Sin embargo, no me han convencido del todo por lo que entiendo que es una búsqueda de cierto efectismo paradójico o irónico que, personalmente, no sólo no me dice mucho, sino que me resulta excesivo por cuanto que deriva, precisamente, de su capacidad narrativa. De esta manera es -tanto o más que lo narrado- el propio juego de palabras lo que  lleva a la paradoja, dejando al relato sin alma.

MADERA DE WISCONSIN es un cuento muy interesante que me ha parecido que trata la tan condenada -desde Platón- capacidad oratoria de los políticos, así  como la inestimable gratitud de la ignorancia de los públicos complacientes. Se trata en realidad de un relato ácido y que aborda el tema desde la perspectiva de un escritor -sumido en el duelo por la muerte de su esposa Berta- que para echar una mano al colega que tanto le ha ayudado en los momentos más traumáticos de su reciente viudez realiza -a petición suya- una cata en su restaurante y para un público deseoso, sin ser catador y sin que tal cosa le haga falta. Así el autor puede regodearse en ciertas metáforas enológicas para describir una realidad desangelada y triste que va que ni pintada al habitual tono frívolo del autor, lo que a la vez supone un momento catártico y de superación de la propia depresión para el protagonista que narra.

POR UNA VEZ, NO DIGAS SÍ cuenta la historia de Dona, narrada por uno de sus amigos. Dona es un tipo trabajador que, sin embargo y haciendo honor a su nombre, no tiene problema ni medida alguna a la hora de compartir lo que ha ganado con su propio esfuerzo, algo que debe de hacerle feliz y que es también base de la felicidad de los amigos que, paradójicamente, le reprochan su altruísmo.

En EL RAPSODA DE GOGUELÉN la situación planteada es atractiva y la sucesión de hechos más. Un hombre se encuentra en un bar tomando algo en la Noche de Reyes cuando una anciana se le insinúa. Él decide darle conversación por la curiosidad que el hecho le produce pero pronto queda desconcertado por cuanto que ella insiste en reconocerle como el rapsoda de Goguelén, un restaurante donde supuestamente se habían conocido anteriormente.

LA DUEÑA DE SUS SECRETOS (1) es un relato original y profundo que ahonda en las justificaciones que a modo excusa una escritora vierte sobre su bloqueo creativo y que hace depender de la persona a quien escribe, con quien explica una relación tormentosa de ida y vuelta y que conlleva un secreto que se desvela al final para dar al relato una visión renovada y turbadora. 

LA DECISIÓN DE JUAN PORTILLO es un  relato dramático que se aborda desde un contexto taurino, del que aprovecha el sentimiento trágico que dicho contexto transmite.  Es extraño que siendo la fiesta taurina cuestión de nulo interés para mi -no siendo para mal criticarla- me haya gustado tanto este cuento. Lo cierto es que José Ignacio García se explaya aquí con una terminología específica que domina y eso ni me va ni me viene. Sin embargo, le he sacado bastante juguillo a la historia de este torero reputado que abandona las corridas tras la muerte de su esposa -la doña- y que vuelve a ellas años después con la extraña aparición de una nueva mujer de costumbres opuestas a las que adquiriera con la doña -auténtica mujer de su vida-, cuyo antiguo amor está simbolizado en un gran retrato que presidía el salón de su casa, en la finca El Comeso.

Por fin LA SONRISA DE UN NAÚFRAGO (2)  es el pesimista relato que cierra el libro. Narra la caída de un hombre que conoció el éxito y cuyas herramientas para sobrevivir a su propia perdición de hombre sin futuro no van más allá de unos inquietantes delirios que poco a poco parecen dirigir las riendas de su vida y queda representado en el magazine local que echan por la tele y que jamás se pierde. Esto le lleva a hacer un repaso de su historia, pero esta desemboca una vez más en el delirante presente que parece quedar justificado también por el discurrir de  los grandes años -tiempo durante el cual en realidad traicionó a sus sueños-.

La lucha con el destino y la asunción del mismo son temas a los que recurre el autor de estos relatos que trascienden el pesimismo, a veces frívolos y casi siempre irónicos, de personajes solitarios a los que ocurren sucesos originales que asimilan, y que entran en los parámetros de la cotidianeidad. La sonrisa del naúfrago es la del hombre resignado, que, al fin y al cabo, toma conciencia de quien es, de que es lo que ha vivido. Narrados con un estilo engalanado resultan cautivadores ya antes de que se conozca la propia historia, y en ese sentido García se muestra como narrador experimentado, con gancho, al igual que en el relato de sus mejores cuentos, cuando su marcado estilo personal se combina con  una historia atractiva y profunda.  



En el original------------------------------------------------------------------

(1) Ayer, cuando se arrumiaba la tarde y las laderas de las cotarras cercanas empezaban a vestirse de un color gris nostálgico, las páginas aún tiernas de mi última novela inacabada volvieron a preguntarme por ti. Las pobrecillas, tan dubitativas, sin un rumbo definido todavía, se sienten como un frágil esquife a la deriva sin tu añorada presencia. Y lo peor de todo es que, una vez más, no supe cómo tranquilizarlas, cómo abrigarlas para protegerles de esa gélida y cruel intemperie que para el ánimo supone la incertidumbre. En algunas ocasiones la verdad resulta una losa tan pesada, que una carece de fuerzas o de la maquinaria necesaria para izarla. Es entonces cuando flaquea la voluntad, y el miedo a la humillación o al descrédito prevalece sobre esa sórdida forma de tortura interior que es el remordimiento. Hay personas demasiado honestas que no logran sobreponerse a sus crisis de conciencia y acaban claudicando a los embates de la sinceridad. Por el contrario, otras optan por soluciones más drásticas. Yo, simplemente, aprendí a convivir con el tibio remusguillo que me causaba mi secreto, acorralándolo en un rincón de la memoria; anestesiándolo cuando daba más guerra de la cuenta, como si fuera una jaqueca paliada por analgésicos.


(2) Mientras observa las matriuskas mal colocadas sobre el mueble del cuarto de estar, y calcula la distancia exacta que deben mantener entreellas, Pepe vuelve a plantearse si la vida realmente fue tan injusta con él desde el momento mismo en que sus padres le echaron al mundo y decidieron llamarlo José, a secas.

Consulta impaciente las manecillas del reloj, y ve que la hora que marcan coincide con la que muestra el descodificador del Canal Plus. No sabe cómo entretener los minutos que faltan para que dé comienzo el magazine televisivo local; y se dedica a pensar que los hijos nacidos en el seno de familias aristocráticas siempre llevan colgando una ristra de nombres adicionales de aquel por el que son conocidos. E incluso los actores que protagonizan los culebrones sudamericanos de la televisión también muestran en los títulos de crédito largos nombres compuestos, del tipo Ramundo Emiliano Manuel o Teodosio Avelino Mateo. Sin embargo, él no tuvo la suerte de poder elegir el nombre que mejor le encajara. Ni siquiera tuvo nada que ver con el hecho de que la gente, desde bien niño, empezara a llamarle Pepe.



martes, 19 de junio de 2012

La República Independiente de San Nadie.

Autor, José Carlos Iglesias Dorado.
Autoedición, 2012.
 112 páginas.
Pvp, 9 €.


Bueno, por si a alguno le recuerda este título a cierto anuncio de televisión ya le advierto de que sí, de que yo también lo he visto y, además, le digo que lo ha visto el melancólico y romántico protagonista del emotivo cuento que inicia esta colección de relatos que lo da nombre. No lo he leído, pero lo he escuchado. Hace unos días que  José Carlos Iglesias Dorado presentó su segundo libro en la Asociación Comunera Hacia Medina del Campo y allí pude oír el relato La República Independiente de San Nadie con la voz profunda de nuestro escritor como vehículo principal. Se trata de un cuento que concreta bien algunas de las señas de identidad de la escritura de este medinense al que conozco desde hace algunos años, por suerte un poco más cada vez. Sus relatos son humanistas, a veces melancólicos y el medio rural los protagoniza casi al completo. Sus personajes son de esos que ablandan el corazón de los lectores y uno se sonríe con extraña tristeza de alegría remota -como pasada o ficticia- con cada cuento que termina. Es la experiencia que he vivido y así la cuento.

Así que, efectivamente, tenemos nueve relatos interesantes, mundanos y que se alejan en su mayor parte de cierta pretensión efectista que rebajaba la calidad de los textos de su primer libro: GENTE SIN TINO. En su mayor parte se trataba de relatos atractivos, bien narrados, bien hilados y con personajes bien retratados, buenas historias que pecaban de cierta manía explicativa que lo dejaban a uno un tanto contrariado al final. Desgraciadamente me he encontrado con ello en SANCHO, EL DE AVELLANEDA: se trata de una historia preciosa, realmente bonita, en la que Iglesias Dorado me ha embaucado una vez más -como en casi todo el resto del libro-: es la historia de un vendedor ambulante que recorre la vieja Castilla con el pesar de una realidad sofocante de la que logra zafarse en los momentos de más intensidad del cuento y que se nos queda en nada por gracia de su último párrafo que, la verdad, no sólo sobra si no que, además, le quita la gracia al asunto.

Pero Peri Lope -ya lo saben- es un tipo honesto, dice lo que piensa. Este libro está bien escrito, está tan bien escrito que José Carlos Iglesias Dorado merecería con él ser publicado en editorial ajena. Sin embargo, también en esta segunda ocasión el autor se edita. Lo hace en  formato humilde y práctico, rústico y de bolsillo. Tampoco es que la extensión de lo escrito de para más y, afortunadamente, lo bueno está adentro. En este sentido un libro así sobresale entre la mayoría de lo que hoy en día se publica. Los relatos de Iglesias Dorado merecen la pena como los del más auténtico contador de historias y es lógico quedar satisfecho con su lectura y aún atrapado en las vivencias de los personajes que por sus páginas pasan.

Hay en la mayoría de relatos una reivindicación de la vida sencilla, de pueblo, del disfrute de las pequeñas cosas que -particularmente- me gusta mucho. Hay, en realidad, un retrato, cierta preocupación del autor por quienes piensan así, un respeto absoluto a quien a duras penas es arrastrado a la modernidad. También el reconocimiento positivo de la modernidad en las faltas de personajes tan imperfectos como entrañables. Quiero decir que no siempre el autor toma partida por determinada forma de vida, que es consciente de la evolución y que sabe que esta trae por igual progresos y retrocesos con los que los personajes han de lidiar a menudo irreflexivamente, anclados en sus prejuicios, acertados unas veces, no otras. Aquí, por ejemplo, podemos incluir el relato 11/07/2010, fecha que hace referencia al campeonato mundial de fútbol ganado por la selección, y que se desarrolla en el teleclub del bar de un pequeño pueblo donde apenas llega la señal televisiva. También QUIEN LE MANDA A UNO trata la misma temática, sobre el viaje a Benidorm de un abuelo que, en realidad, realiza sin convicción. Especialmente estimulante me ha resultado la lectura de ABUELO MANUEL, una reflexión implícita a propósito del progreso y a través de un personaje raro, anclado en la Historia y que, sin embargo, logra representar ese tipo de humanismo que lo emociona a uno en un país que ha sido tanto tiempo dos y que aún sigue siéndolo en determinadas ocasiones. Aquí Iglesias Dorado luce pluma sobria y demuestra una sensibilidad extraordinaria. Se agradece.

Precisamente Dorado vuelve a hacer honor de esa sensibilidad en otro gran relato: CAMPANADAS DE MEDIANOCHE, en el que evoca a la compleja -rica- personalidad política y poética que fue Dionisio Ridruejo a través de la búsqueda romántica de un electricista  reconvertido a iluminador escénico nada más y nada menos que con Orson Welles y con vocación -a su vez- de poeta. No me digan que no promete. Sepan que da. Hilando con cierto internacionalismo incluyo en este párrafo la mención al relato LA PARTIDA, en el que tres viejos amigos pierden a un cuarto -compañero de tute- y han de revolver entre la tristeza para dar con quien pueda continuar las sesiones de cartas, lo que les llevará a apañárselas con un pastor búlgaro, vecino nuevo, que traerá consigo un soplo de aire fresco al pueblo. 

En polos opuestos cabría poner LA PROMESA, relato un tanto desgarrador a propósito del trabajo en las minas con el que generaciones de leoneses han sacado adelante a sus familias castigando sus propias vidas, y LA MÚSICA DIVINA, relato optimista que cierra el libro y a propósito del músico de orquesta que se gana la vida tocando en las plazas de los pueblos. Un relato no exento de aire melancólico, tal vez trágico, de vida en la carretera y con un final de avutarda en el horizonte que -no sé bien por qué-  lo invade a uno de un sentimiento de resignación.

Y, en fin, me parece que el estilo de José Carlos Iglesias Dorado aún se ha depurado algo sin ser este malo en su primer libro. A destacar su sencillez -siempre difícil de conseguir- y su cercanía. Creo que busca resultar entrañable y lo logra, quiere toquetear las entrañas del lector y lo consigue, pero las acaricia. Es motivo de alegría su empeño en formar parte del circuito literario que tan poco espacio deja a los no elegidos y yo me alegro más que nadie: este sábado lo voy a tener en la tienda, nos hablará algo de su libro con sus propias palabras y lo hará acompañado por el librero -en fin, estas cosas pasan-, Ricardo Sanz Molpeceres -El Zorro Volador- y el escritor José Ignacio García, autor de varios libros de los que iremos hablando más adelante y ganador del Premio Miguel Delibes 2009, que ha tenido a bien dedicar unas palabras más generosas de la cuenta a los autores de este blog en el suyo: DE GRANA Y FOLIO. Estáis todos invitados: hablaremos del cometido que cumplen los concursos literarios, leeremos relatos y, bueno, literaturizaremos. O algo así.

Sábado 23 de junio.
12 de la mañana.
La Tienda de Lope.

domingo, 22 de abril de 2012

Cuentos sangrientos.


Autora: Emilia Pardo Bazán, entre 1880-1921
Editorial: Bercimuel, 2010. 250 páginas.
Pvp: 10 €.

Debe de hacer unos veinte años o quizá alguno menos que el librero leyó el cuento UN DESTRIPADOR DE ANTAÑO. Lo hizo en una edición que Aguilar sacó a precios muy económicos, al calor de aquella maravillosa colección que fue ALIANZA CIEN. Dice que recuerda la decepción que le provocó porque esperaba entonces una historia mucho más oscura, más sangrienta. Bueno, yo lo he leído ahora, hace unos días y, la verdad, me lo he pasado bien. Intuyo -porque no se muestra de forma explícita- cierto interés didáctico de la autora, una mujer con una posición social privilegiada y, además, sensibilizada por las consecuencias palpables de la incultura popular. La niña Minia, huérfana del molinero de Tornelos, en Galicia, vive con sus tíos, quienes heredaron el molino. En realidad malviven y, además, las cosas van a peor. el destripador de antaño es un honrado boticario que sufre la desdicha de las creencias populares: según estas los eficaces ungüentos que prepara para curar las enfermedades de sus vecinos derivan de la grasa de jóvenes vírgenes a quienes asesina. El destino de ambos, el boticario y la niña del Molino, se encontrarán en este relato caracterizado también por las impresiones naturalistas, paisajísticas, y el ambiente religioso. Por eso en un primer momento pudiera parecer el desenlace fallido, como si no lograra sorprender al lector, aunque ya digo que el interés didáctico de la Pardo Bazán parece dominar buena parte de estos textos.


Colección Relato Corto Aguilar, 1994.
Supone este primer relato la narración más extensa de esta colección de cuentos que la editorial BERCIMUEL compuso en 2010, dentro de una labor encaminada a recuperar textos escritos por autores femeninos (expresión arriesgada esta), perdidos unas veces y no suficientemente considerados otras. El resto de los relatos, otros diecisiete, rondan las diez páginas y se me han aparecido como imágenes, casi siempre resoluciones -siniestras- de un dilema que se nos plantea en la mayor parte de sus páginas y que no tienen espacio para un desarrollo argumental de suficiente entidad. Esta suerte de relato breve se asemeja más a la pequeña pieza degustativa que es el poema y ya nos advierte Tonina Paba -Universidad de Cagliari- que la propia Pardo Bazán veía sus cuentos cercanos al poema lírico.

Un ejemplo de este tipo de relatos es PENA DE MUERTE, en el que un Guardia Civil cuenta la historia que de crío le ocurriera, cuando robaba manzanas del árbol perteneciente al señor al que servía. Resulta un ejemplo perfecto por tratarse de un simple evocación que en el tiempo presente aún sugestiona al narrador. Por estos parámetros se mueve también LA PUÑALADA, relato en el que Onofre mata a su amada Claudia al final, lo que, lejos de suponer un desenlace al uso es, más bien, un final previsible en el que la autora aliña los hechos con prosa elegante y oscurece su estilo con personajes maliciosos, bajos y llenos de superchería. La crónica de una España bien negra está aquí y en casi todo el libro.

Es el caso también de MADRE GALLEGA, en el que su protagonista, el sacerdote Luis María, se ve perseguido por los caciquismos y las represalias cristinas derivadas de la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), a la que en varios relatos la Pardo Bazán se refiere como La Guerra Civil. También en INÚTIL el desenlace parece encontrarse en el propio planteamiento. Para ser más justos habría que decir que deja ver por aquí la influencia de autores rusos como Chéjov o Tosltoi, cuyas ficciones se caracterizaban más por la descripción de ciertos acontecimientos -y lo que estos suponen- que por la desembocadora de ellos hacia en un final que de alguna manera impacte o sorprenda.

Así que puedo decir que hay relatos bastante buenos. Pero los mejores para mi han sido aquellos en los que la recreación naturalista -imaginaria en un sentido amplio-  se produce respecto de unos hechos especialmente macabros. Me he divertido más con estos, aunque alguno quizá me haya alterado en algo: soy sentido, vaya. Es el caso de EN EL PRESIDIO, donde Juanote asesina a su suegro con la ayuda de su mujer y algún que otro familiar y en el que -como, por ejemplo, ocurre en JUSTICIERO  y también en SOBREMESA o en UN DURO FALSO- la infancia o primera juventud de los protagonistas sufrientes dan a la narración dureza extraordinaria.

Descriptivamente me ha parecido una narradora impecable, la verdad, y tengo marcado como ejemplo el comienzo del relato BELONA (2), uno de los que más me han gustado. En él un oficial a las órdenes de don Juan Cabañero, mando del Ejército cristino, es apresado por un carlista con reputación de implacable y apodado El Zurdo que, además, fue amigo de su padre. A partir de este planteamiento se produce un juego psicológico muy interesante que, por supuesto, desemboca en tragedia, y que puede utilizarse como vara de medir la calidad moral de la sociedad de la época, más aún cuando se ve envuelta en una guerra civil.

En realidad ha habido un momento a partir del cual todos los relatos me han parecido buenos, quizá porque en ellos lo macabro y lo trágico se han hecho más presentes. También lo paradójico, como ocurre en EL PUÑO, EL MASCARÓN y también en EL INDULTO. La naturaleza del primero es especialmente macabra pero no tan trágica, como la de los otros dos, en el que la paradoja aparece casi como una nota de humor negro. Especialmente EL INDULTO posee, además, un tono crítico del que se percataron los intelectuales y literatos de la época -esto lo dice también la Paba, introductora-, pues cuestiona tanto el derecho de perdón penitenciario como la condición del matrimonio como indisoluble. Así que hablo claramente de un texto contra la violencia y los abusos machistas, y contra la protección que de esta violencia se hacía desde las instituciones.

GEÓRGICAS  es un magnífico cuento de guerra entre  dos familias agrícolas, en el que una vez más se hace un retrato de la época bastante pesimista, y en el que vuelven temas como la superchería en el medio rural: las familias de Ambrosio Lebriña y de Juan Raposo entran en conflicto a partir de un agravio entre ambos que hace a las familias enemigas. Les adelanto el final, para que vean: "Aquí tienen ustedes lo que aconteció en la feligrasía de San Martín de Tameige, por no querer los Raposos ayudar a los Lebriñas en la faena de la maja", y de verdad que lo que aconteció fue sangriento.

En próximos días hablaré un poco más de la interantísima condesa Emilia Pardo Bazán, así como de algunos otros cuentos suyos. 


En el original..................................................
(1) Un destripador de antaño, páginas 31 y 32.
    La leyenda del "destripador", asesino medio sabio y medio brujo, es muy antigua en mi tierra. La oí en tiernos años, susurrada o salmodiada en terroríficas estrofas, quizá al borde de mi cuna, por la vieja criada, quizá en la cocina aldeana, en la tertulia de los gañanes, que la comentaban con estremecimientos de temor o risotadas oscuras. Volvió a aparacérseme, como fantasmagórica recreación de Hoffmann, en las ombrías y retorcidas callejuelas de un pueblo que hasta hace poco permaneció teñido de colores medievales, lo mismo que si todavía hubiese peregrinos en el mundo y resonase aún bajo las bóvedas de la catedral el himno de Ultreja. Más tarde, el clamoreo de los periódicos, el pánico vil de la ignorante multitud, hacen surgir de nuevo en mi fantasía el cuento, trágico y ridículo como Quasimodo, jorobado con todas las jorobas que afean al ciego Terror y a la Superstición infame. Voy a contarlo. Entrad conmigo valerosamente en la zona de sombra del alma.


(2) Belona, páginas 191 y 192.
    El Destacamento, al regresar de su arriesgada expedición de descubierta, no volvía de vacío: traía un prisionero, y era nada menos que un oficial. Venía suelto, arrogante y despreciativo, fruncido el rubio ceño, contraídos los labios juveniles por una mueca colérica, como si retase a los que, sorprendiéndole en la avanzada, le había cogido casi sin lucha, sin darle tiempo a una defensa leonina. Ni aún preguntaba adónde le llevaban así; seguro estaba de que no era cosa buena, porque ya conocía de oídas la siniestra fama del Zurdo, el cabecilla en cuyas garras había caído, y como no esperaba misericordia, quería al menos morir en actitud de caballero y de valiente.

Los que le escoltaban iban silenciosos. Dígase lo que se diga, y por muy avezado y endurecido que se esté en ver correr sangre, infunde cierto respeto indefinible el hombre que va a morir, y si el que va a morir es un joven, como se ha tenido madre, se piensa en el dolor de la mujer desconocida, asimilándolo al que sufriría en caso igual la otra mujer que nos llevó en las entrañas. Quizás este pensamiento no se define: es un sentir obscuro y vago, una sorda opresión ante la fatalidad que nos subyuga a todos. Ello es que los de la escolta callaban, callaban con huraño silencio. Únicamente lo rompieron para decir hoscamente:

- La tienda del general... Adentro.


(*) Índice de cuentos:
Un destripador de antaño.
La puñalada.
Pena de muerte.
Madre gallega.
Nuestro señor de las barbas.
Instintivo.
Un duro falso.
El revólver.
Inútil.
Justiciero.
Sobremesa.
Delincuente honrado.
El puño.
Belona.
En el presidio.
Geórgicas.
El mascarón.
El indulto.

domingo, 15 de abril de 2012

Apuntes. Relatos y cerveza.

Me ha apetecido escribir esta entrada en la que enlazaré con el relato que un colega ha escrito para participar en el Primer Premio Internacional de relatos de Cerveza-Ficción convocado por la editorial Amargord. Mi colega ha participado con el relato La espuma de los sueños

Aunque de momento sólo he leído el de mi amigo daré otra vuelta en cuanto termine la entrada, pues hay un buen número de textos y el lector puede votar: el tema es apetitoso.

viernes, 3 de febrero de 2012

El gaucho insufrible.

Por fin me incorporo al 2012 en esto de las reseñas. Ha pasado que me he dejado llevar por la inercia de las festividades y, de paso, me he planteado la posibilidad de realizar algunos cambios, así como de reflexionar sobre el blog, su función, sus necesidades, las mías, las del librero. Ahora tengo varias lecturas hechas, pendientes de aparecer por aquí, algo que no ocurrirá necesariamente. En este 2012 escribiré menos, lo cual viene a querer decir que leeré más. Se trata de una previsión, y ya advierto que hace tiempo que no voy al oculista: digo el librero, que no soy yo. Abro 2012 con Bolaño, y del chileno descanso otra temporada: en la próxima visitaré, por fin, 2666. Y daré cuenta de ello, claro.


Roberto Bolaño, 2003.
Anagrama, 2003.


187 páginas.
7, 90 €.

De cuantas a fecha de hoy he leído es la presente una de las pocas obras que Roberto Bolaño escribió ya con el completo reconocimiento del mundo literario -si no la única-, cuando el chileno ya se sabía símbolo para muchos, cuando sabía también que aquello que escribiera iba a ser leído con máxima atención. Es posible que algunos de los cuentos de este libro ya estuvieran escritos y, de hecho, puede observarse una falla entre los cinco primeros y los dos últimos. En estos -que en realidad más bien habría que calificar de ensayos- con los que termina hace aparición el Bolaño gravemente enfermo de vuelta de muchas cosas, sincero y altivo, que quizá sea el menos interesante literariamente hablando pero que gustará a quienes sientan cercano al autor chileno. Ya saben, me refiero a ese tipo de familiaridad que el lector siente con autores con los que ha disfrutado mucho. El primero de estos, LITERATURA + ENFERMEDAD = ENFERMEDAD, da al lector la visión más explícita sobre la literatura que le he leído hasta el momento. En él se mezclan algunas experiencias en el hospital barcelonés en el que fue atendido con reflexiones acerca de los poetas franceses del XIX -que considera los mejores-, pasajes biográficos y su posicionamiento ante el hecho más que probable de su cercana muerte.

Pero el libro abre con una historia centrada en la imagen de un encuentro -algo que dista de ser nuevo- llamada JIM. En ella una vez más la huella que México dejó en su momento sobre el narrador se muestra aquí en la forma de un personaje perdido, triste: "ahora soy poeta y busco lo extraordinario para decirlo con palabras  comunes y corrientes", un tipo al que el narrador no volverá a ver tras el breve encuentro que se relata como imagen nostálgica, también simbólica, la del nortemaricano más triste del mundo.

EL GAUCHO INSUFRIBLE es el single del libro, fiel representante de la narrativa cuentística de Bolaño y, desde luego, el mejor de sus relatos. En él un viejo abogado, un juez llamado Héctor Pereda, vuelve desde Buenos Aires en plena crisis argentina -tiempos del corralito- a Álamo Negro, la finca que posee en el campo del sur, y poco a poco va introduciéndose al lector en un ambiente campestre de desasosiego y extrañeza o cierto desamparo que -junto a la inevitable sensación de peligro o amenaza que Pereda siente y el homenaje a las navajas borgianas que se hace aquí de manera explícita- hace que parezca que la historia vaya a romperse en pedacitos en cualquiera de sus momentos. La incertidumbre del protagonista surge a partir del cuento de Borges EL SUR, que el protagonista tiene presente todo el tiempo y que narra algo, los preliminares, del grave suceso que debió de acontecer a Juan Dahlmann en 1939, quien viajara al sur del país para reposar la convalecencia de una  una enfermedad grave que sufriera en Buenos Aires, y donde, sin embargo, su vida se ve gravemente amenazada a las primeras de cambio, practicamente al primer contacto con los que él mismo considera auténticos gauchos en sus conversaciones norteñas. El viejo de la historia de Bolaño -Héctor Pereda, el gaucho insufrible- adopta, así, una actitud altanera  y desafiante desde el principio tratando de no verse intimidado por los gauchos y de evitar el destino -incierto- de Juan Dahlman, es decir: envuelto en prejuicios literarios que quedan lejos de confirmarse en el trato real con la gente pacífica de este cuento, con una tierra yerma en la que los gauchos sobreviven de cazar conejos, como escenario patético y alejado del de los auténticos gauchos del cuento de Borges.

EL POLICÍA DE LAS RATAS, es uno de esos cuentos que terminan justo donde la acción apunta ya un desenlace que no sucede. Recuerdo esto en ÚLTIMOS ATARDECERES SOBRE LA TIERRA, por ejemplo, y también en otros. Véase igualmente EL SUR, de Borges, del que acabo de hablar brevemente: Juan Dahlman es obligado a emprenderla a navajazos, pero de esto ya el lector no sabe ni cómo empieza.  Es una historia de polis y asesinos, un relato narrado con las claves del género y con la particularidad de que sus personajes son ratas que se mueven por el alcantarillado de la ciudad, donde se desarrolla la acción y que no sé por qué me ha recordado a la manera en la Edgar Allan Poe contaba sus Cuentos de Terror. Además, como apunta Pérez Vega en su comentario, este cuento es concebido como continuación del que debió de ser uno de los últimos que escribiera Franz Kafka: JOSEFINA LA CANTORA, al menos es el que cierra la colección completa que editara Valdemar, la que tengo en casa. Así que con este dos son los cuentos de los que partieron otros tantos en esta obra que vio la luz cuando ya se había apagado la de su autor.

En EL VIAJE DE ÁLVARO ROUSSELOT Bolaño vuelve a la crónica de autor, al viaje, a la investigación literaria, artística. La historia de un escritor que es plagiado por un cineasta en varias ocasiones, y la búsqueda de dicho cineasta por el autor argentino. Es junto al cuento que da nombre al libro el mejor del conjunto y, como en el resto de sus grandes relatos, un aire melancólico e incluso triste invade al lector durante la lectura de su encuentro.

DOS CUENTOS CATÓLICOS ha resultado el menos accesible de los relatos. Está redactado a la manera que ya había leído en alguno que otro (creo que de LLAMADAS TELEFÓNICAS) y que consiste en ir enumerando los pasajes ordinalmente y de seguido, sin puntos aparte, como si se tratara del esquema de una historia que, de hecho, queda relatada. Pienso que me ha resultado el menos accesible de los relatos por su contenido místico y onírico, que me ha transportado un tanto al Ibacache de NOCTURNO DE CHILE pero que, por ejemplo, también me ha hecho pensar en LOS ELIXIRES DEL DIABLO, de ETA Hoffmann, quizá por la mezcla que hay de reflexión religiosa y maldad intrínseca. En cualquier caso parece claro que Bolaño trataba de mantener el misterio de una acción repulsiva, pues no queda totalmente desvelada.

Y, por fin, LOS MITOS DE CTHULHU, es el relato o conferencia que cierra el libro y en el que ya Bolaño se desmelena y se explaya en su visión particular de la literatura contemporánea, aprovechando para criticar a los autores más comerciales, no tanto por serlo sino por la manera en que llegaron a ello. Una crónica ácida que queda lejos del mejor Bolaño y de la que, sinceramente, poco bueno hay por sacar, no siendo la gracieta del chisme y algunas verdades cuando se está de acuerdo.

De esta manera el libro en el que me he acercado al Bolaño cuentista, que reúne todos con el título CUENTOS COMPLETOS -y supongo que efectivamente están enteros- cierra de una manera bastante aproximada a como empieza, esto es, con algunos consejos para escritores, con algunas críticas ácidas y un tanto frívolas. Transcribo aquí el comienzo de la colección completa, amodo de prólogo y, de paso, pongo la portadita del libro en cuestión:


PRÓLOGO:
CONSEJOS SOBRE EL ARTE DE ESCRIBIR CUENTOS.


Como ya tengo cuarentaicuatro años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos. 1) Nunca aborde los cuentos de uno en uno. Si uno aborda los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte. 2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si se ve con energía suficiente, escríbalos de nueve en nueve o de quince en quince. 3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, y además lleva en su interior el juego más bien pegajoso de los espejos amantes: una doble imagen que produce melancolía. 4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a BioY Casares, pero en modo alguno a Cela y Umbral. 5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura. 6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así. 7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de de Nerval! 8) Lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges. 9) La verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. 10) Piensen en el punto número nueve. Piensen y reflexionen. Aún están a tiempo. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas. 11) Libros y autores altamente recomendables: DE LO SUBLIME, el Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; LA ANTOLOGÍA DE SPOON RIVER, de Edgar Lee Masters; SUICIDIOS EJEMPLARES, de Enrique Vila-Matas, y MIENTRAS ELLAS DUERMEN, de Javier Marías. 12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.