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martes, 3 de julio de 2012

Apuntes. Primer encuentro literario.

Bueno, en realidad, esta entrada es tan sólo un agradecimiento a todas las personas que asistieron a la presentación que más bien fue tertulia entre amigos del pasado 23 de junio, y que parece que resultó  lo suficientemente positiva como para repetirla, debidamente mejorada ya puestos.

En fin, dejo el enlace a la entrada que a propósito del encuentro ha realizado Raquel Salamanca en LA DAMA Y EL CABALLERO DE OLMEDO. A ver si nos vamos viendo en más de estas.

martes, 6 de marzo de 2012

Apuntes. Alvarado Tenorio sobre García Márquez.

Evelio José Rosero, GGM y Harold Alvarado Tenorio en México.

Este 6 de marzo Gabriel García Márquez cumple 85 años.

Hijo de un telegrafista y la hija de un coronel que participó en la Guerra de los Mil Días (1899-1903), Gabriel García Márquez (Aracataca, 1928), por causa de la pobreza fue criado por una tía de su madre, Francisca Simodosea, asediado por los recuerdos de sus parientes. Al morir su abuelo le llevaron a Barranquilla a concluir la primaria y gracias a una bolsa de estudios en Zipaquirá, un remoto pueblo de los Andes, se graduó de bachiller mientras se intoxicaba con la más horrenda poesía que declamaban los colombianos de entreguerras y “Javier Garcés” escribía sonetos piedracielistas:

Si alguien llama a tu puerta, amiga mía,
y algo en tu sangre late y no reposa
y en tu talle de agua, temblorosa,
la fuente es una líquida armonía.

Si alguien llama a tu puerta y todavía
te sobra tiempo para ser hermosa
y cabe todo abril en una rosa
y por la rosa se desangra el día.

Si alguien llama a tu puerta una mañana
sonora de palomas y campanas
y aun crees en el dolor y en la poesía.

Si aun la vida es verdad y el verso existe.
Si alguien llama a tu puerta  y estás  triste,
abre, que es el amor, amiga mía.

(Si alguien llama a tu puerta)

Luego asistiría a ciertas clases de derecho en la Universidad Nacional,  pero el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y las persecuciones desatadas el 9 de Abril de 1948 le llevaron a Cartagena de Indias, los veinte meses que trabajó a las órdenes de Clemente Manuel Zabala (San Jacinto, 1921-1963), un radical que había sido secretario del general Benjamín Herrera y delegado a congresos obreros, y quien parece le enseñó los rudimentos del periodismo moderno. En esa Bogotá de hielo y desolación, sólo la poesía le había acompañado:

“Cuando terminé el bachillerato y me fui Bogotá, confesó a J.G. Cobo Borda en 1981,  mi diversión más salaz era meterme en los tranvías de vidrios azules que por cinco centavos giraban sin cesar desde la Plaza de Bolívar hasta la Avenida de Chile, y pasar en ellos esas tardes de desolación que parecían arrastrar una cola interminable de muchos otros domingos vacíos. Lo único que hacía durante los viajes de círculos viciosos era leer libros de versos y versos y versos, a razón quizá de una cuadra de versos por cada cuadra de la ciudad, hasta que se encendían las primeras luces en la lluvia eterna, y entonces recorría los cafés taciturnos de la ciudad vieja en busca de alguien que tuviera la caridad de conversar conmigo sobre los versos y versos y versos que acababa de leer. A veces encontraba alguien, que era casi siempre un hombre, y nos quedábamos hasta pasada la medianoche tomando café y fumando las colillas de los cigarrillos que nosotros mismos habíamos consumido, y hablando de versos y versos y versos, mientras en el resto del mundo la humanidad entera hacía el amor.

”En Barranquilla, donde vivió cuatro años, conoció a Cecilia Porras, la pintora y compañera de Jorge Child que pagaría, y diseñaría, la edición de La hojarasca, su primera novela. De vuelta a Bogotá, en 1955 El Espectador le envía como corresponsal a Europa pero prefiere matricularse en el Centro Experimental de Cinematografía de Roma. A finales del año va a París y escribe, en una buhardilla de la Rue de Cujas en el Barrio Latino, El coronel no tiene quien le escriba (1958). Después de hacer un viaje por los países comunistas, con el triunfo de la Revolución Cubana es nombrado corresponsal de la agencia de prensa del nuevo gobierno en Bogotá y en 1961 va a New York como corresponsal de la misma. Renuncia al cargo y viaja a México donde redacta Cien años de soledad, que aparece en Buenos Aires (1967) y recibe el premio Rómulo Gallegos (1972). Un año antes había sido investido con un Doctorado de la Universidad de Columbia. Se traslada a Barcelona donde vivió entre 1967 y 1975. En 1982 recibe la Legión de Honor del gobierno francés y el Premio Nobel de Literatura.

Amigo de notables políticos de su tiempo [Alfonso López Michelsen, Alberto Lleras Camargo, Omar Torrijos, José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari, Adolfo Suarez, Daniel Ortega, Ricardo Lagos], ["el poder absoluto es la realización más alta y más completa del ser humano, y por eso resume a la vez toda su grandeza y toda su miseria"] al cumplir 80 años y luchando contra un cáncer linfático, Belisario Betancur, --presidente de Colombia durante el holocausto del Palacio de Justicia, el terremoto de Popayán, el comienzo del exterminio de la Unión Patriótica y la desaparición de Armero con cientos y millares de muertos, quien, junto a Olaf Palme, Felipe González, Fidel Castro y Pablo Neruda le postularon al Nobel--, las Academias de la Lengua y el gobierno de Colombia ofrecieron en Cartagena de Indias una fiesta en su honor, a la que asistieron entre otros cientos de adeptos, los Reyes de España, Bill Clinton, Carlos Fuentes, Álvaro Uribe Vélez, Tomás Eloy Martínez, Víctor García de la Concha, César Antonio Molina, Fito Páez y Carlos Vives.

El asunto central de Cien años de soledad (1967), su más conocido poema, es la incomunicación. En Macondo, tierra de lo posible, no existe la solidaridad y trato entre los hombres. Macondo es una Arcadia donde triunfan la muerte y la violencia. Un pueblo habitado por sabios aislados y vidas anacrónicas cuyos símbolos vivos son José Arcadio Buendía, el vidente atiborrado de proyectos que termina junto a su difunto enemigo Prudencio Aguilar; Úrsula Iguarán, que confunde el presente y el pasado y es una muñeca que divierte a sus tataranietos, abandonada por la realidad de la que había sido su único médium; Aureliano Segundo que despilfarra su vida y la de su concubina mientras cubre con billetes de banco las paredes de las habitaciones, bebe ríos de brandy y baila, hasta la misma vejez, una eterna cumbiamba que apenas apacigua el diluvio universal; Remedios, la bella, que vaga por el desierto de la soledad hasta cuando asciende en cuerpo y alma al cielo; Meme, muda desde el día que su madre la llevó a un convento de tierra fría para que diera a luz el hijo de Mauricio Babilonia, y Aureliano Babilonia, un adolescente que ignora el presente pero sabe todo sobre el hombre del Medioevo. El amor, al final de la novela, derrota la soledad cerrando el círculo maléfico del incesto, maldición y destino de la familia.

Pero quien ha narrado la historia es el coronel Aureliano Buendía, que entre los avatares de las guerras compone en versos rimados sus encuentros con la vida y la muerte ["Los escribía en los ásperos pergaminos que le regalaba Melquiades, en las paredes del baño, en la piel de sus brazos, y en todos aparecía Remedios en el aire soporífero de las dos de la tarde, Remedios en la callada respiración de las rosas, Remedios en la clepsidra secreta de las polillas, Remedios en el vapor del pan al amanecer" ] y ya cerca del final, quema, con el baúl de los poemas “la historia misma de la familia, escrita por Melquiades, hasta en sus detalles más triviales, con cien años de anticipación. La había redactado en sánscrito, que era su lengua materna, y había cifrado los versos pares con la clave privada del emperador Augusto, y los impares con claves militares lacedemonias", porque gracias al misterio de la poesía "no había ordenado los hechos en el tiempo convencional de los hombres sino que concentró un siglo de episodios cotidianos, de modo que todos coexistieran en un instante”.

Otro de sus grandes poemas es El general en su laberinto (1989), un sentimental viaje de horror hacia la muerte. Aquí el agonista es un virtuoso abatido por el destino contra quien no solo conspiran los hombres sino la enfermedad de su siglo: la tuberculosis. El cuerpo, las lluvias, el calor, la ropa, el sol implacable hacen más feroces los efectos del que recorre el orbe. Quien lee, sabe qué va a suceder y sólo continúa por placer. Un placer que termina en llanto y dolor. La utopía vuelve a ser el eje central de ésta como en ese Macondo donde las cosas hubo que fundarlas porque carecían de nombre y José Arcadio Buendía persigue el progreso y los secretos de una alquimia, que conducen, ineludibles, al fracaso. Los esfuerzos del General Bolívar, el Coronel Buendía y José Arcadio terminan mal. Como en la gran poesía del mundo, todo está condenado al fracaso, a una ruina de los ideales.

El general en su laberinto  fue la culminación de una saga sobre los estragos de la soledad del poder, el amor y el absurdo de la gloria que había comenzado con El coronel no tiene quien le escriba, la historia del viejo militar que sin tener con que comer libra su última batalla por la vida de un gallo, prolongada en Aureliano Buendía y sus treinta y dos batallas perdidas en Cien años de soledad, y el viaje hacia los tenebrosos dispositivos del totalitarismo en El otoño del Patriarca, porque como había consignado en su gran novela:

“todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”

Harold Alvarado  Tenorio

lunes, 27 de febrero de 2012

Apuntes. El Norte.

He de decir que dependo de la crítica especializada, y además radicalmente. Trato de aprender de los que más saben y a veces me permito el lujo de mostrarme en desacuerdo. Pero aún en este caso mis reseñas dependen de sus estudios: me dejo condicionar porque me fio de los profesores, de los anotadores de oficio, los que ayudaron y ayudan al lector a disfrutar las obras que generación tras generación merecen la pena.

Todo esto viene al caso de un debate que he pescado no muy lejos de aquí. Este surgía a raíz de una entrada de Alberto Santamaría. De ella saco como conclusión que  tanto la crítica como la reseña kitsch son ejercicios reaccionarios por cuanto que retoman los criterios de la crítica literaria conservadora aunque traten de esconderlo bajo formas innovadoras. No sé qué opinión les merece ni si están de acuerdo con mi interpretación de la entrada. Ni si les interesa.

El primer objetivo de este blog fue el de hacer una labor de animación a la lectura. Es decir, se me encargó iniciar, explicar por qué merece la pena acercarse a ciertos títulos. ¿Se ha logrado? Creo que no. He llegado a esta conclusión porque me he hecho una pregunta pertinente y que, sin embargo, no tenía cabida en los últimos tiempos. Surgió al contemplar este debate que me ha hecho reflexionar sobre el espacio que administro. Digo que se fue perdiendo el Norte, y que 2012 me parece un buen año para recuperarlo. Están avisados. El librero también.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Apuntes. Mis diez mejores lecturas.

Pues coloco por aquí la lista de los 10 libros que entiendo que más me han gustado este año. De los que se han quedado fuera cabe mencionar MACBETH que no he incluido por motivos obvios pero que ha sido desde luego una de las mejores lecturas de este verano,  NOCTURNO DE CHILE porque ya la incluí en la lista del año pasado y LA TORRE VIGÍA, de la Matute, quizá porque ha pasado mucho tiempo desde su lectura y me he resignado a ser injusto. No he incluido ningún poemario porque aún siento que tengo poco que decir sobre ellos, me encuentro completamente falto de referencias: este año he leído a Pérez Vega, al Mestre, a Fernando Valverde, a la Pizarnic y a Nicanor Parra. De estos dos últimos tenía pensado hacer entradas extensas a la manera en que lo he hecho ya con algunos clásicos pero, finalmente, no he quedado suficientemente convencido para ello. De los tres primeros ya reseñé, entiendo que positivamente.

Con el deseo firme y sincero de que desde el Gobierno no nos talen los árboles por aquello de evitar los incendios, medida que no tiene nada de poética ni de pragmática y bastante de estúpida, les deseo también un feliz año 2012. De corazón, eh.

Nada... Carmen Laforet, 1945.
Putas asesinas... Roberto Bolaño, 1997.
La Virgen de los sicarios... Fernando Vallejo, 1994.
La literatura nazi en América... Roberto Bolaño,1993.
Los dominios del lobo... Javier Marías,1971.
El desbarrancadero... Fernando Vallejo, 2001.
Cuentos completos... Rodolfo Fogwill, entre 1980 y 1993.
Una autobiografía soterrada... Sergio Pitol, 2011.
Velocidad de los jardines... Eloy Tizón, 1992.
Corazón tan blanco... Javier Marías, 1992.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Apuntes. Alvarado Tenorio contra García Montero.

Luis García Montero.
Hace ya algún tiempo que recibo de ordinario correos del poeta y editor colombiano Harold Alvarado Tenorio. Ya he explicado en alguna ocasión cómo contactamos. El caso es que desde entonces leo a menudo material que el señor Alvarado Tenorio me hace llegar. He leído poemas suyos, noticias que ha recogido, y denuncias como la que a continuación sigue. El hecho es que esta de Alvarado Tenorio no es la única voz que pretende desarmar una figura poética, la del granadino García Montero, que muy lejos de ser honesta habría conseguido la mayor parte de su buena reputación y de su capacidad de influencia sobre lectores y poetas por medio de estrategias políticas cuando no maquiavélicas. Ahí va el texto de Tenorio al completo:

la poesía de Luis Garcia Montero


La Jornada de Puebla publica, para ilustración de sus numerosos lectores en la península ibérica, un compendio de sustanciosas, pero cortas, disertaciones de [Joaquín Sabina, Octavio Paz [q.e.p.d.], Marco Antonio Campos, Juan Manuel Roca, Piedad Bonnet, Juan Gelman, Rafael Alberti [q.e.p.d.], sobre la obra del andaluz profesional Luis García Montero (Granada, 1958), candidato al Premio Nobel, Ciudad de Granada y Cervantes.
Luis García Montero militante del Partido Comunista Español y candidato permanente a algún cargo público por Izquierda Unida,  aficionado a las carreras de caballos de sangre árabe, ha ganado enorme prestigio como poeta desde el día que su hermano Juan García Montero, militante del Partido Popular y católico practicante partidario que la religión incida en todos los aspectos de la vida cotidiana [Ver vínculo], se hiciera con los cargos de Teniente Alcalde, Concejal de Cultura y Delegado del municipio a la Televisión Granadina, controlando la colección Visor de Poesía [que ha publicado, sin derechos de autor, más de 200 líricos americanos],  el Festival de Poesía de Granada, el Granada Hay Festival, los Premios García Lorca, Casa de América y Ciudad de Granada o la Residencia de Estudiantes de Madrid donde han colocado a su primo hermano Juan Muñoz.
Luis García Montero ha recibido numerosas coronas literarias [Premio Federico García Lorca, Loewe, Adonáis, Nacional de Poesía, Nacional de la Crítica] gracias a sus generosidades con prestigiosos vates, envejecidos o enfermos, en trance de crear alguna fundación o dejar alguna fortuna en derechos de autor, digamos Blas de Otero, Rafael Alberti, Jaime Gil de Biedma, Angel Gonzalez, pero  fue condenado por la justicia a pagar a uno de sus colegas en la Universidad de Granada una indemnización de 3000 euros y una multa de otros 1800 por proferir insultos desde El Pais de Madrid contra el catedrático, mientras la esposa de Angel Gonzalez acaba de acusarle  de deslealtad con la memoria de su marido y de pretender arrebatarle su herencia como viuda.
La Jornada publica para vergüenza de este relacionista del verso párrafos del cantante Joaquín Sabina [“Cómo no voy a quererlo si me sacó de una nube negrísima con el viejo paraguas cómplice de la amistad y la poesía.”], un cumplido de Octavio Paz [“Habitaciones separadas, es la obra de un joven poeta, pero ya importante.”]; la cancelación de una letra de banco por Marco Antonio Campos [director de Difusión Cultural y la Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México, Premio Casa de América, Premio Diana Toscano, Premio Xavier Villaurrutia, Medalla Pablo Neruda]; otro pago de otra letra muy protestada por Juan Manuel Roca [Premio Eduardo Cote Lamus, Universidad de Antioquia,  Casa de las Américas, Casa de América];  un extenso elogio [“La poesía de Luis García Montero quizá sea nostálgica pero no romántica. Su lenguaje es sencillo pero no simple”] de Dario Jaramillo Agudelo firmado por su carnala Piedad Bonnet, capaz de sacrificar un crio para salir en un diario, invitados permanentes de las festividades patronales de todos los pueblos andaluces; otro cumplido [“A este poeta andaluz, los ríos de Granada, le hicieron la boca”] de Juan Gelman [Premio Boris Vian,  Nacional de Poesía, Juan Rulfo, Pablo Neruda, Reina Sofía, Cervantes] y por último una picardía de Rafael Alberti [“Suelo sentir algún temor de los poetas profesores, de ésos que diariamente son obligados a dictar clases a sus alumnos. A Luis García Montero no lo conozco en ese trance, ni me lo imagino”.]
Creador junto a una de sus réplicas más costosas, un tal Alvaro Salvador, y del intrigante Benjamin Prado y otros golem de la Poesía de la Experiencia, su obra se caracteriza por un extendido biografíame, teatral o seudo novelado, donde el personaje que habla cuenta recuerdos o deseos, acerca de la cual Gil de Biedma manifestó:

Harold Alvarado Tenorio
“Es lamentable, eso no existía en mi juventud. Nosotros no aspirábamos al éxito social con la poesía, era otra cosa. El mundo editorial ha cambiado la condición de los poetas, hoy es posible ganar fama y fortuna y seguir siendo muy mal poeta, hay cientos de premios, de concursos, de verdaderas canonjías, que terminan por fomentar gildas poéticas, camarillas mafiosas…Y ciertamente es una vergüenza que haya tanto admirador suelto por allí. Al principio me halagaba oír que me citaban por la radio o alguien se acordaba de un poema o una línea mía, pero una cosa es la gente o el lector común y otra el gremio de los poetas y los escritores profesionales, aduladores de oficio…”

A lo que hay que agregar estas opiniones de Addison de Witt, en http://criticadepoesia.blogspot.com/   quien opina que:

“Es posible que en toda la historia de la poesía española no haya otro vate con mayor poder que García Montero. Apenas comparable con el que ejercía durante el franquismo el secretario del tirano y su primo hermano, mejor conocido como Pacón, que sometió desde su oficina del Pardo a todo cuanto poeta quería figurar en las comitivas hispanoamericanas de entonces. Garcia Montero codirige la colección pija de una de las tres editoriales de poesía más grandes del mundo, controla el 90% de los grandes premios económicos y los  festivales de poesía más importantes de España, maneja a su antojo los medios de comunicación de izquierdas y derechas, es junto al déspota Chus Visor un Virrey de la Nueva España en América Latina, con  su grandísimo mercado atizado por ministros y gobernantes corruptos de bancos centrales hispanófilos, mientras cientos de pobres poetas acuden de rodillas y en romería a su regazo, estableciendo un criterio estilístico del cual no se pueden salir sus incondicionales y cierra las puertas con candado a quienes no se postran ante él... Y por supuesto tiene en su contorno un grupo de pelotas nutrido y considerable que deben alabar todos sus versos a cambio de las babas de la efímera gloria. Jamás un mediocre  ha sido tan poderoso y a la vez tan peligroso para la poesía (en cuanto a su capacidad para fomentar la endogamia). Cualquier posible lector que llegue a la poesía contemporánea a través de Garcia Montero, pensando que debe ser el mejor poeta del globo terráqueo dada la inflamación mediática, se dará de bruces con libros que alejan para siempre al lector y al poeta. Una “poesía” monótona, aburridora, carente de hondura lírica, con textos interminables, ahítos de ombliguismo, tedio y una ausencia de autocritica que revela la incapacidad de un avivato para reconocer su enorme fracaso literario.”


martes, 27 de septiembre de 2011

Apuntes. Relecturas.

Lo de relectura es un decir, al menos en uno de los casos: LA TUMBA DE KEATS, de Juan Carlos Mestre. Porque cuando empecé a leerlo de nuevo aún no lo había terminado pero, en fin, ya van un par de veces. No sé por qué inisisto tanto si yo no quiero que me cambie la vida. Al menos no demasiado.

La otra relectura es NOCTURNO DE CHILE. De aquí a final de año quiero leer unas cuantas obras más del chileno Bolaño. He decido reiniciar la marcha por lo último suyo que dejé leído, entre otras cosas porque, según recuerdo, me prometí en la entrada que escribiera a propósito de aquel libro que así lo haría. Esta especie de repaso-degustación que he dado de la tormenta de mierda (así trató de llamarla el propio Bolaño según cuenta Herralde) que sufre el cura crítico y literario Ibacahe en una noche de fiebre ha sido una gozada. En la misma onda he empezado LA LITERATURA NAZI EN AMÉRICA, que me está gustando mucho.

Mi experiencia con las relecturas es muy positiva y se lo recomiendo a cualquier lector que no la practique asiduamente. Quizá se me diga que hay muchos autores, muchos libros por descubrir. Mi respuesta es que, en realidad, hay demasiados.

Como ya he dicho LA TUMBA DE KEATS no me va a cambiar la vida a pesar de la Palabra de Caballero que un anónimo me diera. En todo caso he leído más despacio de lo que lo venía haciendo y hay tramos en los que logro hacerlo como si de un relato se tratara. Y, sí, me gustan esos poemas, pero no me gusta el libro todo el tiempo, mi atención (exigida) se diluye por momentos. Ahora que lo retermino lo leo aún más despacio, con menos prisa.

Relación: alguien debería presentar a Juan Carlos Mestre y a Fernando Vallejo. Porque practican estilos muy diferentes y porque su planteamiento ético es -en algunos aspectos radicales- equivalente. Conjuntadas ambas razones forman una buena razón. Creo que dentro de unos días hablaré de esto y, en general, de LA TUMBA DE KEATS con más detalle, ese libro que no me está cambiando la vida y que, sin embargo, parece que pretenda hacerlo.
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martes, 13 de septiembre de 2011

Apuntes. Santillana ediciones.

O Ediciones Santillana. Tanto da. Estoy, como cada librero, harto de ellos por esta época, cada campaña de texto. Los libreros lo llamamos campaña de texto así como los clientes inicio del curso o de la sangría: son estribillos, recursos para conversar, igual que el tiempo. Pero lo peor es siempre Santillana, desde que tengo memoria. Este año tenemos títulos suyos pendientes desde la segunda semana de julio, pero las ventas, señores, señoras, ya están hechas. Hay que esperar porque hay un compromiso: lo mejor que tiene Santillana es su grupo de comerciales pues los profes siempre quieren Santillana, esperan Santillana pacientemente aunque esta se retrase. A ellos no les importa. Las ventas están hechas. El año que viene campaña de 2012 2013. Me voy haciendo a la idea, se trabajará con cierta normalidad salvo en el caso de los títulos correspondientes a la susodicha. Vaya por delante: maldita sea.

lunes, 29 de agosto de 2011

Apuntes. Libro cerrado.

Me ocurre de vez en cuando, es una sensación rara: no conectar, no lograr la comunicación deseada con el autor. Ser incapaz de sacar una conclusión positiva o negativa. Es más: sentir la necesidad de sacar una conclusión cuando todo el mundo sabe que las conclusiones son absurdas en cualquier obra de arte. El otro día me dije que no quería leer más LA TUMBA DE KEATS, de Juan Carlos Mestre, que no me apetecía seguir buscando sin encontrar, que era en vano pensar que iba a disfrutar sus palabras ni sus expresiones a partir de algún momento. Que estando así las cosas mejor tomaba LA CASA ROJA y releía algunos de los poemas que tuviera marcados:

Clavadle la lengua en el estuche de mariposas
sacadle los colores a tiras la mantequilla de la cabeza
donde lo veáis anda buscando hociquito de blancanieves
se tira a las mamás se merienda a los nietecitos merodea el chalet
a lo tonto a lo tonto saca las avellanas del chocolate
lo recibe el rey de copas tuvo corbata ya no usa corbata
tiene tres orjas una entera para los diez dedos
levanta el velo a la novia no respeta las violetas níveas
da asco si supiérais cómo besa a los guardabosques
se levanta con la cabeza llena de erratas
llama por teléfono se pone él mismo hablan de lezama
quedan en capri como si fueran alguien qué cosa
de una patada estoy pensando habrá alguna manera
sin decir nada de molerlos a palos antes de que cumplan
los diecinueve lo digo con el corazón en la mano.

Instrucciones para matar a un ruiseñor es uno de esos poemas. No sé si saben qué les digo: que espero cosas del Mestre, que seguiré leyéndolo.

viernes, 19 de agosto de 2011

Apuntes. Reseñar. Criticar.


He estado pensando. Cómo deben hacerse las críticas. De qué va esto. Y he resuelto: se trata de ofrecer una opinión, una opinión que sirva. El lector que se acerca a cualquier medio físico o virtual que haga reseñas o críticas de obras literarias debe conocer la línea argumentativa habitual de quien reseña si es que quiere que dicha reseña le sirva. Sólo así se podrán sacar conclusiones válidas de ella, y esto va más allá de si se está o no de acuerdo con lo que la reseña diga. Subjetividad. Creatividad. Desde que nos desperezamos cada mañana. Quién pretende ser objetivo. A lo más que puede aspirar el opinante honesto es a ser imparcial. Por aquí lo tenemos claro. Que nadie se deje engatusar, que nadie se sienta agraviado: pongan en cuestión cuanto se diga. Dijo el oráculo: atrévete a pensar.

jueves, 23 de junio de 2011

Apuntes. OLMEDO CLÁSICO 2011

Los que conocen este blog desde que naciera en junio de 2008, y seguro que algunos de los que lo siguen desde más tarde, sabrán que por estas fechas se hace por aquí un paréntesis en la forma habitual de funcionamiento y se abren todas la puertas para que la corriente de las letras de nuestro siglo de oro correteen a su aire y nos atraviesen como una fantasma que a la noche asombra. Lo disfrutamos. A mediados de julio se celebra el Festival de Teatro Olmedo Clásico y es la excusa perfecta para que aún desde los días precedentes al festival y durante unas cuantas jornadas se hable de Lope, de Calderón, de Rojas Zorrilla y, quizá, de Shakespeare, que me gusta tanto que da igual en qué idioma escribiera. Por cierto que los tres conforman el elenco de autores representados este año, además del siempre prescindible, caduco y, de hecho, caducado Moliere (que tuvo la suerte de ser francés porque, en caso contrario, nadie se hubiera acordado de él a estas alturas) y del recientemente fallecido Fernando Urdiales, director de Teatro Corsario y que fuera codirector del festival y que, aunque no dramaturgo, sí fue montador bastante original a partir de ciertos clásicos.

Precisamente el elemento diferenciador de este festival respecto a los cinco anteriores es, a priori, la desaparición de Urdiales. La organización ha programado dos espectáculos a cargo de la que fuera su compañía. Uno es el mítico PASIÓN, que recrea con ánimo sobrecogedor los últimos momentos de la vida de Cristo, en una puesta en escena impactante y un desarrollo argumental plástico, visual como en pocas obras recuerdo, ante la representación de unos hechos conocidos universalmente. El otro montaje es explícito en su declaración de intenciones: ESPECTÁCULO HOMENAJE A FERNANDO URDIALES, en el que quizá se han de ver retazos de varias obras y del que espero que la sensibilidad que ha caracterizado siempre a Corsario no defraude. Además en las Jornadas de Teatro Clásico el tema a tratar en esta ocasión es LA ACTUALIDAD DE LOS CLÁSICOS, que se concibe también como homenaje al director vallisoletano, que tantos clásicos representó, con reconocido respeto y capacidad expresiva.

Sin embargo, aunque ya digo que a priori la desaparición de Fernando Urdiales discrimina esta edición de las anteriores será buen síntoma que cuando esta sexta edición haya terminado se hable, sobre todo, de otras cosas. Quizá con la voluntad que yo mismo tengo de realizar una transición diré que la obra que abre el festival es LOS LOCOS DE VALENCIA, y que creo que Corsario puso en escena en la segunda edición del festival, aunque puede que fuera en la tercera,  y que ahora corre a cargo de Centre Teatral de la Generalitat que fue, desde mi punto de vista, la mejor compañía de 2009, con LA VIUDA VALENCIANA. Así que de ellos espero bastante.

Mucho espero también de la compañía cubana Mefisto Teatro, que el año pasado cerrara el festival con un impresionante FUENTEOVEJUNA y este año pondrá sobre las tablas DONDE HAY AGRAVIOS NO HAY CELOS, de Rojas Zorrilla. Una vez más tenemos EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO (y van tres), y tenemos MACBETH, y también LA VIOLACIÓN DE LUCRECIA, todas del clásico inglés. LAS ALMENAS DE TORO, de Lope y, para cerrar, LAS MUJERES DE SHAKESPEARE, de Rafael Álvarez El Brujo, que cerrará el festival.

Por mi parte leeré y reseñaré estos días las obras que me de tiempo a leer previamente, como todos los años, y utilizaré los comentarios para hacer la crítica de la representación, ya dentro del festival.

Para información más concreta (y fiable) puede pinchar aquí.

miércoles, 8 de junio de 2011

Apuntes. Cuentos de verdad.

Estoy leyendo ahora, sobre todo, dos libros: CUENTOS COMPLETOS, de Rodolfo Fogwill, un libro muy largo que degusto sin prisa y UNA AUTOBIOGRAFÍA SOTERRADA, lo último del mexicano Sergio Pitol, uno muy corto que terminaré enseguida. En común tienen los cuentos, pero el  del mexicano no es libro de relatos. Lo que pasa es que Pitol utiliza a menudo el relato en tercera persona para hablar de sí en el pasado, como de un joven que fuera, como lo que es. Está claro que el cuento no puede ser sin la realidad. Mi pregunta es: ¿puede ser la realidad sin el cuento?

miércoles, 18 de mayo de 2011

Apuntes. Qué pasa con los correctores.

Sinceramente no soy partidario de entrar en las incorrecciones gramaticales que aparecen en los libros. Creo que no es lo más importante, igual que creo que es mejor escribir (y hablar) bien que mal, y que en la medida en que esto sea conseguido el mensaje que se emite será claro y rico. Lo cierto es que nunca comento estas cosas y es, sobre todo, por timidez pero también por no quedar desprotegido, sospecho. Es decir, si entro en este tipo de cuestiones quedaré al descubierto, seré objeto del mismo tipo de crítica, y sabe el mismísimo librero que a menudo la mango y, cuando la mango, la mango bien, para que no quede duda, del verbo dudar.

En este sentido no creo que al escritor profesional se le deba exigir la perfección. Pero resulta que hay unos señores y señoras bien llamados correctores y que se dedican a repasar y mejorar los textos que tienen errores ortográficos y gramaticales. Antes de ser publicados, claro. Es cierto que el corrector es humano (digo que lo aseguro) y puede equivocarse igualmente, pero cuando lo que uno tiene entre las manos es la edición de una edición de una edición se molesta con ciertos encontronazos. Dos autores: Roberto Bolaño y Javier Marías. Ahí es nada. Ambos han de tener correctores de sus obras aunque al pensar en el estilo de cada uno  de ellos arriesgaría a que no necesariamente el segundo.

Lo que una y otra vez me encuentro en Bolaño es esto: habían dos personas tomando un café. Por ejemplo. Es cierto que es un error típicamente sudamericano, pero ni que decir tiene que el corrector debería conocer algo mejor el idioma español pues no es su profesión la de inventar historias (pocos mejores que Bolaño para eso) sino la de cuidar la forma gramatical de dichas historias. Esta conjunción incorrecta del verbo haber puede encontrarse en todas las obras que he leído del chileno y llama mi atención, como se comprenderá.

En el último libro que he leído, el de Javier Marías recientemente reseñado, me he encontrado varias veces con expresiones de este tipo: más imprescindible, más imborrable... Ni que decir tiene que una cosa que es imborrable no se puede borrar. Lo que hace Marías es añadir un matiz que hace referencia al grado, y, de esta manera, A es más imborrable que B cuando cuesta borrarlo más de lo que cuesta borrar a B, pero teniendo en cuanta que ni uno ni otro serán borrados. Esta es la explicación (inexplicable) que se me ocurre dar tratando de salvar a Marías pero lo cierto es que no creo que en español se pueda decir que una cosa es más imborrable que otra, ni más imprescindible. Cosa bien distinta es su contrario de ambas: algo prescindible puede serlo en grados distintos e, igualmente, algo borrable. Estas son las expresiones que Marías debería haber utilizado: menos prescindible y menos borrable, aunque también suenan raras. Pero que bien raras. Digamos, por rematar, que algo puede ser tan poco borrable, tan difícil de borrar, que sea considerado imborrable.

Si al final me he decido por hablar sobre estas cosas es por cierto sacramento que cumplo a rajatabla. No sé más que unas pocas reglas ortográficas y alguna que otra gramatical, y puede decirse que de oídas. Y, por supuesto, no estoy dispuesto a estudiarlas, eso jamás. La memoria es mi medio (alguno se está partiendo). Me desenvuelvo escribiendo porque leo mucho y, por ello, se me antoja como necesario que los libros, amigos correctores, estén bien escritos. Qué será, en caso contrario, de mi, ¿eh?

lunes, 11 de abril de 2011

Apuntes. La cara de Borges.

Hace algunos días que me interesé por el último título de Agustín Fernández Mallo: EL HACEDOR (DE BORGES), REMAKE. El título es, para no variar el Mallo, bastante chorra (qué vocabulario, madre) pero, aún así, me dije que lo leería, que estaba dispuesto a aventurarme. Y como no conocía el original pues por ello empecé. Lo terminé ayer. Se trata de una especie de cuaderno de todo (no recuerdo qué autora española escribió un libro con este título, puede que Martín Gaite) que no me ha gustado todo el tiempo pero en el que, como siempre, me he encontrado con piezas de esas que le dejan a uno boquiabierto, normalmente cuando Jorge Luis Borges auna reflexión y belleza originales y pulcras en un texto que resulta irresistible, por sencillo y directo. Porque el argentino no es siempre complejo, aunque sí profundo. Pondré algún ejemplo en días venideros. Lo he leído como hay que leerlo: tranquilamente, releyendo cuando me apetecía, pasando por alto cuando no me agarraba, de corrido algunos tramos como si se tratase de una novela... en fin, a mi aire... y pensando mientras en qué se le habría ocurrido hacer al del Remake. Ahora pienso que, antes de nada, voy a volver a leer la versión original, porque cuando terminaba me he pegado en la frente con esto:

EPÍLOGO

QUIERA DIOS QUE la monotonía esencial de esta miscelánea (que el tiempo ha compilado, no yo, y que admite piezas pretéritas que no me he atrevido a enmendar, porque las escribí con otro concepto de la literatura) sea menos evidente que la diversidad geográfica o histórica de los temas. De cuantos libros he entregado a la imprenta, ninguno, creo, es tan personal como esta colecticia y desordenada silva de varia lección, precisamente porque abunda en reflejos y en interpolaciones. Pocas cosas me han ocurrido y muchas he leído. Mejor dicho: pocas cosas me han ocurrido más dignas de memoria que el pensamiento de Schopenhauer o la música verbal de Inglaterra.

Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.

J.L.B
Buenos Aires, 31 de octubre de 1960.

domingo, 3 de abril de 2011

Apuntes. Sobre mis sueños.

La publicación de la entrada sobre la novela de Levrero me dejó con las ganas de hacer alguna reflexión que no expuse en la propia reseña por ser claramente prescindible. Por lo menos. La duda que me surgió fue a propósito de la posibilidad de mis sueños. Me ocurrió cuando valoraba la capacidad de análisis que de los suyos mostraba el uruguayo. Y dije entonces que yo era apenas capaz de acordarme de mis sueños, que a lo sumo podía recordar algunos trazos de ellos. La cuestión es cómo un personaje de ficción puede soñar. La respuesta es que, dado que los sueños son imágenes que sólo pueden crearse involuntariamente, y dado que carezco de voluntad, puede afirmarse que soy Segismundo de vuelta a la torre, que mi vida es sueño. O también que soy un desmemoriado. Oh, infelice.

lunes, 21 de marzo de 2011

Apuntes. Aún somos jóvenes.

Hace 1002 días que este blog empezó a funcionar. Sé cómo ocurrió todo. Sé del librero leyendo a Sylvia Beach, la regenta de Shakespeare and Company, una librería referente a nivel mundial, y también de su iluminación. Si Sylvia Beach decidió especializar su librería francesa en autores ingleses porque eran ellos a quienes conocía como lectora preocupada, él, el librero, el que me pone frente al ordenador cada día, se dijo que podría perfectamente especializar su negocio en literatura hispánica ya que, efectivamente, no sabe idiomas. Contaba con la ventaja, además, de que conocía muchos clásicos españoles y ello le permitiría, por tanto, relecturas bastante sabrosas. Pero desde el principio había un problema: ¿A quién podía dárselos a conocer? Porque por aquí no hay franceses ni ingleses y los españoles, al menos supuestamente, también conocen sus clásicos españoles, aunque sólo fuera como parte de su educación básica.

Fue durante aquel tiempo de reflexiones que se le ocurrió inventar un personaje que editara el blog, y que escribiera en él. Se dijo que una de las labores que estaba pendiente de hacerse es presentar a los clásicos como verdaderamente son: obras desenfadadas, libros divertidos. Así fue que nací,  un tipo malencarado,  deprimido y palabrotero que, sinceramente, no me hace ni puñetera gracia. Pero he venido presentando poco a poco, y aún con mucha labor por delante, obras interesantes de la literatura en español. Y tantas faltan que el trabajo casi ni ha empezado.
Hace ya unos meses que al librero se le ocurrió la idea de profundizar un poco más en la idea de una librería en la web. Pero ya hay una Casa del Libro, ya un Fnac, ya un Agapea y ya mil librerías pequeñas, espacios virtuales que permiten gestionar la compra de libros. ¿Por qué habría de comprar alguien en La tienda de Lope? Bueno, la idea es que La Tienda de Lope sea un lugar de lectura que permita la compra de los libros que interesen al lector y no al revés. En ese sentido se está trabajando y es así como el librero pretende diferenciar este lugar de los otros, aunque bien sabe que hay por ahí algún proyecto parecido, también a pequeña escala. En principio suficiente parece diferenciarse de los sitios grandes y los pequeños más aparecen como colegas que como competencia. Se me viene ahora a la cabeza la librería de un tocayo de mi librero, aunque hay algunas más.

Lo cierto es que se proyectó una inauguración de la librería para estas fechas, para los 1000 días, pero tengo al librero verdaderamente ocupado con la atención habitual en la tienda: bolis, cuadernos, cartulinas y muchas muchas fotocopias, algún libro de vez en cuando... así que aún habrá que esperar.

Que nadie se preocupe. Se sabe por aquí que vamos a dar un paso atrás, que los tiempos están cambiando y que vamos a ofrecer un servicio que en poco tiempo quedará obsoleto: nos apuntamos al carro de los raros, de los especímenes exóticos: sabemos que cuando todo el mundo lea en aparatitos más modernos que el e-book (pues este, por supuesto, pasará de moda) habrá gente que preferirá el libro físico, con sus páginas y sus ácaros acumulados. Estaremos por allí entonces, aún somos jóvenes.

sábado, 12 de marzo de 2011

Apuntes. Sobre la ciudad.

Me he encontrado con un poema que ha llamado mucho mi atención porque tiene que ver bastante con el último libro reseñado, o al menos eso es lo que me parece. He tropezado con este poema porque Mario Levrero, el uruguayo, lo incluye en el DIARIO DE LA BECA de LA NOVELA LUMINOSA. Se trata de un poema de Kavafis que Levrero, según cuenta, descubrió en un libro de Lawrence Durrell, de manera que lo que a continuación paso a transcribir es la traducción de una traducción, como el propio Levrero confiesa. El tema que se trata es el de la ciudad, el lugar de donde se es y que se forma con uno y en todos los sitios: paisaje que es también interno. Digo que a propósito también de RAZONES PARA HUIR DE UNA CIUDAD CON FRÍO, de Fernando Valverde. Espero que os guste.



Te dices: Me marcharé
a otra tierra, a otro mar,
a una ciudad mucho más bella de lo que ésta
pudo ser o anhelar...
Esta ciudad donde cada paso aprieta el nudo corredizo,
un corazón en un cuerpo enterrado y polvoriento.
¿Cuánto tiempo tendré que quedarme,
confinado en estos tristes arrabales
del pensamiento más vulgar? Dondequiera que mire
se alzan las negras ruinas de mi vida.
Cuántos años he pasado aquí
derrochando, tirando, sin beneficio alguno...
No hay tierra nueva, amigo mío, ni mar nuevo,
pues la ciudad te seguirá,
por las mismas calles andarás interminablemente,
los mismo suburbios mentales van de la juventud a la vejez,
y en la misma casa acabarás lleno de canas...
La ciudad es una jaula.
No hay otro lugar, siempre el mismo
puerto terreno, y no hay barco
que te arranque a ti mismo. ¡Ah! ¿No comprendes
que al arruinar tu vida entera
en este sitio, la has malogrado
en cualquier parte del mundo?

viernes, 3 de diciembre de 2010

Apuntes. AUTOBIOGRAFÍA DIFUMINA XX

CUSTODIOS DEL TIEMPO; Susana Bonet.

Como punta de lanza no. Como chispa que permanece. Como llama o cerco de luz. O como estar eternamente al borde del abismo el tiempo, estático, es una broma que no tiene ni puta gracia. Por eso, a menudo, los historiadores se visten elegantes y con corbata: si llevaran traje de colores y nariz de payaso nos reiríamos de mentira pero ya no se puede evitar una carcajada sincera que se confunde con el llanto. Una certeza triste que no puedo explicar más allá del vértigo incandescente, de un presente que resiste, que aguanta...

martes, 20 de abril de 2010

Apuntes. AUTOBIOGRAFÍA DIFUMINA XIII

MARISA MARCONI

Leo casi todas las noches, encuentro huecos apropiados por el día. Entre la hojarasca e intersticios de la calzada me escondo. Encuentro lugares donde las personas límites absurdos. Tengo tiempo de más. Paso desapercibido habitualmente y me gusta, sin embargo, permanecer oculto, donde ni siquiera se me pueda no ver. He entrado en las profundidades de la tierra para salir escaldado ante mi sorpresa. Esto no lo volveré a hacer.

Aquella tarde me quedé en una profundidad superficial, sólo bajo el adoquín y la arena, pero tras recorrer hendiduras que ni siquiera lagartijas podrían. Llevaba un libro de José Ángel Valente, EL FIN DE LA EDAD DE PLATA, que, esforzadamente, había logrado hacer el mismo recorrido que yo, el empeñado en la sombra. Me puse cómodo en el terreno blando que aprisionaba al libro y encendí la luz. Tengo una luz para cada hueco.

Pude comprobar, alucinado, que el libro, maltrecho, sin esquinas, algo roto, estaba, además, en blanco. Una visión inquietante al principio la de la portada en blanco y también la de las páginas interiores que pasé incrédulo, la de la contraportada en blanco. Qué coño es un libro en blanco y dónde estaban los poemas de Valente fueron mis preguntas.

Dibujé mi enfado con una mirada asesina. En la portada apareció una rosa. Maldije en un grito contenido que me hizo daño. Decididí reservar el resto de mi mal humor para la mañana aunque me apetecía estallar. Pensé que no había espacio suficiente para tal cosa. Me escocía aquel libro. Desorientado y algo mareado por la repugnancia del suceso apagué la luz, asumiendo, y dormí. A veces me caigo mal.

lunes, 22 de marzo de 2010

AUTOBIOGRAFÍA DIFUMINA XII

EL TIEMPO, de Marila Tarabay.


Creo comprobada, por mi parte, la redondez de la tierra. Sé qué es el horizonte y hace tiempo que no espero alcanzarlo. He tenido tiempo para pensar y analizar algunas cosas. Las cosas que son verdes o amarillas. He comprobado que la naturaleza tiene rincones y hasta esquinas. Me he parado a pensarlo. Con el tiempo. El tiempo me ha ayudado porque va cargado de pistas, pasa pero es ancho, caben muchas cosas en cada segundo. Si no fueramos capaces de comprenderlas, de semejante proeza, el tiempo se nos escaparía, perderíamos el autobús. Y la vida. Por supuesto que sé que la tierra es redonda. Pero digo que lo he comprobado. Yo, señores y señoras, niños y niñas, querido público, me adelanto al tiempo. Eso es lo que digo.

domingo, 14 de marzo de 2010

Apuntes. AUTOBIOGRAFÍA XI

Sin título, de Gabriela Mateo.


La vida, al fin y al cabo, se siente en la carne. Ni siquiera las batallas sentimentales tienen sentido sin el trasfondo de la carne. Y qué decir de los amores y otras maravillosas alegrías. Qué serían sin la recompensa de la carne. ¿Que si la amistad? Será de broma que pregunta eso. La amistad es placentera. Todo el mundo lo sabe. Un leve y reconfortante cosquilleo o un subidón de adrenalina son los grandes momentos de la amistad.

La vida es una masa informe que va siendo moldeada por el paso de nuestro cuerpo. Es por eso que tiene formas tan raras. Porque el cuerpo es una cosa rara, me parece. Pero, bueno, yo digo que es la cosa que somos. Es sustancia, sólida y húmeda y también chorreante. Pero es sensible. Es la humanidad. Un humanista lo sabe. Y hay dos científicos que también.

El tacto. Si yo tuviera que explicar el tacto lo haría desde una experiencia mínima. Porque, echando la cuenta, me di cuenta un día de que sentir, lo que se dice sentir, poco camino de nada. Creo recordar que el suelo terroso, quizá el agua de un charco, y recuerdo perfectamente un golpe en una pierna contra una parada de un mercado, el empujón de la vieja Celestina y la sesada de Calisto (0 Calixto) pegada a mi mano derecha. Así que creo que podría explicar el tacto. Y podría explicar el viento en la cara.

La vista. Voy por donde veo. Eso lo tengo claro. Estoy adonde miro. A veces camino pero, generalmente, estoy donde estoy.

El alma.

La forma. Hasta donde sé la forma es materia ordenada. No sé cuál es mi forma. Me he golpeado una pierna y me han dado un empujón, he sentido cómo otra persona pasaba a través de mí, he sentido una mano viscosa y si me miro no me encuentro. Y si no me miro tampoco. Y no sé quién soy.

La memoria. Me esfuerzo en mi búsqueda para entenderme. Entenderme consiste en ordenar mis recuerdos de la manera más lógica posible. No lo logro. Quien dijo que somos lo que recordamos se olvidó de decir que si lográramos recordarnos seríamos, por lo menos, personas muy inteligentes. O de vidas aburridas. No recuerdo una pierna ni una mano: recuerdo el dolor y la pegajosidad. Puedo decir que en esos momentos estuve vivo y que era alguien, pero mi memoria apenas tiene elementos con los que explicar quién soy.

La imagen. Celestina está muerta. También Sempronio. Tuvieron mi imagen. Veo el desierto. No veo nada más. Ni siquiera siento el aire.