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viernes, 9 de enero de 2015

NUESTRO MODO DE VIDA, el libro que vendí a no sé quién.

11. No logro recordar quién fue el aventurado que compró el libro inédito de Rodolfo Fogwill la semana pasada. Dice Juan Tallón en el que leo ahora -LIBROS PELIGROSOS, título pretencioso- que no le importa tanto lo que los libros cuentan como la huella que dejan, un olor, dice, que reconocerías incluso el día de tu entierro. Pues bien, aunque ya es mucho hablar de recuerdos para mi gusto, he de decir que tengo un sabor dulce y agrio en la boca, un olor no sé si a tabaco o a ron, o una especie de mezcla de ambos que me dejó el argentino en su momento y que no se me va ni siquiera cuando pierdo de vista uno de sus libros. Ante la duda de reponerlo o no dos factores a tener en cuenta. En contra: que se trata de un inédito de esos que uno nunca sabe cómo pasan a ser públicos. A favor: que, al fin y al cabo, parece que puede venderse. En todo caso deseo al intrépido comprador de un recuperado de Fogwill que haya acertado con el regalo. creo que era eso.

Rodolfo Fogwill, 1981.
Alfaguara, 2014.

224 páginas.
18 €.

sábado, 10 de mayo de 2014

Nº 75

De Rodolfo Fogwill (Buenos Aires 1941-2010) leí hace un par de veranos sus cuentos e hice una reseña que pretendía ser la primera de dos y fue la única. Bueno, hago un juego de palabras estúpido para salir del paso y ya está: Fogwill es único. Lo cierto es que me interesó su estilo analítico y sus historias tan originales, en las que ya lo onírico era un tema recurrido. Ahora presento este libro que es compendio por él realizado de sueños suyos que decidió transponer al papel. 



La gran ventana de los sueños
Rodolfo Fogwill, 1981.

Alfaguara, 2013
140 páginas.
17 €.

Claro que vivo. Pero esto es provisorio. Permanente es lo que no vivo. Se dice: "Ay... ¡si uno pudiera...!. Pero no. No pudiera, uno. Y aunque se pudriese conjugando como es debido, uno jamás podría. Y si alguien sí, nos duele. O huele mal. Siempre duelen o huelen mal los poderes del otro. ¿Y el poder de uno? Envíen a alguien ya mismo a buscarlo y verán que poder es más o menos fácil: se puede lo posible. Lo difícil es poder poder, poder hasta que se pueda poder lo que no se puede. Mas no se da. Y si se da cuando uno llega hasta el punto de acariciarlo, justo es ahí cuando o donde no se lo permiten. No se le permite. Lo, le, la, me, te: permutaciones del permiso del otro que nunca se llega a conseguir. ¡Y algunos creen que el español has suprimido las declinaciones! Rosa, rosae, rosarum, rosastre, la, le, li, lo, a él. Formas del roce entre uno y la palabra. Y entre uno y otro: el infinito divisible. El resto es silencio. Mmmmmmm de mudo. La mutación del alma, más buena letra y a otra cosa. Por ejemplo, al relato. Había una vez que yo soñé algo y lo olvidé. Ese sueño y sus no imágenes me siguen hasta hoy, cuando han pasado casi treinta y nueve años. A eso se llama vivir, o haber vivido, pendiente de un olvido. Es natural ahora, cuando el olvido roe las neuronas, pero aún recuerdo que aquella vez, hace casi cuarenta años, soñé y olvidé y desde entonces pienso que el grueso  de la memoria se compone de cosas negras hechas de puro olvido, vacía de sí, llena de olvido, hecha de puro olvido. Uno mismo termina hecho de puro olvido. La idea era recordar los sueños. Durante un itempo me propuse recordar los sueños, es decir, olvidar el menor número posible de sueños. Joven, pronto imaginé que bastaba tomarlos en serio y recordarlos al despertar y evocarlos un par de ratos después de despertar, para fijarlos en la memoria. Por un tiempo. Parece que el sueño sucede en un espacio (¿será la mente, la conciencia, el interior..?) al que vendrían a caer los sueño siguientes para desplazarlo a otro lado. La nada oscura. A veces pienso -y es como un sueño ese pensar- que si realmente uno tomase con toda seriedad el propósito de recordar los sueños y se aplicase a ello y se esforzase, podría llegar a recordarlos todos. Es decir, recordaría incluso los que fueron olvidados. Al menos su nombre, "sueño del pato que habla", "sueño del zapatito de la bailarina", etc. Pero venimos hechos de una materia incapaz de esforzarse mucho y muy poco propensa a tomarse alguna cosa con seriedad. Por eso, si uno quisiera recordar los sueños, podría anotarlos al despertar y ejercitarse en aprender a despertar en el momento justo de haberlos soñado: abrir esa ventana. Alguien se estará preguntando por qué ese relato de una muestra de cosas soñadas se llama "la gran ventana de los sueños". Ahora yo también me pregunto por qué razón elegí ese título. Es cierto que me gustó usar la palabra "ventana" y después de elegirla veo que alude a una ventana rara, que no se abre a ninguna parte. Es decir, se abre al sueño: pura imagen y tiempo que no suceden en lugar alguno. Y que ahora, malamente, se reproducen sobre papel como simulando una obra.

Y tal vez sean una obra. Obra del sueño u obra del dueño, siempre será más original que cualquier intento de ficción. Cualquiera -y a mí me ha sucedido- puede volver a escribir o a reescribir la obra de otro, pero nadie podrá resoñar tus sueños ni soñar los suyos con tu propio estilo de soñar, o de escuchar tus sueños.

miércoles, 24 de agosto de 2011

CUENTOS de Fogwill, I.

Título, Cuentos completos.
Autor, Rodolfo Fogwill.

Editorial, Alfaguara, 2011


460 páginas.
Pvp, 20 €.

Casi no recuerdo cuando empecé este libro que reúne todos los cuentos del argentino Rodolfo Fogwill (Buenos Aires, 1941-2010) pero hace tiempo, quizá un par de meses o algo más. Me lo he tomado con calma porque me cae mal empezar una historia inmediatamente después de otra (manías que tiene uno) y a menudo he dejado uno o dos días entre cuento y cuento. Vaya, que he tratada de saborearlo despacito y aún me he quedado con ganas, así que volveré a empezarlo más adelante. Leeré de nuevo los cuentos que más me han gustado y haré una segunda reseña más al detalle de los cuentos que me han parecido mejores.

En la introducción de Gandolfo se nos dice que en este volumen estan siete de los mejores cuentos de la literatura argentina. Estas cosas no me gustan. Hay muchos argentinos en Argentina, y cuentistas mejor ni hablar. Ni me cae bien esa afirmación ni la otra que hace en el mismo párrafo, la que los de Alfaguara han puesto en la contraportada: esta es una antología de media docenas de autores muy distintos que tienen un sólo nombre de marca: Fogwill. En ningún momento he tenido la sensación de estar leyendo autores distintos. Fogwill tiene estilo, temas recurridos: se lo reconoce.

A partir de estos cuentos completos -se agradece que no los hayan cercenado- voy a tratar de explicar qué va a encontrarse el lector que abra este libro. Por cierto, este libro pertenece a la colección que Alfaguara viene realizando desde hace algunos meses, de bella presentación en formato bastante grande, edición rústica, y siempre introducido. Y, entre otros, se han recopilado los cuentos de Faulkner, Nabokov, Fitzgerald, Cortázar y Onetti.

Lo primero que podría decir es que Fogwill debía de ver la literatura de forma bastante aventurera. Y no lo estoy comparando con quien escribe historias de aventuras. Quiero decir que Fogwill se aventuraba, zarpaba hacia ciertos límites literarios que sobrepasaba con facilidad, a veces llegaba a zonas metaliterarias en las que se quedaba y otras aún estiraba más las posibilidades estéticas: "(...) y sin mirarme tomó un sorbito de aquella mezcla de Coca-Cola y Chianti que estuvo preparando en la página anterior, pero que yo, con esta prisa por escribirla, había olvidado registrar (...); de Muchacha Punk".

Lo que no quiero decir es que Fogwill fuera un autor conceptual, eso no. Ni conceptual casi siempre ni sobre todo conceptual. Fogwill tenía cosas que contar y, además, las contaba al detalle. También en eso se aventuraba. Por eso hay cuentos de cincuenta páginas. He leído novelas más cortas. Y es que en Fogwill se describen las vivencias de los personajes hasta meter al lector en sus pellejos, me refiero a vivencias que son subjetivas: Fogwill nos hace vivir experiencias que son muchas veces extraordinarias y otras que no podríamos imaginar de no haberlas escrito él: "Aquella idea se había intercalado en mi voluntad y ahora, que escribo procurando describirla, descubro que he conocido a mucha gente a quienes, durante toda la vida, les sucede lo mismo en casi todas las cosas. Veía mi mano: ¿podría moverla? Sentía que podía moverla, verificaba que podía moverla y me quedaba en ese puro regodeo manual sin decidir moverla. ¡Qué droga de mierda! -pensé, y me arrepentí de haber malgastado la noche con ese jarabe. No podía calcular cuánto duraría su efecto"; de Help A Él.

Porque debió de ser un tipo aventurado este Fogwill. También así lo indica su prosa. Es bella y sofisticada: "Con semanas y más semanas de marcha carneando vaca y asando y comiendo carne de vaca las más de las veces, y cuando no, charqui y carne de cordero o de vaca en conserva de grasa con pimiento, ver asarse a los chanchos y saborear una carne que no fuera de oveja o vaca fue para la gente una fiesta como cuando al cabo de meses de comer nada más que ázimo y pescado hervido, un tripulante de la flota de mar llega con plata dulce a la primera posada del puerto y ve la mesa grande llena de pollo asado, cuadriles frescos y hojas verdes, manzanas y naranjas jugosas (...)", de Cantos De Marineros En Las Pampas. 

Su prosa es también arriegada y exigente: "Una noche despertó sobresaltado sin saber por qué y de inmediato se volvió a dormir. Entonces soñó que un amigo escritor le describía un cuadro, figuración de un paisaje que por efectos de la perspectiva y del tratamiento de la materia del color -el óleo- representaba la visión normal de una persona. Es decir, en cierta zona de la imagen los detalles eran tan precisos como los de esos puntos donde el espectador fija la mirada, y, fuera de ese fragmento de la tela, las imágenes seguían siendo reales y precisas pero tenían la insustancialidad característica de las cosas que no entran en el foco de atención de los humanos"; de Lo Cristalino.

Sí es verdad que las historias son de temas diversos, pero yo indicaría tres como los más habituales: la navegación (a veces conducción, a veces la pampa sustituye al mar...), el peronismo,  y la ficción (literatura, sueño...). Podría añadir un cuarto y este sería la música pero, mire, no voy a hacerlo. No hace falta. Sus historias son seductoras sobre todo gracias a su estilo. Fogwill ha logrado que lo leyera despacito, siguiendo los pasos sin necesidad de llegar a un desenlace. He visto a Rulfo. Además su narrativa es la de un escritor inteligente, capaz de mirar al mundo y de interpretarlo con coherencia pese a inventarlo con descaro. He visto a Borges. Como él Fogwill respeta al lector, se atreve a mostrarle más, confía en su inteligencia.