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domingo, 6 de abril de 2014

LOPE DE VEGA: VIDA Y LITERATURA.

Felipe B. Pedraza, 2008.
Universidad de Valladolid / Ayto Olmedo, 2008.

250 páginas.
Pvp,  13 €.

Este año me estoy decidiendo por leer la serie de publicaciones que a cargo de Germán Vega publican el ayuntamiento de Olmedo y la universidad de Valladolid para el Olmedo Clásico, ese gozoso festival que entre Benjamín Sevilla y el propio Vega han colocado en un lugar referencial del teatro clásico en España, gracias también a la colaboración inicial del desaparecido Fernando Urdiales.
Empiezo por esta biografía de Felipe B. Pedraza, ponente habitual de las jornadas que se organizan en el festival, y que trata la vida del dramaturgo madrileño Lope de Vega (1562-1635) y lo principal de su imponente producción literaria. Se trata del segundo título de la colección y surge a partir de un original que el autor publicó en Castalia en 1990. El libro cuenta con dos listas de obras del biografiado citadas y una amplia bibliografía, y está dividia en tres partes fundamentales: 1. Vida y Carácter; 2. Obra no dramática; 3. Obra dramática.

Hablar de producción literaria en un dramaturgo del siglo de oro es complicado dado que la publicación del texto teatral era cuestión secundaria entonces. El despiadado itinerario que uno de estos guiones sufría hasta que la obra se ponía en marcha por el autor (director del montaje) es cuestión interesante que se explica. Digamos que aunque el aporte principal de Lope se hizo en papel en realidad los madrileños de entonces supieron de ello en los corrales, y a ese público se dirigía Lope cuando componía las nuevas comedias.

Sobre su biografía se han contado ya muchas cosas y respecto a ello me he quedado con el dato de que su discípulo Juan Pérez de Montalbán fue ya su primer biógrafo, al poco de su muerte. Su compleja relación con las mujeres, sus rivalidades poéticas y los mecenazgos a los que se acogió -como el del Duque de Sessa, a quien Pedraza describe como de carácter maniaco-, así como lo enrevesado de su posicionamiento ético religioso hacen de él no sólo un personaje histórico interesante sino, además, un personaje con mucho potencial literario. Lo cierto es que él mismo se encargó en sus obras de crear una imagen de sí lo más atractiva posible, tanto en las dramáticas como en las poéticas -en las que Elena Osorio, Isabel de Urbina, Micaela de Luján, Juana de Guardo, Jerónima de Burgos, Lucía Salcedo o Marta Nevares son a menudo protagonistas que aparecen con sus respectivos seudónimos- y, quizá sobre todo, en la narrativa LA DOROTEA, publicada en 1632.

Confieso que mi perspectiva sobre esta obra se vio más bien desbordada por cuanto que aspiraba -no sé por qué- a un libro más ligero y divulgativo. Sin embargo Felipe Pedraza lleva acabo un trabajo aquí que me parece minucioso por cuanto que aporta la evolución literaria del Fénix. Conocedor de los vericuetos literarios de la época  lo anecdótico y lo necesario lograron mantener casi el total de mi atención, aunque confieso haber pasado por alto algunos pasajes sobre la obras que menos me interesaban. Acercarse a este trabajo supone entender mejor una época única en el que la tragicomedia representada en los corrales -también sobre cuyo origen aporta datos interesantes- era uno de los entretenimientos favoritos de Madrid, y en el que el enamoradizo, rompedor pero también cauto adulador, independiente y a la vez ambicioso en lo social Lope de Vega fue impulsor máximo de una de las épocas más influyentes de la literatura y el teatro españoles.



lunes, 17 de febrero de 2014

POR CUENTA PROPIA.

Rafael Chirbes, 2010.
Anagrama, 2010.

304 páginas.

En lo que va de año me han regalado dos libros. Los mismos que en todo 2013. El primero me lo trajeron los Reyes Magos: CLASES DE LITERATURA, de Julio Cortázar, y a este aún no le he hincado el diente. El otro es el que paso a reseñar y, curiosamente, también habla sobre el arte de escribir: me lo ha regalado hace poco Esther Pérez Arribas. Esther es mujer de teatro -Pie Izquierdo se llama su compañía- y buena amiga a la que voy debiendo algunas cosas, aunque sé que ella se conforma con las gracias. Se las doy sólo de vez en cuando por no resultar plasta.

Rafael Chirbes (Tabernes de Valldigna, 1949) ha pasado de ser un autor reputado a reconocido. Seguramente CREMATORIO (2007) es la novela que más le representa (no sé si mejor)  pero su último trabajo EN LA ORILLA (2013) es la que hoy le tiene en boca de críticos y lectores. Yo no he leído ninguna de las dos y, en cambio, puedo hablar de este ensayo literario que me ocupó algunos días.

Leer y escribir, subtitula Chirbes POR CUENTA PROPIA. Se trata de una colección de diversos ensayos y artículos -18 en total- que componen cuatro partes: MAESTROS; CONTEMPORÁNEOS; MEMORIAS Y MANIOBRAS; y CUESTIONES DOMÉSTICAS (A MODO DE EPÍLOGO). Menos que el resto me ha gustado la parte de los contemporáneos, si bien hacia el final de ella vuelve a los temas del libro que más interesantes me han parecido: vigencia de la novela, la función del novelista en el siglo XXI...

En la primera parte narra su experiencia lectora en La Celestina, las novelas de guerra y con los textos cervantinos, así como reivindica a Benito Pérez Galdós, con lo que esto conlleva contra Juan Benet y gran parte de su generación: veánse Goytisolo, Barral, Gimferrer o Azúa, e incluyan al mismísimo Ortega. A quienes la componen no sólo les ataca Chirbes por lo injusto de su ninguneo a Galdós, sino que los etiqueta de evasionistas.

En el libro predomina la defensa de los autores como hijos de su tiempo, como retratistas fieles de las épocas. " (...) en Bacon, como en Galdós, el arte está ligado a una estrategia de conocimiento, a la necesidad de enfrentarse a algo que se cubre y oculta con puntos de vista de circulación cotidiana, con palabras gastadas que dejan caer su pátina sobre el significado hasta borrarlo." Nada más y nada menos, cabría decir. De Rojas y La Celestina Chirbes ensalza lo que pide a los novelistas de hoy: la obra literaria como desguace de los mecanismos de cada pequeño mundo que sirva como modelo que permite mostar la mecánica del mundo. Así es como también el escritor resuelve su vida en los libros que escribe (en palabras de Proust). La gran función de estos maestros -entre los que junto a Galdós dedica un espacio fundamental a Cervantes- está en que encontraron la manera de contar su tiempo.

Véase que esta concepción de la novela como ejercicio de desvelo implica, sin embargo, perspectivismo. Chirbes habla del narrador poco fiable. Además de las cuatro partes citadas hay una introducción que, como siempre pasa en los ensayos, se cuenta entre lo más interesante del libro. "No hay orden novelesco sin punto de vista", nos dice. Pero, además, vuelve a esta cuestión en una suerte de vuelta de tuerca que da al tema y que podríamos llamar algo así como "cuando la novela se sale de la ficción". En ella Chirbes nos habla de las maniobras políticas interesadas en que determinado relato -o versión- de los acontecimientos sociales cale en la opinión pública como verdad o Historia, cuestión esta que me interesa particularmente.

El libro termina con algunas experiencias que nos cuenta como escritor de Anagrama, editorial que le dio su primer oportunidad en 1988 con MIMOUN y en la que ha seguido publicando. Se trata de un libro ameno con un discurso concreto que nos ofrece una idea del novelista y que a mi me ha descubierto unos cuantos, sobre todo en la parte dedicada a la novela de guerra, de la que no he hablado. Espero no tardar mucho en leer algunas de sus obras.

lunes, 23 de diciembre de 2013


Nº 65



Hay varios títulos interesantes -que parecen interesantes- y suficientemente ocultos como para alumbrarlos algo en esta librería. Uno no necesita anunciar los reverte ni las dueñas ni los wyoming, ellos se promocionan muy bien solos y todo el mundo sabe que sus libros están hasta debajo de las piedras, quiero decir que también en LA TIENDA DE LOPE. Yo me he fijado, entre otros, en este último de Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943), ensayista y novelista en el que esperamos por aquí irnos adentrando. Hace pocos días pedimos para la librería EL VIEJO LEÓN, un retrato de Tolstói que me apetece mucho leer ahora  que, por fin, también estoy leyendo ANA KARENINA. Eso digo.




Mauricio Wiesenthal, 2013
Acantilado, 2103.

480 páginas.
Pvp, 25 €.

Me preguntas por el secreto -creo que bien guardado- de mis canciones. Las grabaciones que conservo de ellas no son siempre buenas, pero eso no me preocupa en absoluto. Te iré enviando algunas de esas reliquias de mis tiempos de juventud: boleros, coplas españolas, romanzas rusas, zambas, tangos y chansons diversas, cantadas en diferentes idiomas; porque ésa fue mi afición cuando viajaba y actuaba en cafés, en barcos o en hoteles. Pienso que los jóvenes deben recuperar el gusto por lo sencillo y por lo imperfecto ya que el corazón es así: imperfecto y sencillo. Buena parte del arte es artesanía y hay que protegerlo -con juicio, buen gusto y mesura- de las facilidades de la industria y de los excesos de la técnica.

Cantar fue una de las aficiones de mi vida que me ayudó a sobrevivir en mis años de bohemia. Evoco en este libro algunas de esas canciones porque me gustaría dejar el testimonio de que un escritor es, sobre todo, un artista.

Un escritor no es un erudito ni un gramático ni un profesor, sino alguien capaz de transmitir una emoción. Por eso no me conformé nunca con los libros y busqué las casa donde habitaron sus autores, sus autógrafos, sus dibujos, sus fetiches: las reliquias donde se manifiesta el misterio de su personalidad; lo místico, lo mántico, lo semántico, lo romántico...

Sacha Guitry guardaba en su casa el tintero de Flaubert y algunos manuscritos de Molière. Era tan fino que, cuando una mujer le llamaba por teléfono, se peinaba antes de atenderla... Hay un misterio en las botas de punta redonda que hacía Tolstói, en los dibujos de Goethe, en la calculadora que inventó Pascal, en las medidas que fabricaba Voltaire, en los muebles que diseñaba Victor Hugo, en las partidas de ajedrez de Zweig, en la música que componía Nietzsche, en las colecciones de mariposas de Nabokov o en las bufandas de lana que tejía Lou Salomé.... Me gustaría saber si Rossini sabía hacer el tournedos o se lo preparaba todo  Carême. Y me encantaría haberle chutado una falta por alto a Albert Camus, puesto que por bajo ya sé que era imbatible.

Un segundo oficio es algo tan cercano a la personalidad de un artista que siempre nos preguntaremos si era, en realidad, su auténtica vocación. Por ejemplo, las pinturas de Leonardo da Vinci eran sólo su segundo oficio. En su tiempo fue más conocido como ingeniero militar, inventor de máquinas y, a ratos, maestro de ceremonias.

En realidad este libro quiere ser una defensa del humanismo y un alegato contra la especialización. La gente más ignorante y dogmática que he conocido se presenta siempre como especializada en ciencias o técnicas muy complejas -lo cual me parece apasionante- pero opinaban de todo; osadía impropia de quien pretende ser tan limitado. Prefiero la sabiduría universal que reconoce una ignorancia general. Es más modesta.

sábado, 25 de mayo de 2013

Claves de La Transición 1973 - 1986 (Para adultos)

Nº 60 

Hay tanta palabra en el título de este libro que he decidido no incluir su subtítulo en el título de la entrada. Es este: De la muerte de Carrero Blanco al referéndum de la OTAN. Sé de Alfredo Grimaldos (Madrid, 1956) desde que hace ya unos diez años -creo que alguno menos- llegara a Olmedo para presentar a través de la asociación Julio Valdeón el libro La Sombra de Franco en la Transición, gran trabajo que en somento debió de parecer a muchos propio de un radical desvariado: quién ponía en duda entonces la transición y la monarquía y la mayoría de demócratas poderosos salidos de aquella época, si aún hoy se insiste en La Transición Española como ejemplo de normalización democrática. Grimaldo vuelve a la carga en este nuevo título del que adelanto los primeros párrafos.

Alfredo Grimaldos, 2013.
194 páginas.
12, 90 €.


Introducción.

"El franquismo no es una dictadura que finalliza con el dictador, sino una estructura de poder específica que integra a la nueva monarquía", escribe José Acosta Sánchez en su libro Crisis del franquismo y crisis del imperialismo. Y, efectivamente, durante la Transición nunca se llega a producir una auténtica ruptura democrática, un corte histórico significativo respecto del régimen del Caudillo. En ningún momento se aborda la depuración del aparato de Estado. Políticos que desarrollaron  una carrera muy notoria durante la dictadura son los encargados de dirigir el cambio. Y en ese proceso de adaptación de las estructuras franquistas a los nuevos tiempos, policías, jueces y militares continúan siendo los mismos.

Los mandos del ejército que ejercieron de oficiales con Franco incorporan nuevas estrellas a sus bocamangas al amparo de la Monarquía, los implacables jueces del Tribunal de Orden Público prosiguen su ascenso en los nuevos tribunales de excepción que surgen, y los torturadores de la antigua Brigada Político-Social mantienen sus trincheras en los sótanos de la Dirección General de Seguridad. El habitual "aprobado por aclamación" de las Cortes franquistas se sustituye por el sacrosanto "consenso" y el silencio oficial sigue apoderándose de muchos asuntos esenciales de la vida política.

Series hagiográficas de televisión, numerosos libros e infinidad de suplementos impresos se encargan de mitificar la mentira y tergiversar los hechos históricos, otorgando un protagonismo estelar, en el papel de incuestionables padres de la democracia, a turbios personajes cuyas elocuentes biografías también quedan convenientemente maquilladas. Pero los verdaderos protagonistas de la Transición no son los políticos profesionales, sino los detenidos y torturados, los miles de encarcelados y, sobre todo, los luchadores muertos.

sábado, 2 de febrero de 2013

La España de Franco


Manuel Chaves Nogales, entre 1938 y 1939.
Almuarza, 2012

154 páginas.
15, 95 €.

Cuando Chaves Nogales (Sevilla 1897- Londres 1944) abandonó España en 1936 lo hizo con el triste convencimiento de que la guerra que comenzaba realizaría una selección terrible con los españoles, acabando con las personas de mayor valía del país. Este periodista que llevaba años escribiendo sobre los abusos y crímenes de la  Rusia bolchevique así como de los regímenes fascistas consideraba que son los más ineptos -políticamente hablando- quienes salen beneficiados de las grandes tragedias humanas que, por otro lado, jalean y provocan.

Fue Redactor jefe de El Heraldo y director de Ahora, firmó los títulos "La vuelta a Europa en Avión", "La bolchevique enamorada", "Lo que ha quedado del imperio de los zares", "El maestro Juan Martínez que estaba allí" y es concido, sobre todo, por los reportajes que realizó en La Estampa sobre el torero Juan Belmonte. Que era un buen divulgador, de estilo ameno y didáctico, lo he podido comprobar por mi mismo con estos textos que casi se leen solos.

Lo que aquí se recoge es una recopilación formada por dieciséis artículos que escribió para el periódico parisino L´Europe Nouvelley en los que analiza la guerra que evolucionó a partir de los hechos que comenzaron alrededor del 18 de julio de 1936, pero echando la vista atrás al menos dos años puesto que el primer artículo data del 30 julio de 1938. El último se publicó en septiembre de 1939, cinco meses después de que Franco anunciara la victoria de los rebeldes a la República.

En esta serie de artículos Chaves Nogales hace hincapié en el internacionalismo del conflicto, por el cual la guerra civil española es poco más que un pequeño movimiento entre los muchos que se estaban llevando a cabo en Europa y que formaban parte de una partida mucho más grande, protagonizada por la amenaza de los totalitarismos al resto del continente (1). En este sentido resulta especialmente recalcitrante el coste de vidas humanas que supuso el conflicto español, una especie de estúpido para nada que costó cientos de miles de víctimas.

Para mi el valor de sus artículos reside, sobre todo, en la inmediatez del análisis, en una implicación que es relativa dado el exilio del autor pero que supone una visión suficientemente cercana. Así no deja pasar por alto  otros temas directamente relacionados, como el de la restauración monárquica, que ya ve imposible con Franco como vencedor, según artículo del 1 de enero de 1939; la necesidad  del General de que hubiera dos Españas (2) o, por ejemplo, el tradicional papel que Alemania ha jugado en las acciones políticas de España, encandilándola con sus cantos de sirena ya desde la Gran Guerra.

Otras tesis que defiende son  el del proyecto de Franco como antiespañol, pues deja de lado sus elementos tradicionalistas (liberales, monárquicos, requetés) cuando no los absorbe en provecho de la falange, cuyo ideario político considera más bien nulo, inexistente más allá del totalitarismo. Complementando esta idea concluye también que la resistencia se apoyó en el comunismo como una manera de no susumbir a las fuerzas totalitaristas internacionales, según artículo del 18 de marzo1939. Eso, sin embargo, derivó en una polarización mayor del conflicto hacia los totalitarismos, aunque hacia el final del mismo y coincidiendo también con el comienzo del la 2ª Guerra Mundial el acuerdo de no agresión entre Alemania y la URSS supusiera la última burla de Hitler, Mussolini y Stalin a un país que ya estaba desangrado.

Otros nombres propios como los de Martínez Anido, los Primo de Rivera, el ahora Rey Juan Carlos -presentado como poco menos que el príncipe de los requetés-, los generales Queipo de Llano y Yagüe, Serrano Suñer y un interesante etcétera ayudan a ilustrar la visión de Chaves Nogales. Por terminar, diré que he echado de menos su visión de los últimos meses de la República, de la que cuenta más bien poco. Pero, en fin, ya dije que lo mío es proyecto a medio plazo porque quiero leer a más autores de la época, y este primer libro me ha parecido muy interesante. Así que la cosa ha empezado bien.


En el original
(1) Franco no ha creído nunca ni en España ni en los españoles. Él cree en sus harcas marroquíes, en los italianos, en los alemanas y en la legión extranjera. 10-09-1938

    Cuando, en 1936, los generales se alzaron en rebelión, no pretendían sino hacerse con el mando de la República para después gobernarla. El fracaso de su golpe de Estado indujo a los militares a pedir la ayuda del fascismo italiano y después del nacional-socialismo alemán. 04-03-1939

(2) Si la guerra no hubiese desembocado en la división de España en dos castas, la de los amos y la de los esclavos, sino en todo lo contrario, en un intento de integración nacional, a Franco le habría sido completamente imposible seguir con su insensata empresa de erigir en el suroeste de Europa un estado guerrero, hostil a las potencias occidentales; algo que en definitiva no es el objetivo de la propia España sino de potencias totalitarias. Una verdadera paz entre los españoles sería fatídica para tal propósito. Una España que viviera en un régimen normal y civilizado no podría permanecer hostil a los países que se sitúan en su misma órbita geográfica.



jueves, 17 de enero de 2013

La puta de Babilonia

Nº 50

Fernando Vallejo (Medellín, 24 de octubre de 1942) es autor que conocemos aquí por algunas de sus novelas y, también, por buena parte de este ensayo que aparqué un día, hace ya algún tiempo y justo después de leer El don de la Vida, la obra con la que me acerqué a él. Andaba yo buscando un libro que presentar en el blog y me acordé de un cliente que el otro día se quedó mirando este ensayo que ahora ha reeditado Alfaguara, y cuyo comienzo siempre me ha parecido  tan cautivador como impactante. Para que se hagan un idea del resto diré que Vallejo desarrolla el párrafo. Ahí va:

Fernando Vallejo, 2007
Alfaguara, 2012.

346 páginas. 18, 50 €.

La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la Noche de San Bartolomé; la que saqueó a Constantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albigensesy a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristoloco el rabioso y a Pedropiedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertda de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calumniadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antisemita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traidora, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autócrata, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; le jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar.

sábado, 22 de diciembre de 2012

La España de Franco.

Nº 49

Hago una excepción fundamental  en este libro que presento hoy. No se trata de algo que haya hecho conscientemente pues lo cierto es que sólo después de haberme interesado por ello y después de tener terminada la entrada me he dado cuenta de que La España de Franco no es una obra escrita en español sino -según supongo- en francés, idioma del cual ha sido traducido por Yolanda Morató al español . No es que esté obsesionado por el español -ya lo he dicho- es sólo que hoy por hoy prefiero hablar de libros que puedo leer en su idioma original, aunque eso no quiere decir que no lea otros. Sin embargo cuento a mi favor con que la excepción es doble porque si bien leer a los autores en su idioma me parece importante en literatura -no digo que necesario- sin embargo no creo que lo sea tanto en textos divulgativos -salvo en filosofía-. 

Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897 - Londres, 1944) fue un periodista reputado que es -parace que desde que Andrés Trapiello le diera a conocer en su faceta de analista político- necesario tener en cuenta por todo el que quiera acercarse o conocer los entresijos de nuestra más desgraciada guerra civil. Yo quiero hacerlo -tras muchos años de miedo al asunto- ahora y uno de los fundamentos para mi acercamiento será hacerlo a través de autores de la época. 

Transcribo la nota de David González Romero y el principio del primero de los 16 artículos que conforman este libro sobre la dictadura de Franco y sobre la Guerra Civil Española.



La España de Franco.
Manuel Chaves Nogales.

Almuarza, 2012.
154 páginas. 15, 95 €.





NOTA DEL EDITOR.

Entre finales de julio de 1938, con la guerra civil dada por perdida hasta en el seno del gobierno republicano, y finales de septiembre de 1939, con Polonia prácticamente rendida al ejército nazi, Manuel Chaves Nogales realizó una serie amplia de colaboraciones con L' Europe Nouvelle, semanario francés prototípico de los que el liberalismo francés puso en marcha tras la Gran Guerra. Chaves Nogales estaba exiliado en Francia desde finales de 1936 ganándose la vida mediante colaboraciones en torno a España en la prensa sudamericana y europea. En esta serie de artículos, Chaves se sale de su acostumbrado registro como reportero puro y realiza todo un ejercicio de análisis y prospección de la situación política española mientras el transcurso final de la guerra iba perfilando al bando vencedor.

En una interesante mezcla de lo que ha pasado y lo que está por venir, nos presenta diáfanamente las posibilidades de conformación de la que el propio periodista llama "la España de Franco". Escribe estas páginas sin tenerlas todas consigo y justo al final declara que cuando todo depende de la "decisión inapelable" y la "inamovible voluntad de un solo hombre, todo intento de predecir el futuro sobrepasa el límite de las posibilidades humanas". Por ello hay un alto componente especulativo en su interpretación de los distintos movimientos que va realizando el régimen de Burgos cuando su victoria parece incontestable o cuando ésta es ya una realidad.

A pesar del exilio temprano y la distancia, Chaves Nogales acierta a presentarnos la amalgama "desnaturalizada" que acabará convirtiéndose en ese ente político llamado "franquismo". Analiza el magma de tendencias heterogéneas en que se apoya el Caudillo, entre el puntal del falangismo plenamente fascista, obediente del imperialismo de los estados totalitarios, especialmente de Alemania, y el del tradicionalismo reaccionario y católico que, para Chaves, ha sido clave en el combate y es netamente nacional. En medio, el propio ejército, los monárquicos y la derecha económica. Fija su atención también en los avatares de reconocidos nombres de la sublevación: Gil Robles, Yagüe o el mismísimo Queipo de Llano.
Si algo queda claro es que ese hombre solo e inapelable que ahora es Franco gracias a la guerra, va a hacerlos bailar a todos, dándoles y quitándoles, según le convenga, hasta confabularlos en un producto político antitético, la "doble mistificación" que supone su partido único: Falange Española Tradicionalista y de las JONS.
Al reunir estos textos se dan repeticiones de argumentos por necesidad, ya que las colaboraciones de Chaves Nogales eran bastante espaciadas y hay un permanente recordatorio al lector francés de lo que se viene contando. Sobre todo, será recurrente la entrega absoluta del nuevo régimen franquista a la estrategia de las potencias fascistas europeas. No es de extrañar teniendo en cuenta que los artículos están dirigidos a un público francés, y continental, y Europa camina con paso firme a una nueva gran guerra (léase el epígrafe "Franco significa la guerra").

También habitual, y con especial perspectiva histórica, sería la referencia a la permanente injerencia alemana en los asuntos españoles. Se alude al verdadero sentido germanófilo de la actuación militar en España desde el fin de la Gran Guerra, a España como "una colonia alemana", a la permanente infiltración de lols métodos represivos alemanes (léase la denuncia sobre la inspiración alemana del pistolerismo contrarrevolucionario en España, en el epígrafe "La neutralidad española"), al hechizo alemán cual "sirena tentadora". Chaves Nogales sólo matiza esta auténtica infiltración por el factor católico, lo único que puede desviar el régimen franquista "de la trayectoria del imperialismo alemán".
Finalmente, al hilo de los acontecimientos de ese mismo momento , con la firma del acuerdo Ribbentrop-Molotov de no agresión en agosto de 1939, que se escenificó un mes más tarde en el desfile ruso-germano de Brest-Livotvsk, se pregunta Chaves Nogales, en forma de sangrante paradoja, qué queda ahora del tan cacareado anticomunismo de la Cruzada cuando "... la fraternización en Brest-Litovsk de los ejércitos de Stalin y Hitler hubiera podido celebrarse en Teruel!".

Quizás lo más llamativo de este conjunto de artículos de Chaves Nogales sea de nuevo esa lúcida y permanente equidistancia antitotalitaria en un momento tan complicado. Su enorme independencia se pone aquí en evidencia cuando se mantiene inexpugnable y crítico frente a la propaganda de cualquier bando. Alguien podría calificarlo en algunos momentos de derrotista por la frialdad de su análisis, teniendo en cuenta que Chaves, que permaneció fiel a la República, empezó a escribir estos artículos cuando la guerra aún no había terminado. No es que él diera la guerra por perdida. Eso ya lo había hecho el propio gobierno republicano en la crisis de marzo de 1938 tras el derrumbe del frente de Aragón (y lo puso en evidencia con el enfrentamiento entre Azaña y Prieto, que buscaban ya una rendición, y Juan Negrín y los comunistas, partidarios de seguir luchando). Su capacidad de distancia procede de ese maximalismo antitotalitario que como periodista y escritor venía ejerciendo desde años atrás y que él mismo hizo explícito cuando en el célebre prólogo a su libro "A sangre y fuego" explicaba la razón de su temprano exilio, en noviembre de 1936, cuando el gobierno republicano abandonaba Madrid. Qué mejor que finalizar con sus palabras:

Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid, como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio o los asesinos de Falange, que a las de los analfabetos anarquistas o comunistas... Pero, la verdad, entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguís de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo... El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras... El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligible selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores...


La política totalitaria de Franco.

¿La aceptarán las fuerzas que lo apoyan?


El autor del siguiente artículo, don Manuel Chaves Nogales, es uno de los periodistas españoles más eminentes. Redactor jefe del conocido diario Ahora, se declaró independiente y liberal, y se propuso "dar a conocer al público español el curos de los acontecimientos y explicarlos".
Al comienzo de la guerra civil, un comité obrero se apoderó del periódico Ahora. Chaves Nogales le expuso que no creía ni en el comunismo ni en el fascismo. Aunque no simpatizaba con ninguno de los bando enemigos, posee una visión especialmente penetrante del conflicto español.
En Inglaterra, su colección de relatos Y a lo lejos, una lucecita ha obtenido gran éxito.


Tras dos años de guerra, mientras el mundo vislumbra el fin del terrible combate y espera que la probable victoria de Franco instaure el régimen de orden, autoridad y paz interior y exterior que todos desean, se está produciendo en España un hecho desconcertante: el jefe de la gran agrupación de las fuerzas conservadoras del país, don José María Gil Robles, presidente de la CEDA (Confederación de Derechas Autónomas), ha tenido que abandonar precipitadamente la zona de la España nacionalista donde su vida corría inminente peligro.

Bajo la égida de Acción Católica y de su jefe, don Ángel Herrera, Gil Robles lideró el conservadurismo español durante la etapa republicana. En 1934, mientras estaba en el Ministerio de la Guerra, encargó al general Franco que reprimiera el movimiento revolucionario en Asturias, y en 1936, cuando estalló la rebelión militar, se sumó, sin reparos ni reservas, al nuevo Estado en cuyo triunfo habían colaborado activamente sus partidarios, y, en especial, las Juventudes de Acción Popular (JAP), que dirigía personalmente. Sin embargo, tras reconocer que su política contrarrevolucionaria había fracasado, se alejó discretamente del poder y se instaló en Portugal, desde donde, sin condenar jamás ni los errores ni los excesos del movimiento nacionalista, incitó a quienes aún le eran leales a cooperar en la obra de Franco. Regresó a España tan pronto como pudo declarar su  firme adhesión al movimiento y, desde entonces, como ya sucediera en el pasado, no ha dejado de demostrar la autenticidad de su acción contrarrevolucionaria, nacionalista y católica. Entonces, ¿por qué razón tiene ahora que huir de la España contrarrevolucionaria, nacionalista y católica?

Ante este acontecimiento reciente, y ante otros no menos significativos ocurridos durante las últimas semanas, resulta imposible seguir cerrando los ojos ante la realidad española y creer que el movimiento encabezado por el general Franco es -y no lo es en absoluto- un movimiento nacional, contrarrevolucionario y católico.

El mundo sigue empeñado en creerlo así, a pesar de que, día tras día, ocurren hechos que desmienten esta presunción. Sólo hay que examinar la trayectoria seguida por el "Glorioso movimiento salvador de España" para demostrar de manera elocuente su auténtico sentido.


sábado, 17 de noviembre de 2012


Nº47



Que se está a la última en esta librería es algo que sobra decir. Por eso casi siempre se habla de lo último de entre lo último. Y, así, una de las últimas incorporaciones al catálogo de La Tienda De Lope es este compendio de ensayos filosóficos cuya primera edición corresponde a 1936 en la ciudad de Buenos Aires. Adelanto el prólogo y algo del ensayo precisamente llamado Historia de la Eternidad.



Historia de la eternidad.
Borges, 1936.
Debolsillo, 2011.

178 pág. 9, 95 €.
 

PRÓLOGO.

Poco diré de la singular "historia de la eternidad" que da nombre a estas páginas. En el principio hablo de la filosofía platónica; en un trabajo que aspiraba al rigor cronológico, más razonable hubiera sido partir de los hexámetros de Parménides ("no ha sido nunca ni será, porque es"). No sé cómo pude comparar a "inmóviles piezas de museo" las formas de Platón y cómo no entendí, leyendo a Schopenhauer y al Erígena, que éstas son vivas, poderosas y orgánicas. El movimiento, ocupación de sitios distintos en instantes distintos, es inconcebible sin tiempo; asimismo lo es la inmovilidad, ocupación de un mismo lugar en distintos puntos del tiempo. ¿Cómo pude no sentir que la eternidad, anhelada con amor por tantos poetas, es un artificio espléndido que nos libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo sucesivo?

Dos artículos he agregado que complementan o rectifican el texto: La metáfora, de 1952, El tiempo circular, de 1943.
El improbable o acaso inexistente lector de Las Kenningar puede interrogar el manual Literauras germánicas medievales, que escribí con María Esther Vázquez. Quiero no omitir la mención de dos aplicadas monografías: Die Kenningar der Skalden, Lepzig, 1921, de Rudolf Meissner y Die Altenglischen Kenningar, Hale, 1938, de Herta Marquardt.
El acercamiento a Almotásim es de 1935; he leído hace poco The sacred Fount (1901), cuyo argumento general es tal vez análogo. El narrador, en la delicada novela de James, indaga si en B influyen A o C; en El acercamiento a Almotásim, presiente o adivina a través de B la remotísima existencia de Z, a quien B no conoce.
El mérito o la culpa de la resurrección de estas páginas no tocará por cierto a mi Karma, sino al de mi generoso y tenaz amigo José Edmundo Clemente.


HISTORIA DE LA ETERNIDAD.

En aquel pasaje de las Enéadas que quiere interrogar y definir la naturaleza del tiempo, se afirma que es indispensable conocer previamente la eternidad, que -según todos saben- es el modelo y arquetipo de aquél. Esa advertencia liminar, tanto más grave si la creemos sincera, parece aniquilar toda esperanza de entendernos con el hombre que la escribió. El tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica; la eternidad, un juego o una fatigada esperanza. Leemos en el Timeo de Platón que el tiempo es una imagen móvil de la eternidad; y ello es apenas un acorde que a ninguno distrae de la convicción de que la eternidad es una imagen hecha con sustancia de tiempo. Esa imagen, esa burda palabra enriquecida por los desacuerdos humanos, es lo que me propongo historiar.

Invirtiendo el método de Plotino (única manera de aprovecharlo) empezaré por recordar las oscuridades inherentes al tiempo: misterio metafísico, natural, que debe preceder a la eternidad, que es hija de los hombres. Una de esas oscuridades, no la más ardua pero no la menos hermosa, es la que nos impide precisar la dirección del tiempo. Que fluye del pasado hacia el porvenir es la creencia común, pero no es más ilógica la contraria, la fijada en verso español por Miguel Unamuno:

Nocturno el río de las horas fluye
desde su manantial que es el mañana
eterno...