Título, Una autobiografía soterrada.
Autor, Sergio Pitol, 2011.
Editorial, Anagrama, 2011.
140 páginas.
Pvp,14, 50 €
A propósito del último de los apuntes que colgué por aquí –CUENTOS DE VERDAD-, y en el que ya comentara que la de la posibilidad de realidad sin cuento es una preocupación que exponía a partir de las lecturas que estaba haciendo de Pitol y de Fogwill añado, ahora que voy a escribir sobre el mexicano, mi propia visión del asunto: Entiendo que la realidad no puede ser sin el cuento porque la realidad necesita ser contada. La conclusión a la que llego no sólo puede justificarse fácilmente sino que, además, se puede estirar en varios sentidos. Ahí lo dejo por si a alguien interesa polemizar sobre ello.
Como soy capaz de pensar varias cosas en un día (siempre y cuando no sean muy diferentes unas de otras) y últimamente me da por hacer públicas mis reflexiones hago lo propio con una última que, además, supongo que interesará porque tiene que ver, más directamente, con el blog, con su forma. Aunque ya me voy torciendo tengo la intención firme de acortar radicalmente mis reseñas hasta hacer de estas un empujón que anime a la lectura (o una bofetada en sentido contrario) antes que un pretendido (tantas veces sólo pretencioso) análisis de la obra que se reseñe. Por ejemplificar: estos dos párrafos que ya mi lector lleva leídos podrían explicar la impresión que me ha dejado una obra. Lo intento a partir del siguiente.
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Sergio Pitol es mexicano de 1933 y es autor de cuento, de novela y de un estilo de ensayo que cultiva aliñándolo con personajes de ficción y que, evidentemente, no podría definirse como perteneciente a género alguno. Por ir adelantando digo que si algo ha logrado este ensayo que hoy reseño es que me interese por su obra anterior.
Por sí también ha sido interesante. Comienza ensayando sobre el cuento, lo que para él significa, cómo cabe definirlo y aporta opiniones de otros cuentistas reputados: valgan como representantes Antón Chéjov, Henry James y Julio Cortázar. Como para meter baza.
Enseguida el Pitol nos narra algo de su biografía, la parte fundamental en cuanto que trata su formación como escritor, y lo hace en tercera persona, como si de un cuento se tratara. Es decir, cuenta su vida y nos hace llegar la realidad de aquellos días que -preste atención, lector- son gracias a su expresión sobre papel, en un orden, en un sentido, reales. Nombra a sus amigos de entonces, los que formaban su generación, nos narra su gran viaje a La Habana, no exento de accidentes, su estancia, ya prácticamente literaria, en lugares y tiempos que empaparon de vida su literatura, o al revés..., y al poco nos explica que, en cualquier caso, él fue un escritor independiente por cuanto que pasó la mayor parte de su vida literaria fuera de su país, en Europa: fue editor y traductor durante una etapa, y diplomático durante una segunda, y entre ambas escribió sus novelas EL TAÑIDO DE LA FLAUTA y JUEGOS FLORALES.
Pero lo fundamental es que nos deja ver el taller de creación: cómo idea: a partir de vivencias que, desde luego, han de cobrar su mayor sentido al ser recordadas, al ser contadas. Y, luego, su manera en enfocar las historias, de estructurarlas: alrededor de una oquedad o misterio que no se desvela. Confiesa la influencia que ha recibido de la novela policíaca, de películas como TO BE OR NOT TO BE, así como su labor de traductor de autores como Henry James.
Si algo no me ha gustado es la repetición de ideas que aparecen en los capítulos –siempre encabezados por una foto del autor, cuya imagen madura con lógica aplastante- una de las cuales es que todos los géneros caben en todos. Algo en lo que, según parece, se ha aplicado (el cuento, claro). Además algún consejo y una lista de escritores contemporáneos que, a su juicio, permanecerán y que, supongo, a usted como lector le interesa conocer. De propina una entrevista que le hace Carlos Monsiváis, uno de los suyos, por supuesto. Valoración: interesante, me ha dispuesto a leer, por lo menos, sus cuentos. Trataré de empezar por NOCTURNO DE BUJARA (o Vals de Mefisto).
