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lunes, 9 de marzo de 2015

Un hombre menos, un misterio más.

20. La semana pasada ha sido, entre otras cosas, aquella en la que he recibido unos doscientos títulos de libros teatrales de distintas editoriales de las que voy a ir hablando. Pero hay otras temáticas interesantes y el libro infantil es una de ellas. Este de hoy es uno de los títulos más solicitados de entre los que se recomiendan en los primeros cursos de ESO. Joan Manuel Gisbert (Barcelona, 1949) es uno de los autores más reconocidos entre los lectores jóvenes y ha publicado varias decenas de títulos, además de haber cosechado algunos de los premios más importantes al respecto. En La tienda de Lope es uno de los libros que mejor se vende y uno de los que más gustan a los chicos y chicas que lo leen. Historia ambientada en el siglo XVIII, la aparición de un cadáver es el detonante de la acción y de los peligros que el protagonista pasará al adentrarse en el corazón de un oscuro misterio.

Joan Manuel Gisbert, 1997.
Ilustraciones de Francisco Solé.
Alfaguara, 2002.

144 páginas.
9 €.

viernes, 23 de enero de 2015

Nº 82

No recuerdo ahora mismo en qué suplemento leí una reseña que llamó bastante mi atención y tampoco quién era el crítico que escribía también sobre esta novela que ahora ha llegado a la librería porque la pedí, me encapriché porque para ser librero es necesario ser también caprichoso. Lo de mi memoria es cosa aparte. Generalmente olvido las cosas que no me importan -supongo que en caso contraio tendría que ir al médico- pero no siempre es así. Lo cierto es que evito ir al médico siempre que puedo. Bien, media entrada.
Ignacio Ferrando es nacido en Trubia en 1972 y ha publicado la novela UN CENTÍMETRO DE MAR (2011) y los libros de cuentos CEREMONIAS DE INTERIOR (2006), SICILIA, INVIERNO (2009) y LA PIEL DE LOS EXTRAÑOS (2012). Dejo a continuación un fragmento de su último trabajo en el que lo extraordinario parece mezclarse con lo imposible: una densa oscuridad se cierne en el invierno ártico sobre Storborg, la pequeña población donde vive Endre Solberg, un director de cine experimental que acaba de perder a su mujer en un aparente suicidio. Sin embargo, al volver a casa tras el velatorio, la encuentra viva en el salón, como si nada hubiera sucedido. Desde ese momento, el lector de LA OSCURIDAD asiste a una intriga creciente, reflejo de la que atenaza a Endre, inquieto por saber quién es esa misteriosa mujer: si se trata de un fantasma o de una impostora, del reflejo de su propia culpabilidad, o si Liv, actriz frustrada, preparó todo para una última "gran representación", según la contraportada.

Ignacio Ferrando, 2014.
Editorial Menoscuarto, 2014.

314 páginas.
17.50 €.


Todo comienza con la suite nº1 de Edvard Grieg, con el cadáver de Liv dibujándose entre claveles rojos, junto a las coronas, pálida, casi azul por el exceso de maquillaje. Yace expuesta con las manos en el regazo, vestida como una princesa renacentista. Los familiares y algunos vecinos han venido a verla. Se estrechan enérgicamente las manos, picotean frutos secos. Reconozco a los Quisling, a Gene Amdahl, a la abuela Magne. A veces se encogen de hombros, cuchichean, incluso creo verles sonreír cuando nadie los ve. Todo tiene ese aire recreativo, teatral, como si lo hubieran filmado a cámara lenta en un solo plano secuencia. Necesito respirar. Las ventanas están cerradas herméticamente. Fuera sigue nevando como desde hace días. Storborg es la ciudad más septentrional de Noruega, es decir, tiene un censo de cincuenta mil habitantes, alcalde laborista, puerto ballenero y un festival popular de música clásica en el que los alumnos del conservatorio maltratan las sinfonías más conocidas de Debussy y Chaikovski. Pero eso es en verano. Con la muerte de Liv, ha llegado el solsticio, y con el solsticio, una oscuridad que no es oscuridad, sino una noche inacabada, parcial, que tiñe el perfil de las casas de un azul hojaldrado.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Libro de la semana: LA MALDICIÓN DEL CHIPIRÓN.

8. Un poco más y dejo pasar otros siete días. Hubiera estado feo después de un encuentro tan ameno y sabroso con clientes de la librería y otros seguidores del autor al que ahora presento: Antonio Roset escribe para divertirse y tanto la novela que junto con Antonio Blanco y un servidor presentó el pasado jueves 11 de diciembre en LA CUCHARA DE JAIME como la propia presentación -el autor regaló un mechero, dos piedras, una peseta de Franco y otra de J. Carlos- dan prueba de ello. Además entre ambos pudimos obsequiar con un vino y una cazuelita de garbanzos a los asistentes. Cómo no iba a ser LA MALDICIÓN DEL CHIPIRÓN -uno de los casos más extraordinarios dentro de la novela de aventuras y, sin ningún género ni número de dudas, un libro singularmente serio este de los chipirones asesinos- cómo no iba a ser, decía, el libro de la semana (del 8 al 14 de diciembre).

Antonio Roset Roda, 2012
Cultiva Libros, 2012

194 páginas.
15 €.

martes, 9 de diciembre de 2014

EL MAR DE LA TRANQUILIDAD, el que más me gustó vender la semana pasada.

7. Como de todo hay por el mundo y el mundo es más bien pequeño en esta parte a veces se produce en la librería alguna suerte de conflicto espacial (prefiriría decir metafísico pero no voy a hacerlo) que desencadena un infortunio recurrente (por cuanto que me lo estoy inventando, claro) y que, sinceramente, no acabo de encajar. Es verdad que hay clientes -y Jota es uno de ellos- que compran libros digamos que porque sí o, lo que es lo mismo, con la retorcida intención de leerlos. Me encargó LOS MISERABLES -que ya también se ha llevado- y mientras la novela de Víctor Hugo llegaba se llevó la semana pasada (la del 8 al 14) uno de los libros que están más visibles estos días en la tienda, al menos hasta que hagamos su presentación el próximo día 20 de diciembre. Es la primera novela de José Carlos Iglesias: EL MAR DE LA TRANQUILIDAD, ambientada en un pueblo de la comarca en la que vivo -podría calificarse como tierra de pinares- y en julio de 1969, esos días en los que Neil Amstrong pisó ese mar pero -supongo que por los nervios del momento- se hizo un lío con la frase que hubo de pasar a la posteridad con errata incluida. Es un libro amable y cuenta con una galería de personajes interesantes de entre los cuales apunto en una libreta ciertos gemelos que quizá me puedan dar mucho juego en otros menesteres artísticos. Lo pongo por poner sobre aviso al autor, este amigo mío defensor del medio rural que gusta de recrear en sus cuentos -véase GENTE SIN TINO o LA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE SAN NADIE- y también ahora en sus novelas.

José Carlos Iglesias, 2014.

267 páginas.
12 €

lunes, 3 de noviembre de 2014

LIBRO DE LA SEMANA

3. El pasado viernes 31 entró A. en la tienda, contento como en él es habitual. Tenemos que cerrar algunas cosas que tenemos pendientes, entre ellas la presentación de su novela. Creo que será en breve. A. se lleva libros del demonio de la tienda y también me trae otros. Es lector empedernido y ahora tiene tiempo. Le gusta la comedia y se queja de que se publica poco en ese sentido, que es un género al que no se toma en serio o que no suscita un interés suficiente. También le gusta la novela histórica y como tal le ofrecí el otro día EL ARCHIVO DE EGIPTO, de Leonardo Sciascia, en edición que Seix Barral sacó para su colección de Clásicos Contemporáneos y de la cual sólo contaba con ese ejemplar. Espero que le guste esta novela ambientada en el siglo XVIII siciliano a propósito de las fuerzas que se confrontan por el poder y que Sciascia pone sobre la mesa a través de una formidable estafa: la traducción de un códice falso.


Leonardo Sciascia, 1963.
Seix Barral, 1984.

187 páginas.
Pvp 3 €.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Nº 78

Juan Martín Salamanca es vallisoletano nacido en 1988 y le conocemos porque ya ha publicado varios libros, dos de los cuales (EN BUSCA DEL HOGAR y LA CONFESIÓN DEL EMBAJADOR) ha presentado en esta librería. Hace ya algún tiempo me trajo esta readaptación ambientada en el siglo XXI neoyorquino de la que él ha confesado que es una de sus obras favoritas, el DON JUAN TENORIO de José Zorrilla. Me ha parecido apropiado hacerle un hueco en nuestro espacio en estas fechas propicias para fantasmas. Como siempre transcribo el comienzo.

 Juan Martín Salamanca, 2014.
QM editorial, 2014

164 páginas.
13 €.



Capítulo I:

Libertinaje y escándalo.


Para muchos, Butarelli´s era la mejor pizzería de Nueva York. No era un sitio elegante con mesas de diseño, decoración minimalista y luz indirecta como las que abundan en Little Italy, pero en ninguno de esos establecimientos servían unas pizzas como las de Cristofano, a pesar de que la decoración era nula; la luz fluorescente del garito, invasiva, y las mesas y mostradores estaban algo grasientos. Sólo un luminoso de Pepsi y un descolorido póster con el Coliseo de Roma rompían aquella monotonía, mientras por unos viejos altavoces se oía una y otra vez "Caruso", de Lucio Dalla, interpretado por Luciano Pavarotti.

No era un mal barrio ese de Morris Park, en el Bronx, pero a veces ocurrían sucesos luctuosos. Sin embargo, la calle de Buttarelli´s era más que segura, de anchas aceras y amplia calzada, bien iluminada y siempre frecuentada por gentes de muy distintos lugares de la Gran Manzana, fruto del éxito que tenía aquel establecimiento. A pesar de ello, el viejo Cristofano mantenía su local como siempre. Podía haberlo reformado, o trasladado a otras zonas más elegantes, pero era un hombre perezoso. Se sentía cómodo con la vida que llevaba, en su barrio, el mismo al que había llegado desde Italia cuando era niño, y no quería alterar su rutina por nada del mundo. Esperaba que su pizzería le permitiera vivir sin apuros, nada más. Y así era, por eso Cristofano Buttarelli era un hombre satisfecho, que es decir mucho en los tiempos que corren.

jueves, 27 de marzo de 2014



Nº 73


Dejo el comienzo de esta novela que reedita apenas unos meses depués de su primera versión Seix Barral y tras la concesión del Cervantes a su autora: Elena Poniatowska, la mexicana nacida en París en 1932. Se trata de la biografía del estrellero -así le llama- Guillermo Haro, revolucionario, astrónomo padre de la astrofísica en México y marido de la autora. Ahí va:


Elena Poniatowska, 2013.
Seix Barral, 2014.

498 páginas.
Pvp, 21.90 €.

CAPÍTULO 1.

La Decena Trágiva * José de Haro y Marrón y Leonor Barraza * Mascota, la tierra de Leonor * Viernes Santo, 21 de marzo de 1913: nace Guillermo Haro * El barrio de San Lucas * Una infancia feliz.


Las mujeres que van a darle el pésame a la Virgen se saludan de una acera a otra: "Buenas tardes", "Buenas las tenga usted", y sus rebozos negros contrastan con las jacarandas en flor. Es el viernes santo de 1913. Un mes antes, en febrero, de la Decena Trágica también las enlutó y caminaron con la cabeza entre los hombros. Hace tres años que la guerra asfixia al país. Los cadáveres pasan a ser basura con la basura que nadie recoge en la calle. No hay agua ni luz.

- Yo vi la sangre
- ¡Quién vive!
- ¿Adónde va?
- ¿Qué quiere?
- Hay muchos muertos.
- Los cuerpos.
- ¿Cómo se atreve?
- ¡Traidor!
- A él ya lo fusilaron.

El 20 de noviembre de 1910, Madero encabezó un levantamiento armado contra Porfirio Díaz y desató la Revolución mexicana. En 1911 fue electo y los mexicanos fincaron en él su esperanza. El horrible Victoriano Huerta, al mando del ejército, lo traicionó. Gustavo Madero, hermano de Francisco, lo descubrió y arrestó, pero el presidente, ingenuo, confiado, crédulo hasta el martirologio, le ordenó que lo pusiera en libertad. Huerta, el traidor, vejó, torturó y asesinó a Madero y al vicepresidente José María Pino Suárez. A partir de ese crimen al país lo desgarran las desobediencias, las traiciones de Huerta, Carranza, Villa y Zapata. Sólo concluirán con la proclamación de la nueva Constitución mexicana de 1917.

Thomas Woodrow Wilson cumple tres semanas como presidente de Estados Unidos y evita cualquier referencia a la Revolución mexicana, al complot contra Madero y al conflicto de El Chamizal. Henry Lane Wilson, el embajador de Estados Unidos, se alió con Huerta para derrotar a Madero, Huerta repite que su misión es la paz y asegura que su ley de amnistía protege "a todos los reos políticos sin distinción ni credo". Desde las páginas de El Imparcial (que de "imparcial" no tiene nada, porque Huerta lo paga), el poeta José Juan Tablada reitera su apoyo incondicional al nuevo gobierno y lanza vivas a Huerta. ¡Pobre Tablada, tan buen poeta!

Es un México perforado a balazos, los periódicos del 21 de marzo de 1913 se ocupan del santoral católico y olvidan el CVII aniversario del natilicio de Juárez. En su portada y páginas centrales producen Al César lo que es del César de Tiziano o La Última Cena de Da Vinci, cuentos y versos de Víctor Hugo, Ignacio M. Altamirano, Manuel Carpio, Manuel José Othón, Joaquín Trejo, Campoamor, Justo Sierra y del obispo de Veracruz, Joaquín Arcadio Pagaza. Las alabanzas de la justicia divina, a la Dolorosa, a la pasión de Cristo y a la derrota de Satanás ocupan el primer lugar con los horarios de las misas que ofrecen la Catedral, La Profesa, San Felipe de Jesús, Santa Brígida, San Miguel y Santo Domingo.

viernes, 14 de marzo de 2014

Nº 72



En la nueva novela de Fernando Aramburu (Premio Biblioteca Breve 2014 a pesar de lo horrible de su título) lo más granado de la poesía nacional se reúne en la tercera edición de las jornadas poéticas que se celebran en Moralilla del Pinar. Allí esperan dejarse llevar por su instinto nocturno y provocar los reajustes necesarios en su competitiva jerarquía de méritos literarios. Como las listas siempre me han parecido atractivas dejo, además del inicio de la narración, la lista de los poetas que acuden al encuentro con la que se abre la novela.


Título, Ávidas Pretensiones.
Autor, Fernando Aramburo, 2014.

416 páginas.
Pvp, 20 €.

El coche fúnebre entró en Morilla del Pinar por la única carretera del pueblo. Juanjo Changa, que lo conducía escuchando canciones mexicanas a todo volumen, redujo la velocidad por si se terciaba comprobar en el semblante de algún lugareño los efectos de su ocurrencia. La ranchera que sonaba en aquellos momentos coincidió con el tintineo campanil, pueblerino, chiquitito, de las nueve.

La plaza vacía bajo el sol generoso, clemente, de mayo. Aquí un galgo tendido a la sombra de una acacia. Allá un gato haciéndose unas abluciones linguales. Almas, ninguna, hasta que Changa se hizo notar añadiendo una coda de bocinazos a las rurales campanadas.

Salió a la puerta una vieja con delantal, vio el vehículo horrendo, se santiguó.

- Tranqui, abuela, que no vinimos por usted.

Evangelia González, la Nívea (ganadora del último premio Alambor), prefirió apearse.

- ¿Nos puede decir por dónde se va al convento de las espinosas?

La vieja, manos rojizas, boca hundida, señaló con una cabo del delantal hacia la prolongación de la carretera. 

- Pallá


Han nacido en mi rancho dos arbolitos. La ranchera apenas dejaba oír la voz de la vieja, trémula de luctuosas supersticiones. Su mirada octogenaria intentaba atravesar los vidrios polarizados.

- ¿Se ha muerto alguien?

Changa, con fingida extrañeza:

- ¿Pues?
- No, como vienen ustedes con el coche este.
- Sólo la muerte nos hace profundos.

La vieja no quiso más conversación ni más tratos.

- Ya sabéis ustedes, todo pallá.

Se acogió a su casa atravesando la guardapuerta de canutillos.

Si se viene de Madrid, que es donde residía la mayor parte de los inscritos, hay que dejar atrás Morilla del Pinar obra de kilómetro y medio. La cuesta discurre entre pinos y matorrales, con algún que otro calvero punteado de amapolas. En los troncos rascan las cigarras su concierto multitudinario. 

Al llegar a una curva, hay una desviación asfaltada que llega al convento. Una verja herrumbrosa de grandes dimensiones, siempre abierta, confirma al visitante que aquel es el camino adecuado. Y por si aún quedaran dudas, un cartel en el borde de la carretera se lo termina de asegurar: BIENVENIDOS AL CONVENTO DE LAS HERMANAS SIERVAS DE LAS SAGRADAS ESPINAS DE JESÚS.


RELACIÓN DE INSCRITOS EN LAS TERCERAS JORNADAS POÉTICAS DE MORILLA DEL PINAR.

Juanjo Changa
Evangelina González, La Nívea
Carlos (Charli) R. Garrido
Susana Valcárcel
Conchita Arroyo
Ernesto Contreras
José Manuel Agüero Lopetegui, Lope
Dámaso Carranza de Léon
Eugenio Lapuente
Andreu Viñals
Mateo Gil Salgado
Vanessa Rincón
Tadeo Balboa
Amalia Solórzano
César Sánchez Novás
Alberto Almandoz
Paco Valbuena
Felipín Cárdenas
Juan Luis Cabral
Julio Manuel Rentero
Richi Bisabarros
López Blanco
Martina Muro
Teodoro Sanz
Manolo Vélez
Alfonso Gomendio
El Hiedra
Fermín Ayala

jueves, 27 de febrero de 2014

LAS MUERTAS

Jorge Ibargüengoitia,  1977.

190 páginas.
Pvp, 20 €.

LAS MUERTAS es una novela que se mezcla con la crónica de unos hechos reales y  sórdidos protagonizados alrededor de 1963 por las hermanas González Valenzuela en la ciudad mexicana de Lagos de Moreno. Se trata de las "madrotas" regentes de un local en el que mantuvieron secuestradas a más de veinte de sus prostitutas cuando este fue clausurado por instancias legales. Eso desembocó en algunos sucesos macabros entre los que cabe contabilizar la muerte de varias personas y, en general, el sufrimiento de las víctimas  presas de una situación grotesca e infrahumana.  El hecho llamó la atención de Jorge Ibargüengoitia (Guanajuato, 1928 - Madrid, 1983) que con los recortes de prensa y los más de mil folios del sumario obtuvo toda la información necesaria para concretar esta novela brillante.

Del mexicano supe por primera vez -como otras veces- gracias al blog de David Pérez Vega. No puedo ir a su ritmo de lecturas -ni es la idea- pero me tomo la molestia de apuntar lo que más llama mi atención: hay donde elegir en cuanto a contemporánea americana se refiere. En la presente el comienzo es arrollador: se narra el tiroteo que sufre Simón Corona, un personaje determinante en la trama, por la que fue su amante, Serafina Baladro,  -ya estamos en ficción- y sus tres acompañantes, a los que inicalmente se nos describe como cuadro en el coche que se acerca a su destino: El Escalera, que conduce; Valiente Nicolás, que lee; y el capitán Bedoya, que aunque será uno de los que balee con más ímpetu aún va tranquilo mientras llegan a la panadería en la que trabaja su víctima.

Lo mejor es desde luego la estructura. Me ha recordado a LOS DETECTIVES SALVAJES  de Bolaño -bastante posterior-  por cuanto que los capítulos que lo componen son testimonio de sus protegonistas, aunque no en primera persona sino en boca de un narrador que, sin embargo, no puede argumentar más allá de los propios testimonios que transcribe -y de los que se calla- así que dista de ser omnisciente. Digamos que la obra del chileno tiene puntos en común con la del mexicano. Ibargüengoitia reconstruye los hechos recreándose en el cruce de versiones y, por tanto, en lo que Rafael Chirbes llamaba en el ensayo que reseñé hace sólo unos días, el narrador poco fiable. Creo que ahí está buena parte del gancho de esta obra  y de su brillantez. 

Cabe equiparar su estilo claro al de cronista, sin ornamentos, hasta llegar a un apéndice que, este sí, está compuesto por los testimonios en primera persona de algunos de los personajes principales, algo así como material sobrante del narrador-investigador. En cuanto al grueso de la obra: por su manera de narrar, limpia, ágil y producida desde un  presente que es desembocadura de una trama a modo de tragedia, me ha recordado a CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA, de García Márquez.

Hay un epílogo, uno que nada tiene que ver con la propia obra, y que hace Juan Villoro a propósito del autor y sus principales obras, entre las que cabría destacar algunos textos teatrales que nada o muy poco se representaron. En este epílogo he encontrado una frase que podría situar al lector mejor que le reseña que acaba de leer: "Mordaz e irreverente, Ibargüengoitia considera que los episodios nacionales son obra de pillos que se han salido con la suya".



En el original:

Esa noche, en el comedor, Serafina discutió con el capitán Bedoya lo que había que hacer al día siguiente, cuando desocuparan la casa. Arcángela, parece , no tomó parte en esta conversación.

El capitán Bedoya afirma que, en vista de que todas las casas de las hermanas estaban clausuradas, aconsejó a Serafina despedir a las empleadas y dedicarse a otra actividad.

Dice que Serafina se negó a seguir su consejo por dos razones. La primera es que había un juez presente, que seguramente la hubiera obligado a pagar indemnización a cada una de las despedidas. La segunda es que el licenciado Rendón opinaba que la clausura del México Lindo era injustificada y que no iba a ser definitiva. El licenciado Rendón iba a iniciar un trámite para revocar la orden y le había prometido a Serafina que en dos meses o cuando mucho tres, ella y su hermana iban a poder reabrir su negocio.

Después de eliminar la idea de despedir a las mujeres, Serafina y el capitán discutieron dónde llevarlas mientras volvía a funcionar el México Lindo. Estudiaron varias posibilidades, desde la de llegar con veintiséis mujeres a un hotel, que se desechó por costosa, hasta repartir a las mujeres en varios burdeles de la región, que Serafina rechazó, por el peligro que había de que los leones hospitalarios se negaran después a devolver la mercancía. La solución que adoptaron fue ilegal pero sencillísima: salir de un burdel clausurado para entrar en otro burdel clausurado. Decidieron llevar a las mujeres al Casino del Danzón, una casa con todas las comodidades, quince cuartos, en donde podrían pasar dos o tres meses sin que nadie los viera. Los sellos que había en las puertas no había necesidad de romperlos, porque se podía entrar en la casa brincando por la azotea de la de junto, que era de la señora Aurora Benavides, una mujer de buen corazón que no les podía negar un favor a las hermanas Baladro.




miércoles, 12 de febrero de 2014

Nº 69




Gonzalo Hidalgo Bayal  nació en Albalat, provincia de Cáceres en 1950. Es autor de las novelas PARADOJA DEL INVENTOR y CAMPO DE AMAPOLAS, así como del libro de relatos ESPÍRITU ÁSPERO. Aquí dejamos el comienzo de su última novela, que se nos promociona como contundente historia negra sobre el destino y la culpabilidad: la de un hombre, por nombre Travel, que en un viaje a Murania en busca de un hispanista es detenido en relación a la desaparición de una joven. Buena pinta tiene:


La sed de la sal.
Gonzalo Hidalgo Bayal, 2013.
Tusquets, 2013.

328 páginas.
18 €.

Llamadme Travel. No es el nombre que figura en mis acreditaciones personales ni en los registros de la administración, pero es mi verdadero nombre en esta historia, el que se impuso a muchacho, a caminante, a forastero, pues en verdad os digo que hubo un momento, hace muchos años, en que fui solamente Travel, en que los pocos que me conocieron y trataron me llamaban Travel, en que hasta tal punto fui para ellos Tarvel que estoy seguro de que, si recuerdan aquellos largos e intensos días sedentarios y lo cuentan en tertulias de sobremesa o en la evocación de los reencuentros gratuitos, se referirán sin duda a Travel, el pobre muchacho caminante y forastero con mochila al que le sorprendió la desventura en un verano cálido, como los veranos antiguos, y joven, como sólo eran por desgracia los veranos de entonces. No creo que nadie de aquel tiempo recuerde mi verdadero nombre (en realidad algunos de los que me conocieron no debieron saberlo nunca, ni siquiera yo recuerdo que lo emplearan alguna vez en toda la aventura) y conservarán apenas, como mucho, una imagen difusa de mi rostro, de mis ademanes, de mi perplejidad, de mi tristeza, de mi miedo o de mi angustia, pero cuando cuenten la historia todos coincidirán en el discreto sobrenombre de Travel. De modo que, aunque no soy en verdad Travel y aunque no haya en mis andanzas monstruos ni mares ni blancura, sino negruras y cavernas, me atreveré a un suplicante imperativo (ya sabéis: llamadme Tarvel, etcétera), pues hablaré como Travel, pensaré en mí mismo como Travel y, mientras hable de este caso, seré de nuevo Tarvel, si es que alguna vez he dejado de serlo desde entonces, que los sobrenombres que se ganan permanecen a fuego en el carácter. Cuando contamos viejas historias no contamos cualquier historia (no es tan amplio nuestro repertorio ni tan entretenido), sino aquellas en las que hemos intervenido de modo principal, y nos las contamos porque sí, sin más motivo, sino porque las revivimos al contarlas, porque mientras se prolonga el relato volvemos a ser lo que fuimos y, aunque sea fugazmente y por las extrañas virtudes de la narración, nos convertimos en el personaje que ya habíamos dejado de ser, incluso en el personaje que nunca fuimos y que nos hubiera gustado ser, pues no en vano el relato endereza los hechos, los enmienda y los sostiene.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Nº 68



Este es uno de esos libros que casi se le echan a uno encima sin contemplaciones. La atención prestada reside esta vez en la lectura de la contraportada,  tras la previa predilección por la editorial Caballo de Troya de mi instinto viciado. El caso es que leí la el mensaje promocional -que entiendo a cargo de Constantino Bértolo- y me pareció interesante por lo irreverente. A veces lo irreverente es sólo un punto de vista más que tener en cuenta, pero en este caso la irreverencia es de un calibre considerado: la escuela como mortífera arma de destrucción masiva, en Vonnegut, y se entiende que en nuestro autor de hoy, el boliviano nacido en La Paz en 1976 Christian Vera, poeta. Esto, sin embargo, es novela. Creo:


Christian Vera, 2012.
Caballo de Troya, 2014.

130 páginas.
13.90 €.

Mientras cae lentamente una hoja de un árbol un hombre común, muy común, atraviesa una puerta.

Es un profesor.

Agobiado, sí.

Un estereotipo, sí.

Apenas un pretexto narrativo para construir esta trama.

Apenas un profesor de literatura que quiere, entre otras cosas, devenir-imperceptible o en términos menos literarios: arrojarse a la nada, al vacío.

Se trata de un simple profesor de secundaria que para combatir el tedio escribe todo el tiempo cuentos de terror, de misterio y de suspenso. Muy absurdos, ridículos.

Hoy, el profesor, tendrá que tomar decisiones. Poner en escena, en acción uno de sus cuentos. Un cuento de explosión y muerte.

Cree que hoy es el gran día... El día urgente en el que debe apretar la tecla enter de su computadora y acabar con todo o con la nada, es lo mismo.

Al profesor de literatura se le ha extraviado el destino y es por eso que hoy quiere tomar decisiones.

El profesor de literatura camina como un perro extraviado con el rabo entre las piernas. Es un profesor, entiéndanlo.

Un profesor que ingresa a su fuente laboral. Transita casi arrastrando el cuerpo como si tratara de simular para su entorno que en realidad es un zombie que apenas deambula o apenas un ser humano con corazón zombie o un grotesco alienígena proveniente de algunas de las novelas de Stephen King o de las películas gringas de Steven Spielberg, John Carpenter, o de las películas de terror, clase B.

Al profesor de literatura cuando era niño le apasionaba todo el tiempo disfrazarse de zombie o de hombre rata o de hombre cosa. Sabía muy bien cómo caracterizarse: la sangre en los contornos de la boca, los ojos extraviados y muy rojos, los gemidos muy bien pronunciados, los movimientos inconexos...

No es casual entonces que ahora el profesor de literatura crea estúpidamente que es un zombie (siempre asumió que su vida se asemeja demasiado a la de un monstruo, a un Frankenstein posmoderno, apenas un constructo, una hechura fragmentaria compuesta por pedazos podridos de carne). Pero cabe decirlo, tiene el espíritu poético de un zombie: un hombre inerte/putrefacto que aún transita, sin ninguna brújula y con el ánimo de alimentarse de cerebros y cerebritos y que para conseguirlo se arrastra por el mundo. Para su espíritu paranoico todo su contexto tiene de fondo el apocalipsis zombie. El docente en su delirio histérico cree que todos los humanos están infectados y que para sobrevivir tienen que comerse unos a otros; humanos que tienen que escapar de la voracidad de otros humanos infectados y que todo lo resuelven a tiros, con la jerarquía que sólo dota un rifle o una metralleta.

viernes, 31 de enero de 2014

El tercer Reich.

Roberto Bolaño, 1989.
Anagrama, 2010.

370 páginas.
Pvp, 9.90 €.
Hacía ya un año que no le hincaba el diente al chileno y tenía mono. Me lo he quitado con esta novela que he leído y que ahora me parece que ha sido habitualmente  infravalorada, seguramente por su condición de primera suya. Me ha gustado más que algunas de las que escribió después, véase LA PISTA HIELO, claramente inferior y AMULETO, mucho menos interesante. También me ha gustado más que UNA NOVELITA LUMPEN, por ejemplo, que está escrita ya en su época de madurez, si es que cabe este calificativo en un autor que hizo toda su obra en unos pocos años.

Narrada en forma de diario, El Tercer Reich da cuenta de los días de vacaciones de un alemán de 25 años llamado Udo Berger en un pueblo de la Costa Brava con su compañera Ingeborg, en el mismo hotel en el que se hospedara los veranos de su infancia con sus padres. Ahora es campeón de su país de Wargames y está empezando a escribir, como referente de ese deporte, artículos sobre estrategia. Eso le hace llevar su inmenso tablero de juego al hotel donde él e Ingeborg conocen a la extraña pareja que forman Charly y Hanna, también alemanes, en los días de final del verano en los que se desarrolla la acción. Udo Berger se ve obligado a disociar su día a día vacacional entre el tablero de juego y la playa y sus noches, cargados de otras amistades locales y circunstanciales al más puro estilo del chileno, y que van retorciendo una realidad que se relaciona cada vez más con El Tercer Reich, el nombre del juego en el que está trabajando. La verdad es que sin arriesgar mucho voy a decir que hay alguna relación entre las circunstancias personales del protagonista y las que sufriera el Tercer Reich histórico que trató de jugar con el mundo desde su aislamiento en El Nido de Águilas.

En esta novela ya está para mí lo más interesante de Roberto Bolaño: estilo ágil -en el polo opuesto de lo que un director teatral se está hartando a decir últimamente en la promoción que viene haciendo de EL POLICÍA DE LAS RATAS- y, por tanto, nada poético, personajes misteriosos en su cotidianeidad y una trama que se oscurece según avanza sin tener uno muy claro cómo y sabiendo, sin embargo, que es necesario. Bolaño  implacable.

miércoles, 15 de enero de 2014

Nº 67



Por aquí dejo el comienzo de la novela corta QUE ME MATEN SI..., primera de las cuatro relatos policiacos que el guatamalteco Rodrigo Rey Rosa (1958) escribió entre 1995 y 2006, y que conforman este interesante volumen que ahora saca Alfaguara.


Rodrigo Rey Rosa.
Alfaguara, 2013.

370 páginas.
Pvp, 18.50 €.



Era el 30 de mayo de 1996, en el pueblecito de Fernchurch, Inglaterra. Lucien Leigh, que había vivido más ochenta y cinco años -casi la mitad de los cuales pasó entre extraños y en lugares apartados-, levantó una mano a su grande oreja izquierda para extraer un minúsculo audífono, sin el que le era prácticamente imposible oír. Se sentó, mirando el pequeño bjeto, querido para él como alguna joya.

Era temprano por la tarde y el sol brillaba precariamente entre largas nubes aburridas. El pequeño invernáculo, adyacente a la casa, olía a flores. Respiró, y el aroma de las flores, que él había escogido para plantar allí, le trajo gratos recuerdos de largos viajes. Luego -tal como él sabía que de un momento a otro iba a ocurrir- su mente, aunque aguda aún para sus años, comenzó a nublarse. Sintió vértigo. Recuerdos borrosos de una vida que le parecía vagamente propia, vagamente ajena. Imágenes lúgubres: cabezas de muerto, fémures, cauces de ojos vacíos. "Este mareo -pensó- está durando demasiado". Había cerrado los ojos, y se guardó cuidadosamente el audífono en un bolsillo. Puso las manos en los brazos del sillón de mimbre, irguió la cabeza. Tenía que expulsar las visiones, hacer que se alejaran, que se fueran haciendo cada vez más pequeñas, hasta desaparecer en una distancia imaginaria, en una nada rojiza y no más espesa que sus párpados. Sabía cómo hacerlas desaparecer, pero era necesario hacer un esfuerzo, como cuando uno quería vencer algún miedo: apretar el cardias, esperar el brote de saliva amarga, que no se debía tragar hasta más tarde, producir un chasquido con la lengua en la parte posterior del paladar, dejar salir el aire por la nariz, y entonces, tragar despacio. Y las imágenes se disociaban, se dispersaban, desaparecían.

Ahora podía abrir los ojos. Allí estaba, del otro lado del cristal, la gramilla verde y familiar, el comedero de los pájaros. Su esposa, la tercera, entró en el invernáculo, y una corriente de aire hizo variar levemente el olor de las flores.

-Can you hear me?

sábado, 23 de noviembre de 2013

Nº 64.

Hará ya un par de meses que recibí este libro que me interesó enseguida pero que, sin embargo, por ahí quedó apartado a la espera de algo más de atención por mi parte. La prolífica escritora que fue la condesa de Pardo Bazán (La Coruña, 1851- Madrid, 1921) se atreve en esta obra de madurez a tratar un aspecto que sin duda sería para ella de máxima importancia: el sexismo de la época que vivió en los ambientes literarios y que como catedrática de literatura y habitual de los círculos de escritores necesariamente masculinos sufriría de un modo eminentemente crítico. Así y según se nos cuenta en la contraportada la Bazán habría conseguido una excelente caracterización de los personajes femeninos que componen el universo de su cronista, el narrador de la historia: Mauro Pareja, caballero de clase media en la pequeña ciudad de Marineda que se presenta así:


Emilia Pardo Bazán, 1896
Eneida, 2013

250 páginas.
Pvp. 12.95 €

A mí me han puesto de mote El Abad. En esta Marineda tienen buena sombra para motes, pero en el mío no cabe duda de que estuvieron desacertados. ¿Qué intentan significar con eso de Abad? ¿Que soy regalón, amigo de mis comodidades, un poquito epicúreo? Pues no creo que estas aficiones las hayan demostrado los abades solamente. Además, sospecho que el apodo envuelve una censura, queriendo expresar que vivo esclavo de los goces menos espirituales y atendiendo únicamente a mi cuerpo. Para vindicarme ante la posteridad, referiré, sin quitar punto ni coma, lo que soy y cómo vivo, y daré a la vez la clave de mi filosofía peculiar y de mis ideas.

Yo friso en los treinta y cinco años, edad en que, si no se han perdido enteramente las ilusiones, al menos los huesos empiezan a ponerse durillos, y vemos con desconsoladora claridad la verdadera fisonomía de las cosas. En los físico soy alto, membrudo, apersonado, de tez clara y color mate, con barba castaña siempre recortada en punta, buenos ojos, y anuncios apremiantes de calvicie que me hacen la frente ancha y majestuosa. En resumen, mi tipo es más francés que español, lo cual justifican algunas gotas de sangre gala que vienen por el lado materno. He formado costumbre de vestir con esmero y según los decretos de la moda; mas no por eso se crea que soy de los que andan cazando la última forma de solapa, o se hacen frac colorado si ven en un periódico que lo usan los gomosos de Londres. Así y todo, mi indumentaria suele llamar la atención en Marineda, y se charló bastante de unos botines blancos míos. Lo atribuyo a que en las personas de amplias proporciones y que se ven de lejos, es más aparente que cualquier novedad. Mis botines blancos tenían las dimensiones de una servilleta.

No crean, señores, que me acicalo por afeminación. Es que practico (sin fe, pero con fervor) el culto de mi propia persona, y creo que esta persona, para mí archiestimable, merece no andar envuelta en talegos o en prendas, ¿Voy a vestirme como un cesante? Mil veces no. Me atrae todo lo que es confort, bienestar, pulcritud, decoro. Como que de estas condiciones externas pende y se deriva, en muchos casos, la paz del espíritu y la armonía del carácter.

Soy solterón, y lo soy con deliberado propósito y casi diría que por convicción religiosa. Ya explanaré detenidamente mis teorías sobre tan delicado punto.

Libre de familia, vivo, no en una fonda, donde me tratarían a puntapiés, me entragarían la ropa sin botones y no me barrerían el cuarto, sino en una casa de huéspedes muy especial que he descubierto, y donde me agazapé mientras no arreglo la garçonnière con que sueño, a ya la cual me llevaré probablemente, en calidad de ama de llaves, a mi patrona actual, la mismísima Consolación Fontán y Guripe, a quien por ahorrar saliva llamo doña Consola. En España, la peor  casa de huéspedes es siempre preferible a un hotel; pero la mía merece el dictado de la perla del género.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Días lúgubres.

(Novela de don Pollón y Altramuz)

Juan Sayagués, 2013.
Alhulia, 2013.

170 páginas.
13 €.

Lo de hoy es otra cosa. No se si calificar la lectura que hice de esta primera novela de Juan Sayagués (Londres, 1969) de rara, aunque en los tiempos que corren decir que esta obra es una rareza me parece conveniente. Y positivo.  La rareza está también en algunas circunstancias que rodean la lectura, la principal de las cuales es que hacía poco tiempo que había leído NOCHES LÚGUBRES, de José de Cadalso. En aquella novelita se cuenta la romanticísima historia de un hombre tan apenado por la muerte de su amada -espero recordar bien- que decide dar el paso hacia lo escabroso y una noche va al cementerio con el propósito firme de exhumar el cadáver por tenerla durante algún tiempo más con él. La cosa sale mal y el protagonista acaba con sus huesos en la cárcel y tomado por loco. Si aquel romanticismo suponía cierto positivismo científico y filosófico que implicaba -a su vez- confianza ciega en el saber -EL SABER- con el que se trataba de corregir a la tradición cultural española de la época de sus prejuicios, vicios y costumbres -véase del mismo autor CARTAS MARRUECAS- el cinismo de Juan Sayagués en esta novela dialogada implica más bien resignación, la aceptación de un fracaso o propósito que ahora se demostraría claramente ingenuo. En contra de la crítica de los autores del XVIII a las costumbres y políticas españolas frente a las del resto de civilizaciones modernas de entonces se produce aquí una crítica generalizada a las políticas internacionales. Quizá Cadalso diría, según la visión de Sayagués, que el mundo se ha españolizado: "(...) no se trata aquí de racionalizar un holocausto nuclear sin más, ¿o se cree usted que nos hemos vuelto todos locos...? (Ponderoso) De lo que se trata... es que ese holocausto... que ya ha tenido lugar, aunque sólo en el futuro, se celebre bajo condiciones democráticas ideales." La novela es seria. Debe de ser por eso que uno se parte.

Original y divertida llegó a mis manos gracias al propio autor y la leí con el miedo propio en estos casos. Por contextualizar un poco más la lectura  de este DÍAS LÚGUBRES diré que fue más o menos después de las lecturas veraniegas de teatro clásico del XVII, y que después he seguido leyendo teatro con Buero Vallejo, Thomas Bernhard y Jardiel Poncela.  Se da la circunstancia de que este libro es una novela dialogada, algo que, por dar alguna referencia más, tiene su ejemplo máximo en LA CELESTINA, obra sobre la que aún se discute -o por lo menos se habría discutido hasta hace bien poco- si se trata o no de una obra dramática. Lo cierto es que como tal se ha representado en innumerables ocasiones.  Además Juan Sayagués es claro con su estructura de la obra y los apuntes estrictamente narrativos son didascalias que perfectamente podrían pensarse dirigidas al director y a los actores. Apunta en este sentido Juan Goytisolo en el comentario de contraportada que esta estructura dialogada cabe encuadrarse en una rica tradición abandonada en los últimos siglos.

Bien, Sayagués se recrea en el juego teatral para desarrollar su novela, y es esta forma de presentarla lo que da a la historia un aire de divertimento, de fiesta, que concreta el tono desenfadado de unos personajes cínicos hasta el esperpento. En el primer mamotreto -la novela está dividida en 45 más un apéndice- aparecen Altramuz, algo más que preocupado porque su señor se decida de una vez a reducírsela, y don Pollón, que se niega a llevar a cabo el propósito de su lacayo: ¡Ah, Altramuz, no se desprende un caballero de su polla tan fácilmente! Deme un solo ejemplo histórico de lo contrario, o dos..."

En realidad toda la trama gira alrededor del miembro viril de don Pollón. Lo digo porque no vaya a pensar algún lector despistado que Sayagués abusa de chistes de mal gusto. No es el caso. Sayagués ha creado una obra esperpéntica y -desde mi punto de vista aunque no sé si él estará de acuerdo conmigo- derrotista. El miembro viril de don Pollón es clave en el ansiado paso de la Falocracia a la tan ansiada Pornocracia, pero enfrente tendrá al tártaro Dalai Lama -partidario de la guerra nuclear-, don Pedro -padre de Nise, muerta-, el espía John Saladys, los andrólogos... que junto a la roca pisapapeles, el mancebo, los esclavos Verrugón y Malauva y Demócrito forman un cuadro dramático de lo más original, una pintura que retrata un mundo ridículo, completamente patético y -esto sí- divertido. Muy divertido.

Pero se trata de un divertimento de esos que escuecen. Uno se ríe con la maldad de quien sabe que el mundo se está perdiendo y que lo que Sayagués propone no va más allá de la caricaturización, en el sentido de que no está tan lejos de la realidad sino que se basa en ella. Los grandes estadistas no se confunden ya con otros poderes fácticos, no es que política y economía se confundan: aquí ambos ámbitos vienen a ser los mismos: "Lo que propongo tiene antecedentes históricos... Ellos quieren gastarse los reales en montar monasterios, pues que lo hagan. Después llegas tú y los confiscas. Los confiscas, sí Don Pollón, que no digan que no hay pelotazos en Pornocracia. Y si después te escuece la conciencia abres dos iglesias católicas por cada templo budista que cierras... que te llaman intolerante, pues ofreces a cada monje una monja, y a cada monja un monje. Te lo agradecerán, tendrán más monjes, y dirán de ti que eres un verdadero estadista."  

En definitiva, una novela muy interesante, narrada con inteligencia -algo que siempre ayuda- no apta para prejuiciosos ni acomodaticios lectores y que espero sea tan sólo la primera de un autor que demuestra con esta estilo personal, hondura, visión crítica y, sobre todo, sentido del humor. A mayores dejo dicho que repasando las notas y algunos fragmentos para hacer la reseña me han entrado ganas de hacer relectura. Es cosa que pasa con las buenas obras.


EN EL ORIGINAL:

MODERADOR.- Gracias. Estoy seguro de que tendremos tiempo más tarde de  hablar de la reforma del senado. Sí, usted, con el garfio.
GARFIO: Me gustaría preguntar al señor Brega sobre la destrucción de Manchester, porque me parece a mí, y que conste que perdí la mano por bueno, y no en un accidente laboral como se piensa todo el mundo, que no debemos someternos al chantaje de las víctimas del terrorismo...
MODERADOR.- Gracias. Usted con el manojo de espárragos en una mano, y una caja de cerillas en la otra.
ESPÁRRAGOS FRITOS.- Ésta es una pregunta para los Lawson. ¿Por qué son tan sectarios?
MODERADOR.- ¿Se refiere a las posiciones de sus escuelas?
ESPÁRRAGOS FRITOS: Sí, que por qué están peleando todo el día cuando están de acuerdo en lo principal.
DR. KRATZ.- (Agitando el bastón con autoridad) Ya lo dice el refrán: Mujer casada... ¡nunca asegurada!
JANE LAWSON.- ¡Gracias, tesoro!
MODERADOR.- Sí, usted con la peluca.
CALVA.- Ésta es una pregunta para todos. ¿Cuál es el mejor argumento para justificar la guerra nuclear?
MODERADOR.- Ahí lo tienen, y con esta excelente pregunta damos por finalizado el turno de la audiencia. (Se dirige, todavía de pie, a los panelistas) Es hora de oír las respuestas. Empecemos con John. John, ¿cuál es tu respuesta a la acusación de que las víctimas de Manchester han comenzado a desplegar señales de victimismo?
JOHN BREGA.- (Incómodo, pero siempre seco) La asociación que represento toma este tipo de alegaciones en serio.
MODERADOR.- (Más didáctico que fiscalizador). ¿Y qué van a hacer?
JOHN BREGA.- (Tímido) Vamos a crear una comisión independiente que investigue el presunto victimismo de algunos de nuestros miembros, con vistas a expulsarlos...
MODERADOR.- Dinos, John, para que les quede claro a todos los telespectadores, ¿cómo justifica el gobierno británico la destrucción termonuclear de Manchester?
JOHN BREGA.- En que dio diez años de aviso para evacuar Manchester, a diferencia del terrorista que no te hubiera dado ni diez minutos.
DR. KRATZ.- ¡Bien, bien!

Es interrumpido por un hombre joven con un loro sobre el hombro.

LORO.- Mira, tío, yo no me creo que todo el mundo fuera evacuado por su propio bien. Yo sé de gente que se resistió.
JOHN BREGA.- (Defensivo) Muy poca... Además, la gente no es tonta... Una vez que se puso fecha oficial a la explosión el valor de los inmuebles cayó en picado.
MODERADOR.- (Tomando partido) O sea la decisión de abandonar Manchester fue en la mayoría de los casos puramente económica.
JOHN BREGA.- (Sudando) Sí, fue una decisión económica.
LORO.- Hubo gente que murió en Manchester.
JOHN BREGA.- Usted dice que hubo gente que murió y yo digo que no estoy seguro. ¿Quién sabe?

Algunos aplausos.

MODERADOR.- Y pasando a la defensa propiamente dicha de la guerra nuclear... (Se dirige a DR. KRATZ.) Empecemos con usted. ¿Cuál es su argumento favorito a la hora de defender la guerra nuclear?
DR. KRATZ.- Me parece un poco infantil eso de tener un argumento favorito.
MODERADOR.- Sea infantil por una vez, Dr. Kratz...
DR. KRATZ.- Va, seamos niños. Vamos a ver, ¿cuál es mi argumento favorito? Tengo muchos. Por ejemplo, el argumento moral.
DON POLLÓN.- (...libelo contra la raza humana...)
MODERADOR.- (Burlón) Don Pollón, no interrumpa a los mayores con sus demagogias...
DR. KRATZ.- No se preocupe, tengo mucho gusto en responderle. Mire don Pollón, no se trata aquí de racionalizar un holocausto nuclear sin más, ¿o se cree usted que nos hemos vuelto todos locos...? (Ponderoso) De lo que se trata... es que ese holocausto... que ya ha tenido lugar, aunque sólo en el futuro, se celebre bajo condiciones democráticas ideales.
MODERADOR.- Si le he entendido bien, en su opinión el holocausto nuclear ya ha tenido lugar, sólo que en el futuro.
DR. KRATZ.- Mire, Alan, hay veces que la verdad es más importante que los hechos. Estoy convencido (apuntando al cielo con el bastón), de que oponerse a la celebración del holocausto nuclear el día de mañana... es moralmente equivalente a negar la existencia del holocausto judío el día de ayer.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Nº 63


Yo creo que en algún momento he tenido el gusto de conocer a Manuel Cebrián (Albacete, 1958), pues recuerdo hace ya algunos años, a dos hombres que entraron en la librería buscando datos sobre Jerónimo de Alderete, aunque no se los pude facilitar por carecer de ellos. Carecía también el librero de conocimiento sobre el personaje histórico, cuyo reconocimiento se ha ido haciendo explícito estos últimos años por aquí y que culminó con el busto que le recuerda en san Julián, a la puerta del Palacio Del Caballero. Este Alderete y Mercado abandonó Olmedo a los dieciocho años y se convirtió en uno de los hombres importantes de la Conquista. De eso va la novela.


Manuel Cebrián Abellán es también autor de las novelas EL LLANTO DE AZAR (Akrón, 2009) y AGRIPA (Aladena 2010).

Manuel Cebrián Abellán, 2012.
Editorial Abecedario, 2012.

574 páginas.
22 €.
La marcha de Olmedo altera también mi ánimo. Isabel no es la única con este problema. La ilusión por la nueva tierra, no borra la inminente pérdida de lo que ha sido mi refugio de juventud. Imágenes pasadas, relacionadas todas con lugares de la villa, se agolpan ahora en mi cabeza como queriendo recapitular las mejores vivencias. Recuerdo los interminables juegos con los hermanos, especialmente con Francisco y Manuel, los días en el campo con los padres, los múltiples viajes a Tordesillas y las buenas amistades allí ganadas, las reuniones familiares con ocasión del fin de año, las animadas charlas frente al fuego en las duras noches de invierno, los días de caza con Gaspar siguiendo el rastro de las presas en la nieve, las bandadas de aves en sus vuelos migratorios, las almendras con miel preparadas por Dª María, el asalto a los huertos de los vecinos con los amigos, los hermosos vestidos de las mujeres en los días de oficio religioso, el intermitente repicar de campanas en las iglesias, las sugerentes proposiciones a las jóvenes de la villa,, el lento transcurrir de los días, y tantas y tantas cosas que resulta difícil hacer recuento de ellas. Son recuerdos cargados de melancolía; imágenes que se perderán para siempre. La distancia, por mucho que cueste reconocerlo, se encarga de diluirlos, de borrar las más hermosas situaciones.

Levanté la mirada en varias ocasiones, dejándola fija en la lámpara de aceite, como queriendo encontrar en su luz la paz que la situación quiere negarme. Los pequeños destellos hacen imposible sostenerla, por lo que tuve que apartarla para no irritar más los ojos. Esta vez los orienté hacia ningún lugar, al infinito. Busqué el alivio en tan desconocidos y recónditos lugares, aunque las difusas imágenes y los desconocidos escenarios que surgen tampoco consiguen aplacar la sostenida intranquilidad. Ante tanto desvarío, para superar el difícil momento, he pedido ayuda, en mis labios para garantizar su apoyo. Nada de ello, sin embargo, sirve. La sangre sigue paseándose por mi cuerpo con más celeridad de la deseada. Todo bulle dentro de él; nada está tranquilo. Una araña moviéndose con soltura por la pared, con sus largas zancas, como si algún inmediato mal le sobreviniera, me ha devuelto al lugar. La mirada la dirigí tras sus pasos hasta verla perderse más allá de lo que la tenue luz es capaz de alcanzar.

Para calmar tanta inquietud y desasosiego, he tenido que levantarme varias veces del escritorio. La pluma me tiembla en la mano, y no es bueno escribir en estas condiciones. Los pasos se dirigen siempre  hacia la ventana, esperando encontrar al otro lado a Elena, pero ningún trasluz he conseguido ver. La apasionada joven prefirió ocultarse para siempre, aunque supongo que su zozobra no le dejará tampoco conciliar el sueño. Hoy su pesar es también el mío. Somos dos almas rotas por un amor imposible. Mi destino está en las Indias; el suyo en Olmedo. El retorno a la mesa no ha sido tampoco muy feliz. El pulso lo siento perdido y no deja de entorpecer la escritura. Hasta la mano la tengo sudorosa. Nada me anima a seguir escribiendo. Solo espero que mañana, cuando Francisco nos acompañe  a Valladolid, termine este sinvivir. Prefiero ahora cerrar el diario y guardarlo en el cajón con las últimas pertenencias que me han de acompañar. ¡Hasta siempre Olmedo!

viernes, 11 de octubre de 2013

Herejes

Nº 62.




Leonardo Padura nació en La Habana en 1955 y es autor de las novelas PASADO PERFECTO, VIENTOS DE CUARESMA,  MÁSCARAS, PAISAJE DE OTOÑO, ADIÓS, HEMINGWAY, LA NEBLINA DE AYER, y también LA COLA DE LA SERPIENTE, todas ellas protagonizadas por el detective Mario Conde.También es autor de LA NOVELA DE MI VIDA y de EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS, reconstrucción de las vidas de Trotski y de Ramón Mercader. Esta es su última novela:



Leonardo Padura, 2013.
Tusquets, 2013.

522 páginas.
21 €.

Libro de Daniel.

1
La Habana, 1939.

Varios años le tomaría a Daniel Kaminsky llegar a aclimatarse a los ruidos exultantes de una ciudad que se levantaba sobre la más desembozada algarabía. Muy pronto había descubierto que allí todo se trataba y se resolvía a gritos, todo rechinaba por el óxido y la humedad, los autos avanzaban entre explosiones y ronquidos de motores o largos bramidos de claxon, los perros ladraban con o sin motivo y los gallos cantaban incluso a medioanoche, mientras cada vendedor se anunciaba con un pito, una campana, una trompeta, un silbido, una matraca, un caramillo, una copla bien timbrada o un simple alarido. Había encallado en una ciudad en la que, para colmo, cada noche, a las nueve en punto, retumbaba un cañonazo sin que hubiese guerra declarada ni murallas para cerrar y donde siempre, siempre, en épocas de bonanza y en momentos de aprieto, alguien oía música y, además, la cantaba.

En sus primeros tiempos habaneros, muchas veces el niño trataría de evocar, tanto como le permitía su mente apenas poblada de recuerdos, los pastosos silencios del barrio de los judíos burgueses de Cracovia en donde había nacido y vivido sus primeros años. Por pura intuición de desarraigado perseguía aquel territorio magenta y frío del pasado como una tabla capaz de salvarlo del naufragio en que se había convertido su vida, pero cuando sus recuerdos, vividos o imaginados, tocaban la tierra firme de la realidad, de inmediato reaccionaba y trataba de escapar de ella, pues en la silenciosa y oscura Cracovia de su infancia un vocerío excesivo sólo podía significar dos cosas: o era día de mercado callejero o se cernía algún peligro. Y en los últimos años de su estancia polaca, el peligro llegó a ser más frecuente que las vendutas. Y el miedo, una compañía constante.

Como era de esperar, cuando Daniel Kaminsky cayó en la ciudad de las estridencias, durante mucho tiempo recibiría los embates de aquel explosivo estado sonoro como una ráfaga de alarmas capaz de sobresaltarlo, hasta que con los años consiguió comprender que en ese nuevo mundo lo más peligroso solía venir precedido por el silencio.