Manuel Gutiérrez Aragón, 2009. Editorial Anagrama. 285 páginas. 18 €.Me he acercado a este libro desde la curiosidad que el Premio Herralde de Novela 2009 y el nombre del autor, a una, han provocado en mi. Formaba parte de la montonera que el librero me dejó el mes pasado sobre la mesa de la oficina para redactar el último ALICIA, aunque yo ya lo estaba leyendo. Pero, mira, al librero también le llamó la atención.
Bueno, uno se acerca a la contraportada con la seguridad de que sólo va a encontrar elogios hacia el autor. Es así. Se nos dice que el ex-cineasta se revela como gran escritor. Excelente o algo así. Magnífico. Supongo que cualquier adjetivo sirve para ensalzarlo. La verdad es que tiene algo de gracioso. Se me vienen a la cabeza elogios excesivos, o ñoños, rebuscados y ridículos a muchos libros. Magnífico está bastante bien, aunque parece mucho. Cuanto más lo pienso más grande me parece magnífico.
Pero va. Manuel Gutiérrez Aragón es un buen escritor. Prosa atractiva y ágil. Sencilla. Se le sigue bien y cuenta buenas historias. Aunque esto es una novela. Dos hombres en un tren. 2024. Coinciden en uno de los dos mil vagones que forman la gigantesca máquina, un contexto de metáfora y puede que un efecto plástico ciertamente agradable. Un lugar paradójicamente alejado de los hechos que en él se cuentan. Un terreno neutro que derivará en terreno de juego. El tren recorre un circuito que une Lisboa y Bagdad, nunca para, los apeaderos son móviles, muy sofisticados, el tren sigue su camino a una velocidad altísima, de forma continua. Restaurantes, cafeterías, salas de conciertos... En uno de los innumerables departamentos se encuentra Martín. Y al poco aparece Ángel. Al principio se evitan. Pero pronto se acercarán el uno al otro y hasta lo irremediable.
Las historias se cuentan en la cafetería incluso cuando no se cuentan en la cafetería, porque la botella de vino, el vaso que empinan, es parte de la razón por la que están juntos, hablando. Más allá de la ventana la vida pasa a gran velocidad, queda atrás, pero ellos van a parar para contarse sus vidas. Gracias al vino, distinto, por probar, según la región que cruzan, se les va soltando la lengua a los protagonistas y el lector podrá relajarse para escuchar. Bueno, claro, habrá momentos de tensión y de sorpresa. Se podrán disfrutar dos buenas historias, ricas, complejas y con la particularidad de que tienen un primer desenlace en común, el más importante, y que sucede temprano, lo que permite al autor recrearse en los recovecos psicológicos, tan interesantes, que los protagonistas se encuentran recorriendo casi desde el principio. En un departamento de un gigantesco tren que recorre el viejo mundo sin cesar, veinte años después.
En fin, ambos relatos terminan en el mismo punto histórico, veinte años antes de que estos dos hombres extraños se encontraran en el tren, se evitaran como no queriéndose conocer y acabaran siendo íntimos. Gracias a lo que se cuentan saben quiénes fueron antes de aquel marzo y logran saber quiénes fueron después, qué son entonces. Me pregunto por lo que hará el librero a partir de esta reseña, ya que mostró interés por La Vida Antes de Marzo. Quizá lo lea. A mi me ha parecido una buena novela.