Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Delibes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Delibes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de junio de 2009

MIGUEL DELIBES

Sobre el autor de CINCO HORAS CON MARIO.

Miguel Delibes en marzo de 2010, y no había escrito ninguna novela en lo que vivió de siglo XXI, lo que a mi y a mi librero ni nos va ni nos viene, porque del noventa y nueve para acá no es previsible que obra alguna pase a formar parte de una guía que aún está, todo hay que decirlo, verde y sin mucho gusto.

El autor vallisoletano tiene decenas de buenas novelas que forman parte de lo mejor de la segunda mitad del siglo XX, atesora los reconocimientos literarios más importantes de nuestro país (yo también he de ser español) y es seguro que echaremos mano de sus obras en otras ocasiones.

Él mismo destacó de su obra los compromisos ético y estético, que entiendió de forma unitaria. Algo que se puede comprobar en el realismo imperante en sus escritos, en los que por un lado la denuncia de la situación social castellana, que en 1962 le obligara a abandonar la dirección de EL NORTE DE CASTILLA, y, por otro, el reconocimiento de la naturaleza en su relación de necesidad respecto al ser humano caracterizan como protagonistas la mayor parte de la obra. Así, por ejemplo, LAS RATAS (1962) se labra como respuesta a la censura y el control franquistas que no le dejaron expresarse en su periódico de toda la vida, y de esta novela forma parte uno de los grandes personajes de la literatura española del pasado siglo, Nini, el niño que conoce perfectamente todos los vericuetos del campo castellano de su pueblo, en donde los vecinos se ven obligados a comer ratas de agua dada su extrema pobreza.

Pero la obra de Delibes es tan extensa que no voy aquí a hacer un listado largo y minucioso, para eso ya está el sitio oficial que EL NORTE DE CASTILLA tiene colgado por ahí y en el que hemos metido mano para hacer este artículo, así que realizaremos sólo un repaso breve nombrando alguno de sus lilbros fundamentales.

Nuestro autor se estrenó, como sabrán, con LA SOMBRA DEL CIPRÉS ES ALARGADA (1947), con la que ganó el NADAL del año siguiente. Se trata, desde luego, de una buena manera de empezar. En 1950 vio la luz otra de sus obras principales, EL CAMINO, en la que una pandilla de amigos despierta a los secretos de la vida. Delibes no deja de trazar a lo largo de su obra perfiles psicológicos que responden a los castellanos del medio rural, también de la ciudad, con interés específico por los niños.

En 1955 aflora en su carrera novelesca y de forma explícita una de las grandes pasiones del vallisoletano: la caza. DIARIO DE UN CAZADOR es la historia de Lorenzo, otro de los grandes personajes del siglo XX, bedel de escuela que todos los domingos de temporada sale de caza, gozo con que soporta la la cotidianeidad insulsa que graba en su diario. Tres años después el personaje reapareció preparando las maletas (DIARIO DE UN EMIGRANTE) para viajar a Chile y en 1996 se cerró la trilogía con DIARIO DE UN JUBILADO, en la que cuesta ya reconocer al ingenuo y primitivo Lorenzo, definitivamente alejado de la caza y la naturaleza que caracterizara el primer título.

En 1966 se publica CINCO HORAS CON MARIO, una de las obras, maestra para muchos, más importantes de su bibliografía, de la que algo se ha comentado en otros artículos del blog con la esperanza de que sirva para entender a Menchu hablando con su marido muerto, aunque sin convencimiento de que ello suceda. Seguramente se trata del texto más influyente del vallisoletano, entre otras cosas porque se ha representado sobre un escenario en multitud de ocasiones.

Junto con LOS SANTOS INOCENTES (1982) y EL HEREJE (1999) están son las obras más importantes y que entiendo que no pueden faltar dentro de una selección pequeña como ésta, de entre al menos otras veinte novelas, otros tantos cuentos, cinco libros de viajes, varios de caza y pesca, dos autobiográficos, tres de divulgación de Castilla, dos infantiles (sobre los que espero hablar tendido más adelante), antologías y algún que otro etcétera más... que ha escrito este grande de la literatura española que, desde 1974, ocupa el sillón de la Real Academia Española, que es una academia que es de verdad.

martes, 9 de junio de 2009

CINCO HORAS CON MARIO IV

Conclusión.

Nunca he sido partidario de destacar méritos porque pienso que el valor de la obra es independiente de ellos. Lo mismo da, en ese sentido, que una novela haya costado mucho esfuerzo que haya costado poco, su valor está en el resultado final. Es buena si es buena y mala si no. Pero hay otro tipo de valor que sí me da por destacar muchas veces, creo que porque provoca en mi admiración, me hace sentir como si fuera alguien en vez de algo, seguramente por su posibilidad misma, por mi propio potencial, como si fuera de carne y hueso. Me refiero al valor de las personas valientes. Un ejemplo, claro.

Bien cierto es que cuando Delibes escribió CINCO HORAS CON MARIO ya atesoraba buena reputación. Aún así, sin embargo, quien decida abrir este libro con la intención honesta de leerlo se encontrará con una de las maneras de narrar vidas de personajes más original que tenga oportunidad, una especie de diálogo cojo o monólogo complejo, soliloquio de quien espera o desea que se le escuche. Entiendo que para hacerlo es preciso valor, conciencia de riesgo, de temerse no comprendido. En alguna ocasión he podido leer, al respecto, que el autor se decidió por este formato para evitar la censura franquista. Se trata de una paradoja que aparece constantemente y en todas las artes: la censura como promotora, siempre inconsciente, de nuevas libertades. Una novela narrada desde el rencor y el miedo de un personaje que no perdona y exige ser perdonado. Contraste de sentimientos que he explicado un poco en los otros tres artículos.

En cualquier caso la novela cuenta con unas nada desdeñables cuarenta páginas narradas en tercera persona, para abrir y para cerrar la lectura, en las que una cuestión ha aflorado para algún estudioso cuyo nombre no recuerdo. Se trata de la posible, y muy probable, actitud clasista del propio autor a la hora de describir a Menchu. Es otra vez la cuestión de los pechos, pero más me parece a mi que tiene que ver con la ineptitud de los que se dan tanto al análisis literario que se les olvida leer. Cuando Delibes hace hincapie en lo turgente de los pechos de Carmen está haciendo referencia al rubor que en ella, ella sí, clasista, provoca lo explícito de su físico, no está haciendo una descripción machista de la protagonista. No me parece tan difícil de entender, la verdad, y seguramente basta con no buscarle tres pies al gato. Es más, creo que no sólo en el monólogo o soliloquio principal queda suficientemente claro la comprensión de Menchu por parte del autor, pues en las segundas veinte páginas que se narran en tercera persona queda aún más claro: se trata de una mujer conservadora sí, pero de una mujer que ha sufrido y a la que se le deben explicaciones también.

Para concluir diré tan sólo que se trata este de uno de los libros que desde hace más tiempo tenía pensado releer y, desde luego, ha resultado ser un placer. Es curioso que esté seguro de haberlo leído y no recuerde, sin embargo, su lectura, que recuerde perfectamente la historia y no, sin embargo, el hecho de estar yo asimilándola. Y luego he pensado que, quizá, se deba a que aún no existía, o a que existía menos que ahora. Como soy sombra... En fin, pronto volveré a algún otro clásico del siglo XX pero, de momento, viajaremos, tras un breve repaso biográfico del vallisoletano que ahora nos ocupa, al decimosexto de nuestros siglos, con uno de los relatos, novela corta, más influyentes de la historia de la literatura: LA VIDA DE LAZARILLO DE TORMES, para que pase a formar parte de nuestra guía, que tan despacito crece.

jueves, 4 de junio de 2009

CINCO HORAS CON MARIO III

Menchu: mala conciencia pero pechos hermosos.

Lo más grave del caso que es Menchu hablándole a su marido muerto es que cuanto dice cae en saco roto, pero de la misma manera que cuando estaba vivo. Y, en este sentido, se hace necesario pensar que a Menchu le faltaban muchas cosas por decir. Y, sobre todo, una que parece andar suelta y golpeándose contra las paredes de su conciencia, haciéndole daño, la única que nunca hubiera confesado a su marido en vida, por si oía aunque no escuchara.

Uno de los temas a los que más veces recurre Menchu a lo largo del parlamento que es esta novela resulta ser el de sus pechos. Echen la cuenta. Ella habla mucho de su belleza, cuyos pechos parece entender como paradigma, y la enfrenta a la fealdad de Mario (...la verdad, cariño, es que guapo lo que se dice guapo...). Así que aquí nos topamos con la realidad social que los críticos han visto tradicionalmente retratada en esta obra de Delibes porque, al fin y al cabo, lo que ella le recrimina no es otra cosa que el no haber cumplido él con su parte del contrato (ganar dinero suficiente para mantener las apariencias propias de una señora de la época) mientras que ella si cumplió con el suyo (ser guapa y merecer, por tanto, dicha apariencia).

Efectivamente, también desde mi sombrío y a veces despreciable punto de vista, se produce claramente la antítesis entre el moderno humanismo de Mario y la clasista necedad de su mujer que se ha apuntado tradicionalmente a la hora de analizar la obra. Es por eso que Menchu no ha entendido a su marido en vida y ni siquiera después de muerto hace el mínimo esfuerzo por reflexionar acerca de la cuestión. El orgulloso desprecio por los libros que, por ejemplo, hace también en más de una ocasión es clara muestra de ello.

Desde este punto de vista nos encontramos ante otro reto, porque si todo el peso lilterario está en boca de una mujer como Carmen, no sólo ignorante sino, además, orgullosa de su ignorancia, cómo hace el vallisoletano para entregar al lector un texto que merezca la pena. El guapo o la guapa capaz de responder a esto puede hacerlo comentando este artículo. A mi, por de pronto, se me escapa y, de paso, me da igual y prefiero sólo reseñar que el autor logra crear una obra mucho más que interesante, esto es: interesantísima. Logra que lea el lector con ritmo y cierta gracia (lo que en algunos es un mérito más que destacable: destacabilísimo) y que su forma resulte atractiva, puede (arriesgo) que por la originalidad que suponen más de doscientas páginas de lenguaje estrictamente coloquial, de expresiones vulgares y puntuación revoltosa.

Pero Menchu ha de confesar que ella tampoco ha cumplido del todo con el contrato, un contrato que incluye fidelidad, e incumplimiento o traición poco a poco va erigiéndose como razón principal de cuanto dice. Resulta fascinante la complejidad de los sentimientos que se mezclan en la mujer y que giran alrededor de una idea que al final descubre el lector: Menchu estuvo enamorada de Paco, el tipo del coche estupendo que un día la encontró y la llevó, y que también la encontró otro y con el que se besó pero nada más... Mala conciencia.

martes, 26 de mayo de 2009

CINCO HORAS CON MARIO II

Mario, el que no es.

Si a Mario no le hubiera ocurrido nada malo su biografía no sólo no tendría mayor interés si no que, además, no tendría interés alguno. Porque es su muerte repentina, creo recordar que un ataque al corazón, lo que propicia el relato que leemos en boca de Menchu, su viuda. He aquí la originalidad de esta novela: su protagonista está muerto desde la primera página, una simple esquela y, además, no vamos a saber de él nada que no sea lo que su mujer nos cuente.

Mario ha amanecido muerto en la cama, se trata de un accidente trágico y es difícil pensar que Menchu y el resto de familiares y amigos estén preperados para afrontarlo. Hay que hacerlo y después de las visitas obligadas la viuda queda sola con su marido. Para despedirse de él en soledad pero también para ajustar algunas cuentas pendientes.

Es a través de lo que Menchu le cuenta a su difunto marido como el lector conoce a este, protagonista de la novela. Enseguida sabemos que ella no ha sido feliz con Mario, al que iremos descubriendo como un progresista comprometido con las causas de los desprotegidos, en una España dura y rancia en la que personas como él no son comprendidas y que, cuando sí, son perseguidas política y, a veces, policialmente.

Mario es un catedrático de instituto al que gusta de escribir en publicaciones críticas, al que le gusta dar conferencias humanistas. Pero es, además, un hombre con ideales firmes que trata de hacer de su vivir a diario algo paradigmático en el sentido de moral, para lo que el valor de lo material difiere mucho del que ella le da, primordial. Mario y Menchu nunca tuvieron un coche y sí, sin embargo, dinero para ello. Mario en bicicleta fue algo que, según confiesa ella, no pudo soportar Carmen. El conflicto que entre las dos formas de ver la vida se produce se ha resuelto habitualmente como la antítesis entre la estrechez mental de ella y la altura de miras de él. Durante las cinco horas que la viuda pasa con el difunto el lector es capaz de comprender la mentalidad de Mario gracias a la incomprensión de su mujer: ¿Ha conocido alguna vez a Mario?, se nos pregunta en la presentación que de la obra hace el editor. Podemos contestar que no, pero podemos contestar que sí.

La simplificación que a menudo se ha hecho de la relación entre los dos protagonistas es injusta. Sobre todo es injusto para Delibes. La literatura, y más de manos de un buen literato, no debería nunca acomodarse a los poco exigentes análisis políticos o sociológicos de determinadas épocas, como esta de mediados del franquismo. Efectivamente los estereotipos cumplen una función importante y se hacen necesarios para un primer análisis, superficial, de las cuestiones que se traten. Pero en la novela psicológica del siglo XX, de la que CINCO HORAS CON MARIO es claro ejemplo, los personajes son individuos ricos, complejos, y también contradictorios.

Desde el primer párrafo que podemos leer ya con Menchu sola frente a su marido muerto ella le echa en cara su desdén en casa, un comportamiento típico de los hombres según asegura y que en nada se diferencia del de el resto de ellos. Mario es, como todas las personas, alguien en casa y alguien para todos los demás. Resulta justo y equilibrado fuera, en el trabajo y con los amigos, pero muchas veces nos recuerda su mujer que no ha sido un marido atento y tampoco un padre responsable. Y esto no puede responder a la incomprensión de ella, de su estrechez mental. La mujer clasista que es Carmen, educada en la moral conservadora, es también agraviada por Mario que, según se hace ver al lector, no se esfuerza demasiado por comprender a su mujer.

Respecto a esto hay que añadir que la forma de vida que Mario adopta acentúa la de Menchu, en el sentido de que la mete aún más en casa. Lo paradójico es que para que Mario pueda ser un tipo ideal (honesto y honrado) en la calle necesita de puertas hacia dentro a una mujer conservadora que le tenga la casa lista cada día, un tipo de mujer que, en teoría, ataca el compromiso social que él tiene adquirido. Esto es una contradicción y, afilando un poco más, es una actitud hipócrita que Mario toma deliberadamente.

Así pues, el lector no debe fijar su atención sólo en el Mario que, efectivamente, Menchu no conoce porque no comprende, el Mario brillante y admirado por sus colegas y sus alumnos. El lector tiene también la obligación de tomar en serio las quejas que Carmen lanza contra un muerto que nunca estuvo mucho más vivo que en la mortaja en la que ahora parece escuchar a su mujer.

viernes, 15 de mayo de 2009

CINCO HORAS CON MARIO I

A modo de introducción.

En 1966 el ya reputado escritor vallisoletano Miguel Delibes ve publicada la que entonces es su novena novela, esta que paso a introducir para posteriores comentarios. Una vez más personajes perdedores, resignados y más bien tristes que continuaban engordando el que ha venido a ser uno de los catálogos más ricos de la literatura hispánica.

Mario Díez ha muerto repentinamente y el lector se encuentra ante la galería de personajes propia del velatorio popular, ante los vecinos, amigos, conocidos e interesados que visitan a Carmen, Menchu, cansada pero agradecida, ante la propia familia. Se nos describen las circunstancias de la muerte y el estado anímico de los allegados, los que más directamente sufren la tragedia. Cuando este prefacio haya terminado Menchu estará lista para pasar las siguientes cinco horas de su vida junto a su marido muerto, para despedirse de él y para pedirle alguna cuenta, y también para dar las explicaciones que su conciencia siente necesarias.

Es así como, a partir del capítulo uno, se desarrolla la acción de toda la novela. Una acción que no existe si no en este diálogo artificial que los críticos no se aclaran en definir (monólogo, soliloquio, etc...) y a través del cual el lector debe perfilar los rasgos psicológicos del que es, sin duda, protagonista de la novela: el difunto Mario. Veintiséis capítulos más que detallarán la relación que en vida tuvieron la conservadora esposa que fue Menchu y el progre humanista Mario, incomprendido por su mujer y, concluye el lector, infeliz. Un antihéroe delibiano más. Dos en este caso, porque la tragedia de Menchu es que su marido muera pero también que nunca le haya conocido realmente, que en todos los años que han estado juntos hablara con él de una manera muy parecida a como lo hace durante la novela, durante el velatorio. Sin embargo, no conviene engañarse hasta el punto de hacer de los dos protagonistas de la novela, sólo uno de ellos con voz, estereotipos. Sus contradicciones, puntos flacos y méritos inesperados los explicaremos más adelante, en otro artículo.

Cada capítulo va precedido de una cita bíblica que Menchu encuentra subrayada en el libro sagrado de su marido, que marcaba y releía en consecuencia. Pueden decirse de su estructura y estilo muchas cosas buenas que harán referencia, sobre todo, a la originalidad de su forma y a lo psicológico del contenido que Menchu arroja sobre el marido muerto y no más ausente que de costumbre, según hace ver al lector la viuda. Puede y debe reseñarse también el valor necesario para tamaña empresa, bien respaldado, sin embargo, por la calidad que Miguel Delibes ha atesorado hasta el final de su carrera.

No cuento más de momento porque me falta tiempo, como a Rajoy últimamente (sólo que a mi no me pagan por esto; el puto librero de mierda), y cierro diciendo que el libro cierra con un apéndice en el que el lector vuelve a encontrarse con vecinos, amigos y familiares, todo listo para la despedida definitiva. Y Menchu, cansada, ha de encontrarse, sin embargo, aliviada, seguramente tranquila en una ignorancia tan grave como la de no saber quien es la persona a la que se dispone a enterrar, la persona que fue su marido.